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A B C SÁBADO 11 DE JULIO DE 1908. EDICIÓN 3. PAG. 5. de Cataluña. Ha vuelto á hablar el Sr. Maura. El presidente en sus últimas palabras ha aludido á elementos que dan intermitentes resplandores, pero que no nos permiten ver su consistencia El Sr. Mqret, durante todo el debate ha permanecido inmóvil, silencioso. Se leía en su rostro tristeza y contrariedad. AZORIN por la tarde, con todo el calor... Si íiay a. U guien que me proponga celebrar dos sesiones, una por la tarde y otra por la noche, aceptaré, y mejor aún si me piden que haya sesión por la mañana, por la tarde y por la noche. T erminó ayer la interpelación del Sr. Ca nalejas acerca de la suspensión del Ayuntamiento de Málaga, siendo desechada la proposición por 116 votos contra 24. UNA CIRCULAR INFORMACIÓN POLÍTICA EN EL CONGRESO abía verdadero interés por conocer la opinión que á los jefes de las minorías les merecía la fórmula redactada por la Comisión de Administración local sobre los artíeulos 173 y 174, referentes á la hacienda municipal. Había interés, porque de lo que occurra al cratarse de este importante extremo del proyecto puede deducirse la actitud del Gobierno para lo sucesivo enfrente de la adoptada por las minorías. Si el Gobierno y las minorías hubieran llegado á un acuerdo, el camino para ese fin favorable se allanaría. Pero no hay acuerdo, según se vio del reoultado de la conferencia celebrada ayer tarde por los Sres. Sánchez Guerra. Canalejas, Moret y Azcárate. I, a reunión fue breve, y al terminar dijeron los jefes de las minorías que no habían aceptado la fórmula en vista de que la Comisión concede algo de lo propuesto por las oposiciones en lo que se refiere al art. 173, y nada en lo concerniente al 174. Ninguno de los jefes de las oposiciones coincide con el criterio de la Comisión, ni están tampoco de acuerdo entre ellos. Así, pues, hay cuatro opiniones distintas, t Rotas las negociaciones, se convino en 4 ue el lunes se presente el nuevo dictamen de los citados artículos, empezando la discusión el miércoles ó el jueves, con un gran debate, en el que intervendrán todas las miaorías, ineluso la solidaria. L, as oposiciones piensan presentar bastantes enmiendas á los dos artículos ciiados. H p l ministro de la Guerra ha dirigido una circular á los capitanes generales recomendándoles que procuren perseguir cuantos trabajos se realicen en sus respectivas regiones encaminados á excitar el espíritu de Cuerpo ó colectividad militar en ningún partido político. CUENTOS ILUSTRADOS A r. Brugnot, el hacendado más rico del pueblo, tenía la manía de las antigüedades, y á pesar de sus pretensiones solíanle dar gato por liebre. Habiendo visto el reloj de Mr. Clocpin, juzgó que era muy antiguo y digno de figurar en el Museo de alguna capital. i EL RELOJ DE MR. CLOCPIN ¡Pero que buen humor tiene monsieur Clocpin! Este insistió y dio ¡su palabra de honor. Quería dar una lección al Gobierno, que gastaba sin tasa y arruinaba al país. No se habló de otra cosa en el pueblo; pero la mayoría de sus habitantes se mostraba escéptica. Y sin embargo, Mr. Clocpin, despreeiando 1 los requerimientos administrativos, no pagó sus contribuciones. Mr. Brugnot areyó que estaba arrainado s y deseando aprovechar la ocasión dio el encargo al notario de que le hablara de la ven- ta del reloj. Pero Mr. Clocpin exclamó que tenía el culto de los recuerdos de familia y que no lo cedería ni á peso de oro. Cierto día anunciaron la venta de su mobiliario, y manifestó con tono enfático: -Me resigno, me sacrifico por mis ideas... Ahora, la lucha entre el Gobierno y yo ha de ser sia tregua. I,o s periódicos del distrito, enterados de su rebeldía, hablaron del asunto, y la opinión pública, algo dormida, se despertó, poniéndose de su parte. Tuvo lugar la venta en pública subasta ante numeroso público. Mr. Brugnot llegó uno de los primeros, é impaciente consiguió del recaudador que el carnoso reloj se pusiese inmediatamente en venta. 1,0 adquirió por 7.000 francos. Cobró de ellos el recaudador los 110 francos á que se elevaban las contribuciones no pagadas y las multas y entregó el resto á Mr Clocpin, que compió con ello títulos de la Deuda pública. Pero realizó al mismo tiempo otro buen negocio. Había principiado el período electoral, y los comités de la oposición le proclamaron candidato á la Diputación. Monsieur Brugnot, que quería que le perdonara la compra del reloj, fue su más firme sostén durante la campaña. p l Sr. Burell defendió ayer la siguiente proposicióa incidental: El diputado que suscribe tiene el honor de proponer al Congreso la suspensión del debate sobre el proyecto de ley de Régimen local hasta tauto que el Gobierno declare que las modificaciones hechas por la Comisión en punto á las mancomunidades provinciales han sido materia de deliberación en los Consejos de la Corona. Palacio del Congreso, etc. -Julio Burell. Claro es que esta proposición no era más que el pretexto para hacer un discurso de oposición al proyecto, y hay que reconocer que el diputado liberal llevó á cabo su cometido. El presidente del Consejo contestó cumplidamente, siendo aplaudido en diferentes ocasiones por la mayoría, y retiró el Sr. Burell la proposición. el conflicto de la obstracci ón no hay nada nuevo. El proyecto no avanza, y esto da origen S sinnúmero de comentarios y de rumores, que no hemos de recoger porque hasta ahojra no se traducen en hechos. v 1,0 que no se puede predecir es ei término de esta situación, que seguramente no se prolongará mucho. Ayer pensaron algunos diputados pedir al jefe del Gobierno que las sesiones se celebren, en vista del calor, por la noche, El Sr. Maura, enterado de estos propósi tos, contestó- -De ninguna inansra, L, as sesiones serán Mr. Clocpin le escuchaba impáyido. Era un hombre bien educado, incapaz de contradecir á nadie. Y, además, prefería callarse, por amor propio, pues su tío Juan Bautista Clocpin, un obrero relojero, era quien había fabricado ese mueblé extraño y grotesco con madera apolillada y con pedazos de cobre. Cuando murió sú tío, un perito lo había tasado en treinta francos, porque la máquina estaba en perfecto estado. Mr. Clocpin tuyo una gran emoción cuando Mr. Brugnot le dijo que estaba dispuesto á pagar por él cuatro mil francos. Sus recursos eran limitados, y esa cantidad fantástica le alucinó. Ya no pensaba más que en una cosa: vender el reloj á Monsieur Brugnot. Pero tuvo miedo de que descubrieran que era la obra de un relojero fulastre, y se dedicó á buscar una combinación que le evitara disgustos. anto pensó en ello que acabó por encontrar un medio para salir de apuros, as Cámaras habían L a de impuestos y la votado un aumento recaudación había principiado ya. Mr. Clocpin declaró á sus amigos: -Ésto es escandaloso, No pagaré los impuestos. ¿e miraron con estupor, y alguien exclamó: Aclamaron en todos los pueblos del distrito su programa, en el que iba incluida, naturalmente, la supresión de los impuestos. -Es un hombre de buena fe- -decían los electores, -y además sabe sacrificarse por sus ideas. Y Mr. Clocpin fue elegido con una eaor me mayoría de votos. MAURICE CLEMOT Kñ ADRID. Cierre: Interior contado, 83,50; Amortizable, 101,60; Banco de España, 450; Tabacos, 395; Azucareras preferentes, 102,50; Ordinarias, ÍQ; Obligaciones, 103,25; Francos, 12,55. BOLSA DEL DÍA 11