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DE TODO EL MUNDO POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELÉFONO sehta y cuatro años y no haber adquirido todavía alguna notoriedad, es cosa dolorosa... Es una edad triste para el publicista que continúa siendo desconocido, es una ON S 1 EUR GREGORI Mr. Gregori tie- edad desconsoladora, porque es el momennesesenta y cua- to en que los hombres comenzamos á atritro años, es periodista y, según declara su buir á los demás las culpas que sólo son director, Mr. Arthur Meyer, está encargado nuestras... Mr. Gregori, allá en sus verdes años, soñó dei gran reportage militar de Le Ganlois. Ahora bien: Mr. Gregori, que cuenta se- con la celebridad... ¿Qdé escritor no ha pensenta y cuatro años y está encargado del sado hacerse célebre? Quizá tuvo Mr. Gre gran reportage militar de Le Gaulois, debe gori la pretensión de revolucionar toda la DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL DE TODO EL MUNDO POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELEFONO ser más los que perecen en la lucha que los que triunfan. Con los años, el publicista francés que no ha logrado imponer su nombre ve que desaparecen las probabilidades de adquirir la anhelada celebridad. Pero aquí, en Francia, los detraques tienen una medicina, y para acicatearse, para engañarse con una ficción de confianza en sí mismos, acuden al ajenjo... j (Oh! No os asustéis... Es una gota, apenas una gota, lo que se toma al principio... Lo malo es que luego se va aumentando la dosis, y el aficionado A B C EN PARÍS ASPECTO DE LA PLAZA DE TOROS DURANTE El MITIN CELEBRADO ANTEAYER TARDE VALENCIA. CONTRA LA LEY DEL TERRORISMO tener una brillante historia periodística, ¿no es esto? Pues yo apuesto doble contra sencillo á que, fuera de D. Jenaro Alas- -que lee todo lo útil y todo lo inútil, con tal de que sean cosas militares, -nadie conoce en España á Mr. Gregori, á pesar de sus sesenta y cuatro años de publicista. Pero no se avergüencen ustedes de su ignorancia... E n París tampoco sabíamos nada de Mr. Gregori. Ha sido preciso que le pegara dos tiros á Dreyf us para que nos enterásemos de que estaba encargado del táctica militar con sus escritos y estudió, luchó, vertió toda la ciencia almacenada en su cerebro en libros copiosos, en artículos de apretada letra, en folletos, opúsculos, periódicos y revistas... Y cuando sin duda pensaba que sus reflexiones debían estar siendo la preocupación mayor de los Estados Mayores de todas las potencias militares del mundo, Mr. Gregori hizo un día el doloroso descubrimiento de que, fuera de la redacción y del reducido círculo de amigos, nadie se había enterado de sus elucubraciones. Esto suele suceder á la mayor parte de los escritores que van en busca de la noto gran reportage militar en Le Gaulois. ¡Ay, Dios! I Iegar un periodista á los se- riedad, porque, naturalmente, tienen que al verde licor, que comenzó tomando una gota, acaba... pegándole dos tiros á Dreyf us. ¡Y ya llegó la notoriedad! ay que reconocer que Mr. Gregori eligió a bien el momento... Figuraos el Panteón de hombres ilustres en día de gran ceremonia oficial, lleno de solemnes personajes, desde el presidente de la República hasta- el último concejal... Y Mr. Gregori, allí en medio de toda aquella gente, con sus seseatay cuatro años de periodista obscuro, dos pintas de ajenjo en ayunas y un revólver en el bolsillo... No... Aquello era demasiado tentador.