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A B C VIERNES 5 DE JUNIO DE 1908. EDICIÓN 4 a PAG. 7. gando que ello constituía una grave infracción legal; los gntos é increpaciones eran ensordecedores y contagiaron al público de la tribuna, que comenzó á vociferar, dirigiendo auros apostrofes á los liberales. Impotente para dominar por el pronto el escándalo, el alcalde suspendió la sesión y dio orden de despejar la tribuna. En ésta penetraron, poniendo mano en la empuñadura del sable, varios guaidias, y como la gente mostrase alguna resistencia pasiva, repartieron empellones y codazos hasta lograr el despejo. Mientras, en los escaños arreciaba el escándalo. Los concejales se increpaban y hasta sonaron palabras de reto personal. Los minutos transcurrían sin que la calina se restableciese. Atraído por el estruendo, presentóse un oficial de Orden público al frente de un pelotón de guardias. Casi al mismo tiempo penetraba en la Casa Consistorial el gobernador interino, y, dirigiéndose á la Alcaldía, conferenciaba con el conde de Peñalver. Por fin, el cansancio, más que otra cosa, fue aplacando los ardores. El alcalde tornó á ocupar la presidencia, reanudando la sesión; los Sres. Iglesias y Barranco protestaion por la intervención de la fuerza pública, y nuevamente se anunció, esta vez para verificarse, que comenzaba la votación. Sólo estaban presentes dos liberales; uno, el Sr. Larrea, votó en pro; el otro, que era el Sr. Mazzantini, se abstuvo, manifestando que insistía en abstenerse aunqne incurriera en responsabilidad. La proposición quedó aprobada por 10 votos contra ocho. El alcalde dijo: Pasará á Comisión Y estas palabras dieron motivo á nuevas protestas. ¡Lo que hemos votado es la urgencia! -gritaban los Sres. Iglesias, Santillán y Fischer. ¡No, no! -contestaban á voces los conservadores. Promovióse otro tumulto. Y el alcalde no halló mejor medio de dominarlo que anunciar nueva votación. Se va á votar la urgencia -dijo. -Y se votó, y también la ganaron por dos votos los socialistas v republicanos. Con esto, el salón convirtióse en mansa oalsa de aceite. Entraron en grupo los ediles libélales, y sin interrupción alguna fuéronsc aprobando todos los asuntos del orden del día. Entre ellos figuraba el dictamen aprobando la propuesta hecha por el tribunal de oposición á las plazas de médicos de la Beneficencia municipal. También quedó aprobada una proposición pidiendo se de á una calle importante el nombre de Ruiz Zorrilla. Ya muy cerca de las dos terminó la sesión. A la puerta de la Casa de la Villa, un fuerte retén de guardias impedía la aglomeración de público. El conde de Peñalver apenas permaneció dos minutos en su despacho. Prestamente tomó su carruaje, y algún repórter oyó que daba orden para que el coche se dirip- iera ár la calle de la Lealtad. CUENTOS ILUSTRADOS A otro cualquiera que no hubiese sido Benouyard se le hubiera ocurrido gritar y armar un descomunal escándalo. Pero nuestro héroe sabía que los apaches detestan el ruido y suelen revolverse contra quienes lo producen. Era preciso ser muy hábil para salir con bien de aquel mal paso, y Benouyard adoptó pronto una resolución. Se sentó en una silla y principió á sollozar en c escendory cuando hubieron inundado su compungido rostro verdaderas lágrimas, exclamó piso. No me guardes rencor; me voy. Pero antes, toma ese dü! o para tu madre. El ladrón, mientras hablaba, había sacado del bolsillo, con delicadeza, una moneda de cinco francos, que depositó en la mauo de Benouyard. Este se puso los pantalones y las zapatillas y acompañó al malhechor hasta la escalera. Cuando el apache llegó abajo, Benouyard no pudo reprimir una carcajada. El otro la oyó y de repente lo comprendió todo. ¡Le habían engañado! Se paró, levantó el pufí 35 y con una voz olímpicamente despreciativa, gritó: Ladrón I JUAN ROSNIL. LOS INFANTES EN ZARAGOZA POR TELÉFONO DE NUESTRO SERVICIO PARTICULAR 1 UEYES 4. 6 T 1 a llegada. Las calles céntricas hallábanse animadísimas desde mediodía. Poco antes de las tres comenzó la afluencia de público en los alrededores de la estación. Los andenes estaban repletos de comisiones. Se encontrar ban presentes todas las autoridades. Había también muchas señoras. Al entrar el tren en agujas hizo los nonores una compañía con bandera y música ¡Ay de mí! ¡Soy un ingrato! Son mañana Tocó ésta la Marcha Real. los días de mi anciana madre, y yo lo sabía, SS. AA. descendieron del coche y fueroc y ¡sin embargo... cumplimentados en el acto por las autori ¡Miserable Benouyard, no has sabido dades. ahorrar ni un miserable duro para ofrecerEl alcalde ofreció á doña María Teresa ut le un recuerdo! precioso ramillete de flores. ¡Te has olvidado de ella, y ese olvido es Después de pasar revista á la compañía imperdonable! Esta mañana tenías 20 fran- y á los acordes de la Marcha Real, saliecos, y esta noche ni un céntimo. Lo has gas- ron SS. AA. de la estación y ocuparon ur. tado todo en el café. ¡Llora ahora, animal! lando, en el que también iba la condesa df Mientras lanzaba contra sí mismo tan Mirasol. violenta diatriba, abundantes lágrimas atesLa Infanta llevaba en brazos á su hijo. tiguaban su fingida desesperación. La comitiva se dirigió por el paseo de i De repente partió de debajo de la cama Independencia y calle de Alfonso XII a 1 un sonoro estornudo. Emocionado por las Pilar. palabras de JSenouyard, el dueño de las enormes botas revelaba su presencia. El p n el Pilar. apache surgió con los ojos llenos de llanto. En este templo esperaban á los augus Luego, alargó una mano sucia hacia Benou- tos visitantes el arzobispo, Sr. Soldevilla; e yard, y exclamó con la voz entrecortada obispo auxiliar y el clero, con cruz alzada Cantóse la Salve, y después el arzobispo por la emoción: con el infantito, á quien llevaba la condesa de Mirasol, hizo el ofrecimiento á la Virgen La luí anta oró ante la Virgen largo rato La Virgen del Pilar lucía un valioso man to, regalo del fabricante valenciano Sr. Bu rillo El infautito también oró ante la images de Nuestra Señora. Después de terminada la ceremonia del Pilar se dirigieron los Infantes por la calle del mismo nombre al palacio arzobispal. E n las calles, una muchedumbre compac ta vitoreó á los Infantes y al infantito, quí iba en brazos de su aya. ü n la Exposición. Después de un pequeño descanso, marcharon á la Exposición, donde fueron recibidos por el Sr. Paraíso y el Comité ejecutivo. r La Infanta fue obsequiada con un ramo de flores. Los Infantes visitaron todas las instala ciones, deteniéndose en la del Patrimonio Real. Las augustos visitantes fueron agasaja dos por casi todos los expositores con regalos, y especialmente el infantito. Después fueron obsequiados con un luncJu Terminada la visita á la Exposición volvieron á Palacio, viendo las iluminaciones del paseo de la Independencia y plaza de 1? A Pa. acio. r JUEYES, 4, I O N T 5 enou ard tenía sangre fría, y además, ini ciativa, cualidades ambas con las cuales se puede salir con bien de situaciones difíciles. Una noche regresó tarde á su casa, desnudóse rápidamente, é iba á acostarse cuando vio dos enormes suelas que asomaban por debajo de la cama. ¿Qué era aquello? No había duda; aprovechando su ausencia, había penetrado en la habitación algún malhechoi. La situación era clara: la extraña posición del intruso revelaba evidentemente culpables intenciones. LA SANGRE FRÍA DE BENOUYARD iPobie hombre! También tengo yo una parienta anciana allá en el pueblo. ¡Soy lo que soy, pero tengo buen corazón... Si estoy aquí es porque me habré equivocado de