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B C. VIERNES 19 DE JUNIO DE 1908. EDICIÓN i. a PAG. 4. ¿No habíamos contenido con ese señor senador que firmaba el belicoso artículo de Le Journal en que los infantes republicanos estaban dispuestos á pasear triunfadores los botines blancos por toda Europa? Estos fáciles entusiasmos franceses suelen conducir á la nación á fracasos tan lamentables como la Conferencia de Algeciras, y encierran un peligro evidente, porque en los manejos diplomáticos del rey Eduardo Inglaterra no expone nada y lo gana todo, y, en cambio, Francia será la única que corra los mayores riesgos. Las palabras del Kaiser son. más que otra cosa, un llamamiento á la prudencia, pues yo no dudo que las haya pronunciado, y buena prueba de ello es que no se ha publicado rectificación ninguna oficiosa. El Kaiser es hombre que no modifica los juicios que en público hace, aunque resulten tan equivocados como los emitidos á propósito del nombramiento del ministro Estados Unidos. Y en esta ocasión es ev jnte que ha dicho lo que se le atribuye; el yesto es muy personal y lleva el sello de la imperial fábrica. Para nosotros, observadores imparciales de os acontecimientos, la actitud de feuillermo II es simpática y gallarda... Figuraos que el Lohengrin prusiano se ve ence rrado en un círculo de hierro que cada día se estrecha más, y para tranquilizar á la nación que rige corre al frente de un millón de saldados y, en pie sobre los estribos del caballo, coronado el casco por el águila de alas aciertas, grita imperioso y solemne: ¡Soldados! Trátase, al parecer, de acorralarnos; pero yo os digo que el germano noha combatido nunca mejor que cuando tuyo que defenderse solo eontra todos... Si quieren luchar, que vengan... ¡Estamos prontos! üntentes. ¡Alianzas! ¡Visitas y cumpli mientos diplomáticos! ¡Brindis acaramelados y párrafos brillantes con las palabras paz y prosperidad al final! ¡Qué bonita música ésta para acompañar á los jefes de Estado en sus viajes de propaganda y recreo! El Kaiser, por lo visto, entiende la política de otra manera, y con un gesto, con un solo gesto, ha obrado más rápidamente que todos los diplomáticos juntos y ha conseguido dos cosas: devolver la tranquilidad á sus subditos y moderar el lenguaje de la Prensa francesa, recordándola que el camino de Versalles es un paseo encantador, lleno de históricos recuerdos para los alemanes... JOSÉ JUAN CADENAS. París, Junio. rector del Colegio del Patriarca, D. Pascual Biosca. A la izquierda se colocaron el alcalde, don José Maestre; el señor obispo de Loryma, D. Francisco García; el general de brigada D. Demetrio Cuenca; el deán D. José Cirujeda; el comandante de Marina, D. Rodrigo de Quesada; el presidente de la Audiencia provincial, D. Francisco Vasco, y el delegado regio de primera enseñanza, D. Francisco Maestre Hubo discursos elocuentes, música y lectura de poesías, terminando la sesión con breves y elocuentes palabras del iseñor arzobispo. CRÓNICA TELEFÓNICA A B C EN LA GRANJA DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL SAN ILDEFONSO, 18, 9 N. NUESTROS GRABADOS I a procesión del Corpus. En otro lugar de este mismo número reseñamos Ja procesión del Corpus, que recorrió ayer algunas calles de esta corte con el mismo ceremonial de todos los años. Nuestro primer grabado representa el paso de la comitiva por la Puerta del Sol Jubileo pontificio. J La Junta diocesana de Valencia ha celebrado, con motivo de las fiestas jubilares de Su Santidad Pío X, una sesión solemne en el amplio claustro del Real Colegio del Corpus Christi. Ocupó la presidencia en el estrado el arzobispo, Sr. Guisasola. A su derecha tomaron asiento el gobernador civil, Sr. Pérez Mozo; el obispo de Segorbe, D. Antonio María Massanet; el presidente de la Diputación provincial, D. Juan Bautista Validecabres; el presidente de la Audiencia territorial, D. Ambrosio Tapia; el fiscal de Su Majestad, D. Jacinto Jaraíz; el rector del Seminario, D. Rigoberto Doniénech, y el unque la musa popular incluye el día del Corpus en los tres jueves del año que relumbran más que el sol, por esta vez no ha sido verdad tanta belleza. Los que aquí madrugan mucho aseguran que á la hora de salir el sol éste se mostró unos minutos, como para dar fe de su existencia, en duda desde hace dos días; pero ocultóse en seguida entre las nubes, se desgajaron éstas en agua, como si no hubiese llovido nunca, y así ha pasado el día. Los Reyes oyeron misa desde la tribuna de Palacio, oficiando en la ceremonia religiosa el abad de la colegiata, D. Víctor de la Vega. En el exterior del templo y adosados al muro se habían colocado cinco magníficos tapices flamencos del siglo XVIII, prodigiosa obra de arte, en la que no se sabe qué admirar más, si lo delicado de la composición ó la brillantez del colorido. Representan la adoración del Niño Jesús, la entrada en Jerusalén, la Cena, la Crucifixión y la Resurrección. Vecinos y forasteros, paisanos y militares pasaron largo rato contemplando los soberbios tapices y mirando de vez en cuando al cielo en solicitud de misericordia. Cerca ya de las once, y viendo que no se extendía la tropa para formar la carrera, supúsose que se había suspendido la procesión por el temporal; pero, de improviso, el Rey, á quien- -bien lo tiene demostrado- -no arredran los elementos, se presentó en el patio de Palacio, vistiendo uniforme de Infantería, con las insignias de capitán general y el núm. i del inmemorial regimiento del Rey en el cuello. En el pecho mostraba el Monarca los collares del Toisón y de Carlos III y, entre otras placas, las de las cuatro órdenes militares. Entró D. Alfonso en la colegiata seguido de los elementos palatinos y de sus ayudantes, y organizóse la comitiva, que salió cuando más arreciaba la lluvia, rompiendo la marcha cuatro soldados de la Guardia civil de á caballo; seguían luego en dos filas los ujieres de Palacio; iban detrás los estandartes de las cofradías y la notable cruz de plata que se conserva de tiempo de los godos; á los lados, los jefes y oficiales de Cazadores de Barbastro y de la Guardia civil, las autoridades, el cabildo y, finalmente, la custodia, que iba bajo palio, sostenido por cuatro Alabarderos. Escoltábala el Rey, descubierto y aguantando el agua violenta que caía. Seguían á S. M. el general conde del Serrallo, el marqués de Viana, el grande de España de guardia, duque de Arlón; los ayudantes generales Miláns del Bosch, Elorriaga y conde de Aybar; los médicos de cámara Sres. utiérrez y Ledesma; el secretario particular de Sa Majestad, Sr. Torre; el oficial de la secretaría Sr. Churraca, el de la mayordomía Sr. Gamiz y el farmacéutico Sr. Bayot. Todos iban de uniforme, con bandas y cruces, que sufrieron el consiguiente deterioro en los veinte minutos que tardó la comitiva en dar la vuelta á la Alameda para entrar en la colegiata por la puerta opuesta á aquella por la que había salido. Huelga decir que D. Alfonso entró en el templo completamente calado de agua. La Reina, mientras duró la procesión estuvo viéndola con la duquesa de San Carlos y la marquesa de Salamanca desde uno de los balcones de Palacio. Llevaba S. M. un elegante vestido de raso azul claro y prendida airosamente la clásica mantilla blanca. Con trajes de Corte de tonos claros estaban también sus damas, y con ellas pasó la Reina á la tribuna de la iglesia mientras terminó la ceremonia religiosa dentro del templo. A mediodía llegaron en el automóvil de la Presidencia el ministro de Comercio francés, Mr. Cruppi, y el embajador, Mr. Revoil, acompañados del secretario de la Embajada, Sr. Careaga. Descansaron breves momentos en un hotel los ilustres viajeros y subieron en seguida á Palacio, donde fueron recibidos inmediatamente por SS. MU. La Reina había cambiado, claro está, de vestido, y el Rey se había puesto de levita. Sirvióse el almuerzo en Palaeio, y cuando terminó, D. Alfonso enseñó los principales salones de su morada al ministro y al embajador francés. Luego, en obsequio de los mismos, dio orden el Monarca de que se hiciesen correr las fuentes que se ven desde Palacio, y así pudieron contemplar, con el Rey, Mr. Cruppi y Mr. Revoil la fuente de la Fama, cuyo surtidor se elevó cerca de 50 metros, en victoriosa competencia con los inagotables hilos de la lluvia; la de la Carrera de caballos, con sus ciento y pico de surtidores artísticamente combinados y sobresaliendo en el fondo, en último término, la cascada de Andrómeda. Y finalmente vieron también la de las Tres Gracias y alguna otra. Aun sin el sol, cuyos rayos sobre los juegos de agua producen tan singular efecto, el espectáculo agradó muchísimo al ministro y al embajador, que al marcharse, cerca de las cuatro, en automóvil, se hacían lenguas de la amabilidad con que los Reyes les habían reeibido y expresaban su gratitud por las atenciones y agasajos de que el Monarca les había colmado. A ambos regaló D. Alfonso retratos suyos con expresivas dedicatorias. Los ilustres viajeros vieron un momento al príncipe de Asturias. A media tarde, lloviendo siempre, dieron los Reyes un corto paseo en automóvil, y su habitual en lando, tirado por muías, él heredero de la Corona. Por hoy no pasó más. Para mañana está anunciada, á pesar de que continúa el temporal, la excursión del Rey á Colmenar. Don Alfonso saldrá de aquí en automóvil, á las nueve y media de la mañana aproximadamente ALFONSO R. SANTA MARÍA MADRID AL DÍA Duen día del Corpus! Por poco salimos á ver la procesión con gabán de solapa altas ó con capa hasta las orejas. Estamos en Junio porque lo dice el almanaque. Si no, nos creeríamos en Febrero ó en Octubre. Salió la procesión con la solemnidad de costumbre. Presenció el desfile una concurrencia inmensa, y á falta de otras novedades, hubo una alarma que á los espectadores les puso la carne de gallina, y por poco de gallina asada á algunos de ellos, porque se trataba de un incendio. Ardió un automóvil en la plaza Mayor. El automóvil era el del señor alcalde. Afortunadamente la cosa no pasó de una función de fuegos arti-