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ficación que da á los rasgos. Disipa todo el detalle y el accidente, y como un reflejo maravilloso, unificando á la vez el color y- el PAJ TS, JULIO DE i9o Z contorno, sólo deja aparecer las grandes suCJn esta época del año, ¿de qué puede tra- I os sombreros de alta copa y ala escasa perficies y los rasgos esenciales de donde tarse que no sean los viajes, aunque favorecen poquísimo; quizá á esta cir- la belleza se desprende por sí misma. sea tema por demás repetido durante los cunstancia se deba el que no se hayan acliAhí está lo que podría llamarse la psicomeses estivales? Los guardapolvos van per- matado entre las elegantes francesas, que logía de los polvos de arroz. El mejor rediendo algo de terreno, poique los trajes dan la preferencia á las de sultado es ese conjunto blanco y rosa, tan sastre confeccionados en tonos obscuros flores y á los sombreros pequeñas tocasalas bello en el rostro femenino. cuyas anchas son al presente los favoritos de la Moda sombrean graciosamente el rostro de las Los venecianos cubrían de sombra las para viajar. El presente año, estos trajes al- damas. tres cuartas partes de un cuadro; Reniternan con los de color crudo ó grisáceo de brandt, los siete octavos; imitemos á esos dril. Un pequeño abrigo, que se lleva á la Depetidaiii nte he dicho que uno üe los grandes coloristas. Acordemos á la luz una mano en previsión de cambios bruscos de colores más en boga, quizá el que más, parte de la mejilla, un saliente de la ceja, Id temperatura, completa al presente la toilette es el blanco. barbilla y alguna vez la camelia roja- le la de huida. Hoy debo añadir que se ha puesto de boca. Dejemos en la sombra la flor de 3 a Para tocado se lleva todas las preferen- moda el que con las blancas toilettes se Heve mirada, mas luminosa que toda luz y que cias la gorra, y después de ella los sombre- el sombrero, abanico, cinturón y sombrilla debe florecer sólo por la ternura ó el dolor, ros genera canotier, adornados de alas. iguales entre sí y de sn tono vivo rabioso. semejante al loto tímido y salvaje, alejado Los sacos de mano se estilan de piel de Por ejemplo: rojo pimiento, azul pavo real, de los rayos del sol, pero de impondernb 1 gamuza. Ya se sabe que el sa co de mano es verde fuerte ó amarillo anaranjado. No deja belleza. una prenda útilísima para las damas. El de producir un lindo efecto tan brusco conpresente verano se agrega al citado saco traste. RECETA CULI NA ¡a A una especie de caja sin armadura, de tafileVIZCONDESA B. DE NEU 1 LLY te rojo, dentro de la cual se lleva todo lo neDATATAS RELLENAS Para este plato cesario á la más escrupulosa toilette: la es ÁTTcT UBE s e requieren salpuma de nieve ó la disalina, los polvos de EL CLAROSCURO- chichas ó chori perlas, las manos de prelados, los polvitos zos pequenitos y un número igual de pata rosados para pulimentar las uñas, el pomiY LA BELLEZA tas bastante grandes. Se asan estas últim- t to para refrescar labios y encías y limpiarcomo de ordinario, y entre tanto se ponen los del polvo del camino y el indispensable 1 1 na costumbre inmemorial hace colocar á cocer salchichas á fuego lento. Una ve contra la luz el sillón en que se sienta asadas las patatas se corta á cada una na librillo cuyas hojas contienen una preparación especial que al frotar el rostro con una la dueña de la casa; una táctica cuyo origen casquete esférico, y por aquí sé va sacando de ellas queda fresco, limpio de sudor y su- se pierde en la obscurided de los tiempos todo su contenido, procurando no romper 11 ciedad y tan discretamente empolvado que considera como el mejor sitio aquel en que piel. Macháquese bien en un mortero toda parece haber recibido la suave caricia de el claroscuro poetiza la belleza. A conti- la patata que se ha sacado con manteca, una borla y unos exquisitos polvos de nuación trataremos de investigar ia tazón perejil picado, sal y pimienta, hasta hacer de ese antiguo uso. arroz. Un rostro fresco y sonrosado á la plena una pasta muy fma. Dentio de las pieles de La escasa molestia que proporciona el llepatata vacías se un poco luz del día, es de una tierna y encantadora después se mete ponesalchicha de esta pasta; var este nuevo objeto á la mano está sobrauna belleza; pero de una belleza del jardinero- ú doblándofa convenientemente, en cada una, damente compensada con el servicio tan y se acaba importante que presta, pues convengamos hortelano más aún que de artista. El arte y de rellenar con la misma pasta de patata. el sentimiento comienzan con la sombra y Vuélvase á poner todo en el horno durante en que es de un efecto deplorable el que las damas, al descender del tren, aparezcan su- siguen su contorno. Hay un punto al que es necesario volver unos veinte minutos y sírvase muy caliente. cias, ennegrecidas, ojerosas, despeinadas y siempre, porque nunca se tendrá demasiado con todas las señales exteriores de una noen cuenta, y es que la luz es la enemiga del ECONOMÍA che de fatigoso viaje. Antiguamente se viajaba en malas condi- color. La luz envuelve con un magnífico DOMÉSTICA ciones. Al presente, la comodidad más refi- resplandor los objetos que se digna tocar, y los transfigura en vez de embellecerlos. ODO DE CONOCER LA La c o m nada preside en este asunto, y por eso, á no Da á la carne matices prestigiosos, como de dudar, es por lo que se va generalizando sueño, que en vano procuran trasladar al FAL 8I F 1 CMCIO. N cada vez más la costumbre de los viajes. lienzo los más hábiles pintores, porque esa jas del té con las otras que le mezclan es Ahora ya no se miran con terror, puesto magnificencia, esa aureola de polvillo de suficiente para conocerla. La hoja del té es que en ellos se provee cada cual de todo oro, no puede ser traducida ni pintada; es afilada; las hendeduras, profundas, y su ex. aquello que le es útil y preciso para presen- indefinida y no tiene correspondencia pre- tremidad, más aguda; la superficie es lisa y tarse de agradable aspecto y no sufrir inco- cisa en ninguno de los colores de la paleta. brillante; el color, verde pálido, pero vivo. modidades. Para que los tonos nazcan y hagan juego Las hojas que mezclan presentan regularmente caracteres diferentes. Son más redon ontinúa nuestra graciosa sobetana estre- entre ellos hace falta la dulce penumbra de das, más obtusas; sus hendeduras, poco citándonos más cada día. Las faldas son una luz adormecida y discreta. En esta media claridad, los límites preci- cortadas; menos suaves al tacto; su sabor, ceñidas y no tardarán en ser ceñidísimas; sos de las cosas no existen, y esto es ya un menos delicado, y su color, verde aceituna quizá no esté lejano el día en que vuelvan á obscuro. Sólo puedes observarse los caracestilarse como cuando la suprema distinción encanto que imprime á la carne una incom- teres de las hojas después de haber estado parable dulzura. No se sabe así dónde terera la mujer- paraguas. venticuatro horas en agua. Y para que los corpinos no tengan nada mina la frente y empiezas los cabellos; la Las diferentes especies de té varían, sin que envidiar respecto á estrechuras, des- sombra y la claridad se cambian y se com- duda, en las dimensiones de las hojas, pero apareció por completo lo ablusado. Tiende penetran, y todo rostro humano propende todas tienen una misma forma. á desaparecer el estilo muciélago porque en- al modelo delicioso de la más suave cabeza sancha, se usan menos cuellos y pliegues, y antigua, precisamente aquella que no tiene deVeintisiete especies de té falsificado, desel más caro al en cambio se entronizan las chaquetitas de ningún contorno fijo, la Psiquis de Ñapóles. cionado los medios más barato, han proporsiguientes de conocer su Al mismo tiempo, rosas doradas bañan ante, ceñidas como un guante los contornos y permiten distinguir mil de- falsificación. El té negro falsificado, humelicadezas: esto responde á otra ley que no decido ligeramente y frotado en un papel ntre los vestidos que llevan nuestras ele- hay que olvidar, y es que los tonos cálidos blanco, deja una mancha negra azulada, tigantes en su equipaje veraniego no se realzan en la sombra y los tonos fríos en ñendo del mismo color el agua fría, qne se falta el de franela blanca con rayitas azul la luz; en la sombra es, pues, donde aparece volverá encarnada echándole una ó dos goporcelana ó azul obscuro. So a muy prácti- toda la voluptuosidad del color humano, tas de ácido sulfúrico. Dos onzas de té falsicos y precisos para los días que amanecen lya sombra, más luminosa que la luz, es tam- ficado, puesto en infusión por tres horas en frescos en el monte ó en la playa, pues á bién más artística por el espíritu de ampli- cuartillo de a? ua. enroiecerá con el ád- CRÓNICA DE LAMODA más de prestar un suave y confortable calorcillo preservan de la humedad y evitan, por lo tanto, que se vuelva con una enfermedad precisamente cuando se ha marchado en busca de un aumento de fuerzas y de salud. E