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A B C JUEVES 9 DE JULIO DE 1908. EDICIÓN 2. PAG. p atineau se puso ú sombrero y salió del despacho, Todos los empleados creyeron que había perdido la razón. Mr. Charlamion estaba ciego de cólera. ¡Voy á dar parte al ingeniero director! -1 erónimo Ratineau Babia sido en el colegio J un alumno insignificante, cuya sumi- exclamó con trémulo acento. Al día siguiente, por la mañana, no paresión ejemplar provocaba injustificadas iras ció Ratineau por la oficina. del profesor. ¡Ya le ajustaré las cuentas á ese majaCuando hubo terminado su servicio militar entró como empleado subalterno á ser- dero! -dijo Mr. Charfamion. A las dos de la tarde hizo Ratineau su rir en las oficinas de los ferrocarriles elevados, y continuó desempeñando su papel entrada solemne en el despacho. Iba vestido con gran elegancia. Después de víctima que el destino le había designade haber saludado á sus compañeros eon 3o sin duda, Ratineau aceptaba con cierta filosofía su aire de marcada superioridad, se sentó ante misión de cabeza de turco inamovible. Sus su mesa, sacó de uno de sus bolsillos un pecompañeros le. hacían toda suerte de perre- riódico, que desdobló ostensiblemente, y rías, que el infeliz sufría con evangélica re- encendió un cigarro habano. Mr. Charlamion se levantó de su asiento, signación. se acercó á Ratineau y cortésmente le preguntó: ¿Quiere usted hacerme el obsequio de acompañarme á ver al director, Mr. I, egrand? -No quiero molestar al señor ingeniero. ¡Se lo mando á usted! ¿Me lo manda usted? -Sí, señor, ¿Pero no ve usted que estoy levendo mi folletín? Mr. Charlamion salió apresuradamente de 1 despacho, y al cabo de un minuto regresó acompañado del ingeniero. L- os empleados de Contabilidad procuraban contener el aliento. Mr. L- egrand interrogó á Ratineau: ¿Es cierto lo que me dice Mr. Charlamion? -Sí, señor; es la única verdad que ha diQuien más le mormicaba era ei jeíe de vida. Contabilidad, Mr. Charlainio hombre colé- cho en subien- -dijo Mr. L- egrand, -le con- -Pues rico y despótico, sumiso ante sus superiores cedo á usted cinco minutos para escribir y altivo siempre con sus subordinados. una carta dando una satisfacción al jefe de Ratineau no tenía valor para rebelarse y Contabilidad. Si se niega usted á ello quese limitaba á acumular en su corazón terri- dará cesante en el acto. bles rencores. ¡Perfectamente! -contestó Ratineau, poUn día, con gran sorpresa de sus compa- niéndose á escribir, ñero? no asistió Ratineau á su oficina. Charlamion AI día siguiente, Mr. Charlamion decidió empleados sesonreía maliciosamente. L- os habían convertido e esenviar un empleado en busca de noticias tatuas. del ausente. Pero cuando el hombre decdhfianza del jefe de Contabilidad se disponía p atineau entregó á Mr. Legrand u carta. ir á capa de Ratineau, presentóse éste. Pero cuando éste alargaba la mano para cogerla, el modesto empleado la retuy dijo: l ubo en, la oficina una exclamación de vo- ¿Me permite usted que la lea? sorpresa. Cruzáronse veinte preguntas; Y en alta voz leyó lo siguiente: pero Ratineau, sin contestar á nadie, sin to Se ñor ingeniero director: Ruego á usted marse el trabajo de dar á su jefe la explicación de su ausencia, sentóse en su sitio de tenga la bondad de aceptar mi dimisión. Abandono con inmensa satisfacción esta costumbre. durante once años me Reinó el más profundo sileneio. Todos oficina, donde existencia las groserías yhan las creyeron que iba á ocurrir algo extraordi- envenenado la nario. A Ja llegada de Ratineau, Mr. Charlamion se había sentado en su sillón, dispuesto á aplastar á su subordinado bajo el peso de sus habituales amenazas. A los pocos momentos gritó con voz de trueno: ¡Ratineau! Ratineau, que estaba afilando un lápiz, interrumpió su importante tarea, y con una I entonación que no se le conocía, dijo: ¿Qué ha hecho Ratineau? Mr. Charlamion creyó que había oído mal. ¿Qué ha dicho usted? -Digo: ¿qué ha hecho Ratineau? Se habría oído volar una mosca, Mr. Charlamion se puso pálido. ¡Veo- -exclamó- -que no está usted en su estado normal. -Está usted en un error. Sepa usted que me río de sus recriminaciones y no hago maldito el caso de su estúpida personalidad. necedades de mi jefe, Mr, Cfiarlaniioti. -Btstoy harto de sufrirle á usted y me voy á Ratineau. dar un paseo. Volveré cuando usted se haya Mr. Legran ñ exclamó lleno de asombro: tranquilizado. ¡Indudablemente se ha vuelto usted loco! CUENTOS ILUSTRADOS EL DESQUITE No es usted rico, que yo sepa, y va usted á quedarse en medio del arroyo. -Acabo de heredar una fortuna- -contestó Ratineau- -que me pone al abrigo de todas las necesidades y ine libra para siempre de la enojosa presencia de Mr. Charlamion. He heredado una friolera: un millón doscientos mil francos. Pienso colocar la mayor parte de mis fondos en la Compañía. Si me pierde usted como empleado, me tendrá usted como accionista. Apenas había terminado, el ingeniero le asió del brazo y le dijo: ¡Pase usted á mi despacho, amigo Ratineau! Allí podremos hablar con más comodidad, Y los dos se retiraron, sin ocuparse más de Mr. Charlamion, quien permanecía con la boca abierta y profundamente alarmado, temeroso de las represalias de que tarde ó temprano pudiera ser objeto, E. G. GLUCK NOTAS MILITARES p s casi seguro que para la fiesta que ha de celebrarse en Toledo el día 14 se dispondrá que los generales que concurran lo verifiquen en traje de gala. Hoy publicará el Diario Oficial una. cu- cu lar con objeto de que los jefes y oficiales del Arma de Caballería qtte no pertenecen á la plantilla de los Cuerpos aetivos sepan á qué atenerse con respecto á las modificaciones introducidas en el uniforme. Se dispone que los mencionados jefes y oficiales no usen el nuevo uniforme hasta que se remitan á los Cuerpos los modelos á que se refiere la Real orden d 16 del pasado, la que quedará ni odificada con ligeras variaciones, que consisten en determinar para los regimientos de Cazadores el color blanco en los vivos, granate para los lanceros y amarillo para los Dragones. Las únicas prendas nuevas que se adop tan son, como ya hemos dicho, la faja para ios Cazadores, y el cinturón blanco de charol, para los Lanceros y Dragones. Queda en suspenso todo lo relativo al uniforme de campaña hasta que resuelva el asunto el Estado Mayor Central. ACCIÓN AFRICANISTA p l Centro Comercial Hispano- Marroquí, en vista del gran éxito logrado con la creación y funcionamiento de su cátedra gratuita de Árabe vulgar y descoso de que los 200 alumnos que á la misma concurren puedan tener más amplitud y desenvolvimiento en otro local de una mayor capacidad, ha dispuesto trasladarse, y al efecto ha alquilado los bajos de la casa núm. 2 de la calle de San Agustín, en donde muy fácilmente el salón destinado á cátedra contendrá cuando las clases se reanuden, el 1 de Septiembre próximo, transcurridas las vacaciones, no sólo esos 200 alumnos, que han tenido que subdividirse en dos grupos para recibir la enseñanza, sino todavía mayor número, si fuese posible. Todo hace suponer que ocurrirá así, á juz f ar por el gran entusiasmo demostrado al practicarse las inscripciones para la enseñanza de Árabe. En el nuevo y espacioso local alquilado por el Centro Comercial Hispano- Marroquí, no sólo la cátedra de Árabe vulgar tendrá majror amplitud, sino también el Museo de los productos de Marruecos, el eme será inaugurado próximamente, v El traslado del Centro Comercial Hispáno- Marroquí al nuevo local se verificará muy en breve, tan pronto como se terminen las obras de reforma que necesariamente hay que introducir en 2 a nueva instalación. H