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DE TODO EL MUND O POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELÉFONO DE TODO EL MUND O POR CABLE POR TELÉGRAFO Y I I P TELEFONO S Fot. Goñi. CONTRA E L CIERRE DOMINICAL COMISIÓN DE TABERNEROS QUE ESTUVO EL DOMINGO EN LA GRANJA PARA SUPLICAR A S. M. EL K, ¡QU- SE EXCEPTÚEN SUS ESTABLECIMIENTOS DEL DESCANSO DOMINICAL DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C EN PARÍS te se ha suspendido... ad calendas. Estos señores no han querido discutir, lo que demuestra que les iban á faltar razones para justificiar la proyectada supresión. Temían, además, exponerse á ver la Cámara entera en contra de la supresión, y esto hubiera constituido algo así como un voto de censura al magnánimo Mr. Fallieres, que es el más decidido protector de condenados que ha ocupado la presidencia de la República. El Gobierno se agarró como á un clavo ardiendo á la suspensión del debate, y ésta fue acordada por dos votos de mayoría: el duplo de un voto de que nos habló en cierta ocasión D. Antonio Maura. Estas victorias gubernamentales no son muy lisonjeras, que digamos... Ayer, en el Senado, se salvó el Gabinete por tres votos de mayoría; hoy, en el Palacio Borbón, han sido dos votos solamente los que han conservado la vida al Gobierno... Es de temer que del próximo debate Cleraenceau salga triunfante con un voto nada más... Y aquí OS APACHES Y LA El debate acerca de la supresión de PENA D E MUERTE la pena de muer- PROYECTO DEL MONUMENTO CONMEMORATIVO DE LOS FUSILAMIENTOS DE LA MONCLOA EN 1808, ORIGINAL DE D. TOMAS GÓMEZ ACEBO de la profecía... Jío te uiuñrás... pero tt irás secando. París esperaba con interés el resultado de la discusión acerca de la pena de muerte porque, digan lo que quieran los termómetros ministeriales, la criminalidad aumenta aquí en proporciones enormes, y no es el apache una de las causas que menos inílu yen en el alejamiento de los extranjeros. El miedo al apache quita á mucha gente la gana de venir á París; pero este miedo- -debo decirlo imparcialmente- -es infundado. En efecto; los señores apaches son muy correctos y rara vez leeréis que hayan ido á buscar sus víctimas entre los extranjeros. Al contrario, se prestan á una exhibición constante, y dentro de poco ciertos lugares donde la gente maleante se congrega serán otras tantas curiosidades que el visitante se complacerá en conocer. ¿Quién, después de pasar una noche eu Montmartre, no ha sido invitado á dar una vueltecita por las tabernas de los Mercados? En la Belle de Nuit, por ejemplo, reúnense al amanecer los más distinguidos apachet, que esperan á sus amantes, y allí, entre las gorras altas, los pantalones de odalisca y os tufos rizados, veis relucientes pecheras, clacs impecables y costosas toilettes. Son los señoritos que se divierten mezclándose durante un par de horas con toda aquella gentuza.