Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
jDE TODO EL MUND O POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELÉFONO DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL DE TODO v EL n MUN- D O POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELEFONO f- -Venga usted a hacernos una visita- -me dijero pocos días há unos amigos que viven en Suiza. -Verá usted qué bien lo pasamos, El cronista conserva en la cartera media docena de señas, que suponen otras tantas invitaciones, y teme macho deciros que ha aceptado los convites y se propone acudir á cumplimentar á todos estos amigos, porque... le vais a llamar gorrón Pero, ¡qué queréis! Cada país tiene sus costumbres, y el parisién que posee una villa en provincias ó en el extranjero experimenta un verdadero placer invitando á pasa uuos días en su posesión á los amigos seros... En España, si aceptaseis, seríais aros gorrones... Es cuestión de educación. 71 eronista ha hecho sus cuentas, y provís to de un billete circular sale esta noche para la Gtare del Esí, dispuesto á escalar las más altas montañas de Suiza siempre que haya cómodos funiculares que le transporten á las elevadas cumbres del Rigi y del Pilatus. En el equipaje no faltan los pantalones cortos, las medias de estambre y el sombrerito verde adamado con una pluma, indumentaria obligatoria para todo excursionista que se estime un poco A B C EN PARÍS no llega, en el portamonedas del periodista suele haber muy pocas economías. A nosotros, el estío, como todos los grandes acontecimientos, nos suele coger siempre así: sin dinero. Pero es preciso veranear, porque París echa bombas; aquí no queda una rata... y lian comenzado las intoxicaciones. Por si esto fuera poco, las fiestas del 14 de Julio, TREN, SEÑORES! Cuando el vera HONRANDO A UN SABIO Fot Frcder: SAN SEBASTIAN. TRASLADO DE LOS RESTOS DEL CORONEL DE INGENIEROS D. FEDERICO VÁZQUEZ LANDA con sus, murgas homicidas y sus nubes de que más estima... ó que más le divierten. mendigos, nos acaban de convencer... Ani- Mientras viven en París se contentan estas mo, pues, y al tren. buenas almas con invitaros á comer un par ¿Dónde ir? ¿A una playa elegante de esas de veces por semana... Cuando residen en que están á dos horas de París? (Todas las el campo, entonces os convidan á todo, meplayas están á dos horas de París, según los nos al billete del ferrocarril. anuncios. ¿A ver los mismos mozos en el En España somos menos generosos y i esíaurant, las mismas cocottes en el paseo, en más hipócritas, porque tenemos el ¿Usted todas partes las mismas caras que hemos gusta? que aplicamos á todo sólo por corestado viendo durante el invierno en París? tesía, y él ¡Estáala disposición de usted! ¿A pagar ocho francos por una cama, cuatro que es la mayor ordinariez que nos ensepor un almuerza y seis por una cena, el ñan en la escuela. vino aparte, naturalmente? ¿A vivir esclavo Aquí, en cambio, os invitan gentilmente del cuello y del smoking, de la hora del té y un día á tomar té, y otro día á comer, y lue le la hora, del concierto? ¡Ah, no! Para ha- go, cuando el verano llega, sois invitados ser esta vida, preferible es quedarse en París también á pasar unas cuantas semanas en y correr el peligro de la intoxicación el campo... Si no aceptáis sois unos gro- ¡Adiós, París... ¡Adiós, noches encantado ras en los Campos, flir eosen las avenidas del Bosque, amaneceres del Pré Catelán! P 01 espacio de unas cuantas dichosas semanas no oiremos hablar de Clemenceau ni del im puesto sobre la renta, ni del collar de Emilienne, ni de Rochette, ni de ninguno de los diez ó doce asuntos que explota diariamente la insana murmuración del bulevar... ¡El bulevar! I e vemos encenderse perezoso mientias nos alejamos á todo vapor; y aunque partimos alegres pensando en los días de reposo que nos esperan, le contemplamos con cierta melancolía, porque los viajes nos ponen siempre un poquito tristes... ¿No es verdad? ¿Y por qué el tren nos torna sentimentales? Quizá porque recordamos la de-