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A B C JHEVSS 9 Dfc JULJÜ DE, 1908. EDICIÓN i. PAU, i 3 DEL JUEYES ROMANCb MORISCO Príncipe de los creyentes, Abd- el- Aziz desdichado, ya ves que Alá te abandona por fiarte de cristianos. Ellos, haciendo zalemas, invadieron tus palacios, y pisaron en mal hora los jardines del serrallo, donde Mahotna no quiere que entren más que como esc á conducir tus camellos y á apacentar tus caballos. Tú, infeliz, nunca debiste recibirlos como aliados, ya que á tiempo te avisaban los cañones de sus barcos que en el Mogreb no querían más que extender sus mercac dándote á interés crecido pesetas, libras y francos, para embargar tus Aduanas, segar las mies de tus campos, arrojarte de los puertos y vender fusiles malos. ¡Bien te castiga el Profeta, príncipe desventurado, va que el dilatado Imperio se te va de entre las manos! I os traidores que querían civilizar tus Estados haciendo ferrocarriles, carreteras y pantanos, en vista de que están verdes y de que exponen los cuartos de sus hombres de negocie y la piel de sus soldados, te dejan en la estacada con tu automóvil intacto y van haciendo zalemas á inclinarse ante tu hermano. ¿Los cabileños son duros? -se dicen, -pues no insistamos, y en un momento se acaba su afán de civilizarlos. Si la suerte tornadiza vuelve á ponerse á tu lado. con ella volverán ellos á llenarte de agasajos y á cobrarte los servicios que dirán que te prestaron cuando en Rabat te escondías temeroso y derrotado. Sus oraciones contigo eleven á. Alá entre tanto tus mujeres asustadas y tus ascaris escasos... ¡y piensa todos los días antes y después del baño que te castiga Mahoma por fiarte de cristianos! S- NESIO DELGADO j j dallas de ORO de ley y de PLATA. López Hermanos. 13, Montera, 13 Debes siempre de lleva r insecticida LEYER cuando vayas á viajar, porque chinches suele haber hasta en el Sleeping- Car. De Tenta Perfumerías, Farmacias- Droguerías. y íiL PETRfilEO GAL es el mejor tnicrobicida contra jíel bacilo de la CALVICIE descubierto por Sabouraud SALICíLÁfÜ TODA fcUÁ VÓMITOS LAS ARTES DECORATIVAS uando se cierra una Exposición de Bellas Artes es oportuno señalar las enseñanzas que de ella deban deducirse para alentar ó corregir el gusto estético y aun la técnica. Este juicio á posteñori, de ninguna sección del último Certamen es más necesario que de la sectión de arte decorativo. No vainos á juzgar ahora las obras en ella presentadas. Si no lo hicimos á su tiempo fue, aparte de otras razones que quizá no se oculten á los lectores, porque considerábamos más provechoso decir en esta sazón y no entonces lo que pensamos a erca del estado de nuestras artes decorativas tal tomo se revela en nuestras Exposiciones. Ha habido en la actual obras importaa- flñ vDeñsabiesáios viajeros Y hombres de negocios HIHIWHIliHIllliiWBH A los señores fotógrafos de profesión y á los aficionados que envíen á la Redacción de A ít fotografías sobre algún asunto de interés y de palpitante actualidad, se les abonará DIJE PESETAS p r cada prueba que publiquemos. Al pie dé cada fotografía se indicara el nombre de su autor. ¡INTERESA: tes. Triunfos tan legítimos como el de don Eulogio Várela, que es uno de los pocos maestros decoradores de primer orden que hay en España. El artista barcelonés don Eusebio Arnau ha demostrado cómo de cosa tan prosaica como una caja de caudales se puede hacer una obra artística de mérito singular, y no por medio de una simple ornamentación, aplicable á cualquier mueble, sino por medio de composiciones alegóricas que sintetizan los afanes de la Humanidad al correr tras de la mudable Fortuna, afanes en que, á io mejor, la sorprende la Muerte, sustentando toda esta lucha, qué serenamente contempla el Tiempo desde i a altura, los siete pecados capitales, los vicios, en suma, á cuya sombra se atesora el oro. Don Gregorio Mufi Dueñas ha demostrado, por su parte, en el repostero bordado Una humorada de Campoamor. su exquisito gusto para componer conforme á los modernos cánones de la pintura decorativa, que sabe utilizar la figura humana y sus accesorios. Estas y otras contadas obras, que no citaremos, demuestran que en España hay verdaderos decoradores y, por lo tanto, elementos para que las artes decorativas se muestren ala altura que corresponde. Pero en todas las Exposiciones siacede que al lado de las obras de singular mérito que revelan las verdaderas personalidades, que siempre son casos aislados, está la masa común, el nú cleo de artistas en que más fácilmente se aprecia el rumbo que en general lleva el arte. Y á este núcleo de artistas (y no á aquellos maestros en cuyo favor hacemos honrosa salvedad y á quienes tributamos elogios) debemos dirigir censuras, no individualmente á cada uno, sino colectiva. Pues si se nos pregurta qué concepto nos merece la sección decorativa del último certamen, considerada en esa masa común de expositores, si la creemos demostración de los ansiados progresos que podían esperarse de esa rama del arle, curemos, sin vacilar, que la hemos encontrado débil, y, lo que es peor, que revela en la generalidad de los cultivadores délas di tes decorativas falta de concepto de lo que estas artes son y del modo por el cual deben de manifestarse. El mal no es nuevo, veníase advirtiendo desde que se inauguró la dicha sección de arte decorativo hace pocos años. Pudo pensarse entonces que esa desorientación de los artistas habría de encontrar remedio en las mismas Exposiciones por el natural estímulo y la enseñanza que reportarán; pero hay que confesar que á cada Certamen puede decirse que ha decrecido el nivel artístico, y en esta última Exposición es donde se ha manifestado más ba o. ¿A qué obedece este fenómeno? Nuestra enseñanza de las artes decorativas es deficiente; así lo reconocen unánimes los artistas y la crítica. Sin duda una de las razones que aeonsejaron crear esa sección de arte decorativo en las Exposiciones por vía de ensayo fue la de mejorar por ese medio la producción. Para los verdaderos decoradores fue esa sección un medio de obtener la sanción de su mérito por medio de una recompensa, siquiera ésta fuera puramente honorífica. Para otros cultivadores del otro fue un medio de mostrar sus tentativas y tal vez de obtener títulos para hacer carrera; p a r a otros, acaso se ofreció como vía más ó me- nos legítima de añadir una posible recompensa entre la lista de las que en ciertos anuncios se ponen para enaltecer una industria. En suma; desde un principio se advirtió la falta de concepto que señalamos y una cierta promiscuidad entre el verdadero arte y la pura industria Jís tristísimo ver que al llamamiento oficial acuden á un tiempo industriales y artistas, los anos, confundiendo una IJxposi-