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A B C VIERNES 26 DE JUNIO DE i 9 o3. EDICIÓN 3. PAG. 8. CUENTOS ILUSTRADOS I b á atravesar la vía férrea cuando me de tuvo un empleado. -Cuidado, caballero- -me dijo; -el fren de las diez y diez y siete va á pasar. Aguardé un rato. A cierta distancia apa reeió un disco encarnado donde antes había ano verde. -Puede usted pasar ahora- -afirmó mi Interlocutor, -y al mismo tiempo abrió lá barrera del paso á nivel. UNA ESTACIÓN COMO NO HAY DOS Pensé que se ti ataba de alguna falsa maniobra, pues no había visto pasar ningún tren y atravesar la vía, cuyos rieles me sorprendieron por su inusitado brillo. Tuve pronto la explicación de tan extraordinaria puleritud. Siguiendo el camino que conduce á la estación, vi á varios hombres que daban lustre al acero de los rieles con papel de lija. Pude observar también que cuanto me rodeaba se hallaba en perfecto estado. Al llegar á la estación oí un silbido. Varios empleados surgieron de repente, y uno áe ellos recorrió el andén gritando: ¡Villapreciosa, un minuto de parada! y al poco rato: ¡Señores viajeros, al tren! Otro empleado se colocó en una puerta para recoger los billetes de los viajeros. Pero no bajó nadie. ¡Cómo habían de bajar viajeros si no había llegado ningún tren! Y pensé que se trataba de un ensayo. Me puse á examinar los carteles que adornaban las paredes de la estación. En uno de ellos veíase un hermoso paisaje: La Gruta del I obo. El tren que pasaba por Villapreciosa conducía á ese pintoresco paraje. Consulté el indicador; había tm tren media hora más tarde, á las diez y cincuenta y cinco. Me dirigí á la taquilla y pedí un billete para I a ruta del kobo. ¿Qué desea usted, caballero? -me dijo el de la taquilla, como si no me entendiera. Repetí mi ruego y pude observar en la fisonomía del empleado el reflejo de una incomparable estupefacción. ¿Pero es de veras? ¿Desea usted un billete para. No pudo s gulr, tal era su emoeión. 1 y añadió: -Se trata de ü caso extraordinario. Voy consultar al jefe. Y desapareció, dejándome en un mar de confusiones. Vino el jefe. ¿Usted es quien pide un billete para la ííruta del I obo -díjome el digno fnncioJ 33 JÍO -Denme ustedes 10 que quieran... con tal de que paeda tomar el tren de las diez y cincuenta y cinco. -Ea efecto, hay un tren á esa hora. pero... ¿Pero? -Pero lo hay y no lo hay. -No entiendo. -Pues es muy sencillo- -replico sonriendo el jefe de estación. -Veo que viene usted á este pueblo por primera vez. -En efecto, un amigo me lo ha aconsejado, diciéndome que vería, una cosa muy curiosa; pero no sé qué cosa es esa, pues se ha negado á darme explicaciones- -Yo sé de lo que se trata. De nuestra línea. -En efecto, ne observado el orden maravilloso, la limpieza sin igual... ¿Verdad... Y además, desde hace tres años que está terminada la línea, ningún accidente, ningún retraso, ninguna reclamación. -Eso es increíble. -Y sencillo. Si acepta usted que le convide á una botella de cerveza, le explicaré en qué consiste el milagro, pues estoy libre hasta las diez y cincuenta y cinco, hora de 1 a llegada del próximo tren. Pocos minutos después estábamos senta- dos en el café de la estación, un café coquetón y limpito. -Hace algunos años- -me dijo ei amable 1 jefe, -Villapreciosa era lo que es ya hoy, un pueblo floreciente. Pero no pasaba por él el ferrocarril, y los vecinos tenían que ir hasta Puentenuevo. I,o s habitantes de Villapreciosa tienen mucho amor propio. Iniciaron una campaña, celebraron mítines, reunieron dinero y consiguieron que principiaran las obras. Pero el Ayuntamiento ñizo mal sus cálculos, y cuando terminó la construc ión déla línea, cuando fue hombrado el personal, advirtió que no le quedaba un céntimo para comprar el material. ¡Faltaba lo más necesario! Entonces se resignó. El amor propio quedaba satisfecho. ¿Y esos trenes que pasan? ¿Ha visto usted trenes? -He oído á los empleados... he visto discos de colores... -En efecto... El personal existe y cobra. Cumplimos todos con nuestra obligación. Hay un horario y todo sucede como si pasaran trenes. A la hora señalada funcionan las señáleselos empleados se precipitan y el tren hace como si llegara. ¡Qué cosa más extraña! -Muy natural, querrá usted decir. lEso sucede en todas partes: en las maniobras militares, donde no falta nada, á no ser... el enemigo; en ciertos negocios donde tampoco falta nada... si no es la mina que se trata de explotar. tado. El Ayuntamiento me conceae cada tres meses un voto de gratitud y me feliciv ta. Y como se lo decía á usted hace un rato, ni un accidente, ni un retraso, ni una recia mación. En ese momento oyóse un estridente silbido. -Demonios- -exclamó mi interlocutor, ahí viene el expreso. Y después de pagar la cerveza se precipi tó corriendo hacia la estación. ETISNNE JOL 1 CLER I a Gaceta publica el siguiente Convenio de arbitraje celebrado entre España y los Estados Unidos de Norte- América El Gobierno ile S. M. el Rey de España y el Gobierno de los Estados Unidos de América, signatarios del Convenio para el arreglo pacífico de conflictos internacionales ajustado en El Haya el 29 de Julio de 1899; Tomando en consideración que, con arreglo al art. 19 de ese Convenio, las altas partes contratantes se han reservado el derecho de ajustar acuerdos, con objeto de acudir al arbitraje en todas las cuestiones que consideren posible someter á este procedí miento, Han autorizado á los infrascriptos para concluir el siguiente Convenio: -Artículo i. I as diferencias de caréete flfegal ó relativas á la interpretación de Tratados existentes entre las dos partes contratantes, que puedan suscitarse entre ambas y que no haya sido posible arreglar por la vía diplomática, serán sometidas al Tribu nal permanente de arbitraje establecido en El Haya por el Convenio de 29 de Julio d e 1899. siempre que y con tal que no afecten á los intereses, ¿tales, la independencia ó la honra de los J Stados contratantes y no atañlñ á los intereses de terceras partes Art. 2.0 En cada easo particular, las altas partes contratantes, antes de apelar a) Tribunal permanente de arbitraje, firmarán un eompromiso espetial que determine claramente la materia del litigio, el alcance de los poderes de los arbitros y los plazos que se fijen para la constitución del Tribunal arbitral y para sus prosedimientos. Queda entendido que dichos acuerdos especiales, en lo que concierne á España, serán sometidos á las formalidades requeridas por sus leyes, y por lo que toca á los Estados Unidos, los Jlevará á cabo el presidente de los Estados Unidos con el consejo y consentimiento del Senado. Art. 3. a j 3 e concluye el presente acuerdo por un período de cinco años, á contar desde el día 0 del canje de las ratificaciones Art. 4. El presente Convenio será ratificado por S. M. el Rey de España y por el presidente de los Estados Unidos de América, de acuerdo y con el consentimiento del Senado. Las ratificaciones de este Convenio serán canjeadas en Washington; tan pronta como sea posible, y será efectivo desde la fecha del canje de sus ratificaciones. Hecho por duplicado en lenguas española é inglesa, en Washington, el día veinte dé: Abril del año mil novecientos ocho. (I S. i? Pina y Millet. (I S. Elihu Root. Este Convenio ha sido debidamente ratificado, y las ratificaciones canjeadas ea Washington el día a d e Junio de 1908. ESTADOS liNJDOS Y ESPAÑA BOLSA DEL DÍA 26 -Usted dirá lo que quiera, pero... Continuaba sonriente el jefe de estación. -Ahora- -añadió- -ya están acostumbradas las gentes y esta situación durará eternamente. Villapreciosa se resistirá siempre á jwe le arrebaten su línea. Yo e toj encanluí ADRID. Cierre: Interior contado, 83,10- Fin de mes, 83,15; fin próximo, 83,60; Amortizable, 100,60; Banco de España, 459; Castilla, 98; Español de Crédito, 113; Tabacos, 402; Azucareras preferentes, 100,50; ordinariaSj 39,50; Cédulas, 101.60; Francos. 13.4.0, fibras 28, 2 -Sí, señor- -Es otié no damos billetes.