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DE TODO ELMUNDO, POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y DE TODO EL MUNDO, POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y EL VICARIO D E MARRUECOS TÁNGER. SOLEMNE ENTRADA DEL REVERENDO PADRE CERVERA, VICARIO APOSTÓLICO f- ot. Blanco CHUECA Qoñé hace contados meses lo que iioy es una triste realidad. Chueca había muerto; España entera le lloraba; su música, alegre y populachera, llegaba á mis oídos con sones de tristeza; las gentes de los barrios bajos madrileños recordaba entre lágrimas, sus schotis y sus polcas, y Madrid me parecía envuelto en una obscura neblina como señal de luto por aquel hijo ilustre. ¡Qué horrible sueño! Desperté, y dando un profundo suspiro por tal pesadilla salté de la cama, y, apresuradamente, me vestí para ir á verle, á cerciorarme de que vivía, á maldecir de mi lúgubre sueño. Encontré al maestro, que salía de su casa; le di un abrazo, y otro, y muchos, ¿qué se yo por qué? Fue una explosión de alegría que no puedo describir; Chueca me miraba como el que mira á un loco. -Pero ¿qué es esto? -me preguntó- ¿1,6 ha tocado á usted el gordo, ha heredado usted á algún tío de aguas allá, ó qué diablos le ocurre que tanto me zbx ia. y se le saltan las lágrimas? EL ILUSTRE DR. D. ENRIQUE ISLA- ¡Ay, D. Federico! -repliqué, -no se k que me pasa; estoy loco, loco de alegría, NUEVO ACADEMICODELADEMEDICINA porque le veo á usted bueno y sano. ¿Va usted para la Puerta del Sol? -Sí, nombre, sí; pero expliqúese, usted, Yo le iba contando mi sueño, y él reía á carcajadas, diciéndome: Si le oye á usted mi Teresa, le mata Y venga reir, y ante sus risas y frases ingeniosas yo reía también, y aquello que empezó tan en serio terminó en broma. Hoy no lo he soñado; hoy es una triste realidad, hoy le veo inerte; ya no se ríe coa aquella risa franca y sugestiva ya no le abrazo como entonces, como cuando aquel sueño desconsolador; hoy veo á su entrañable Teresa, á su querida esposa, llorar ante su cadáver, yante su cadáver- también llora un pueblo que venera su memoria, y á España que recoge orgullosa, como el más preciado tesoro, las alegres melodías de su música popular. ¡Pobre Chueca! Yo le he acompañado á verbenas y romerías; le he oído maldecir del modernismo que ahora priva y recordar su época clásica con verdadero entusiasmo; yo le he visto en la Pradera aproximarse á una moza de rumbo, que cubría su hermoso cuerpo con el pañolón de flecos, y decirla en madrileño neto y castizo: -Oiga míe maestra, ¿puede ser que bai-