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DE TODO EL MUNDO, POR CABLE, POR TELÉGRAFO TELEFONO DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL DE TOPÓ EL MUNDO, POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELEFONO fensiva. París es como esas damas caprichosas que á cada nuevo amante le juran amor hasta la muerte. Mientras Alemania callaba, las valentías de la Prensa parisién crecían... Pero de pronto se dice que el Kaiser ha montado á caballo, ha pasado revista á sus soldados y en presencia de ellos ha manifestado que Alemania está dispuesta á luchar sola contra todos, y la. bravata se desliza por los hilos del telégrafo, cae en las redacciones como una bomba y llena de espanto los p e r o ¿es que se puede hacer una política á todas luees agresiva contra una nación y pretender que esta nación se resigne? Los flirteos coa Italia, el afianzamiento déla, enfeníe, la aproximación anglo- rusa, no tienen más objeto que aislar á Alemania, y todavía se asombran aquí de que el Kaiser, en un momento de mal humor, haya pronunciado frases amenazadoras. Pero el tono de la Prensa cambia de la noche á la mañana, y las arrogancias de las pasados días se tira. ssfonran cu w. der. es A B C EN PARÍS b dicho? Y en las redacciones de los periódicos esperan impacientes los despachos de las agencias alemanas para saber de una vez si el Kaiser ha pronunciado las amenazadoras palabras que se le atribuyen ó si son uno de tantos infundios KAJbLK I AS PALABRAS ¿Lo ha dicho? ¿No lo a i 3O LEMNF VALENCIA. JUBILEO PONTIFICIO ííSION EN EL ATRIO DEL CLAUSTRO DEL COLEGIO DE CORPUS CHR 1 STI, BAJO LA PXiíiSlDENCIA DEL ARZOBISPO SR. GU 1 SASOLA F o t Cardona Pero lo que escá fuera de toda duda es que un solo gesto del Kaiser saca de quicio á las gentes en París, que se echan en seguida á temblar. Y la verdad, no se compaginan bien este terror que una palabra de Guillermo II causa y el lenguaje de laanayor parte de la Prensa durante el viaje- de Mr. Fallieres á Londres y en los días de la entrevista de Reval. Orgullosa, desafiadora casi, gran parte de la Prensa de París comentaba los brindis regios cambiados en Reval y hablaba de la formación de la nueva Tríplice y de la probable conveniencia de transformar la entente con Inglaterra en alianza ofensiva y de- hogares apacibles de b u r g u e s e s y rentistas. ¿En qué quedamos? Hace cuatro días, un señor senador publicaba un. artículo en Le Journal diciendo con aires conquistadores que el Ejército francés estaba perfectamente preparado para reverdecer los laureles de Jena y Austerlitz, y hoy, apenas enterados del gesto imperial, los periódicos se apresuran áhablar de prudeneia, de moderación y á aconsejar la calma á los espíritus asustados. Dice bien Clernenceau: en Francia reina la incoherencia. sonsejos y ea protestas de sincero amor á la paz. Y es que Francia, aunque tarde, se va dando euenta de que en el inmenso tablero del ajedrez europeo se juega una empeñada partida entre Inglaterra y Alemania, y las demás naciones, grandes y pequeñas, limítanse á desempeñar con mayor ó menor entusiasmo el desairadísimo papel de peones. Porque, ¿cómo explicar, si no, este radical cambio de tono en el lenguaje de la Prensa parisina apenas telegrafiadas las palabras del Kaiser? ¿No habíamos quedado en que Francia había vuelto de Londres y de Reval más fuerte y poderosa que nunca?