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DE TODO EL MUND O POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELÉFONO DE TODO EL MUNDO POR C A B L E POR TELÉGRAFO Y S S SÉ TELEFONO OSTENDE. VISTA PANORÁMICA DEL DIQUE, LUGAR PREDILECTO DE LOS VERANEANTES PLAYAS ELEGANTES nosotros ha trascendido la H astaque los periódicos de Ostendenoticia de circulan estos días con orlas negras. ¿Qué catástrofe, qué tragedia motiva ese luto? Sencillamente, la supresión del juego. Una medida gubernamental, de transitoria ó definiti va severidad- -allá veremos, -ha cortado el revesino á los gariteros, tahúres, folleros de frac y demás cofrades del hampa de naipe y ruleta. La Prensa belga arriesga de antemano la conjetura de que esa orden no pasa de ser una hipócrita concesión del Gobierno á la honestidad social, ¡pero que no prevalecerá! Hay demasiados intereses acumulados en torno del juego para que se resignen con la herida. Todo el dinero que circula en Ostende procede de lo que en la jerigonza profesional se denomina los recreos La industria y el comercio que animan á Amberes, Malinas, Gante, Mons y Lieja no ha podido extender su vitalidad á Ostende, que carece de cuencas mineras, de focos fabriles y de estímulos de actividad de esos que atraen al capital con el incentivo de un interés seguro. A Ostende no se va más que á divertirse. La población indígena vive sobriamente á expensas del dinero cosmopolita, trabajando con ahinco y liquidando la temporada con parvo lucro. Todo lo demás, alegría, lujo, mujerío alocado y disipación feliz, van de fuera, de Rusia, de Austria, de Alemania, de Inglaterra y también de Francia. Nosotros aportamos al veraneo de Ostende una contribución muy exigua. El dinero estival español no pasa de Biarritz. He estado dos veces en Ostende y las dos veces he salido de allí descontento. La descarada molicie y el grosero sensualismo que se respiran en aquella plaza me han levantado el estómago. La primera precaución á que han ateadido los sibaritas de bres están desamparados, no. Las empresas que explotan el juego los atienden y socorren con teatral largueza, tirando á que la gente contraiga la costumbre de asociar su bienestar al recuerdo de la ruleta y la considere una necesidad nacional. El vecindario de Ostende ha llegado insensiblemente á la conclusión de que el juego es un recurso lícito, puesto que permite al indígena quedarse con las pesetas del forastero. ¿Cómo no han de publicarse los periódicos con orlas de luto? El mar, por sí solo, no bastaría para atraer con su imponente hermosura á la clientela de Ostende. Los temperamentos ávidos de sensaciones entrañables, esos que arranean del frenesí orgiástico, de la lujuria, el vino y el juego, suelen ser insensibles al encanto poético de las olas y á la melancolía soñadora qite se desprende del paisaje. Son gentes que hacen en la playa la vida sedentaria de la ciudad; se acuestan tarde, con los nervios tersos, la imaginación acalenturada, ahitos de champaña, y se levantan tarde, inapetentes, con los músculos relajados, turbia la memoria, perezosa la voluntad. Estos seres ignoran que Ostende es una de las playas más bellas del mundo, que la bravia perspectiva del mar inspira allí recuerdos de leyenda wagneriana, que sus terrazas, empalmando unas con otras, son de una longitud y una gallarda simetría nunca vistas, y, por último, que su caserío, emplazado frente al Océano, es de ultramoderna elegancia. Sordos á la sugestión estética y al. íntimo encanto de las cosas, no son dueños OSTENDE OSTENDE. EL KURSAAL Ostende es á aislar á los pescadores de la colonia veraniega. Los humildes, circulan do á todas horas del día frente al Kursaal, serían una ofeusa para la elegancia; así es que se ha prevenido ese riesgo localizando las construcciones modernas en una zona urbana lejos del dique é independiente, por lo tanto, del puerto y de las calles que conducen á él. No se crea por eso que los po-