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DE TODO EL MUNDO, POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y TELÉFONO y m dente... Y de pronto, joh dolor! una de sus botas pisó en el rnismo centro de un charco, y la bota salió, como podrán calcular los lectores, completamente enlodada. ¿Quién puso allí, en aqael sitio, el charco fatal? ¿Quién empujó la bota hasta el centro A yer mañana iba yo paseando por la Mon- del charco? Sea el destino, ó sea otra cual cloa (bajo aquel bello pinar que hay en quiera voluntad invisible, el caso es que lo alto del parque) cuando rae encontré de D. Antonio Maura se detuvo, se inclinó somanos á boca con el mismo presidente del bre su bota sucia y se quedó un instante Consejo de ministros. La mañana no podía pensativo. Pero, en fin, la ocasión no conser más ideal: corría uu airecillo fresco; el sentía dudas ni dilaciones; no se trataba de sol apenas si molestaba; algunos pájaros algún asunto de obiern- de esos que la unían sus cantos á los mon tonos cris- cris molicie nacional permite qae se dejen para de los grillos, y, lo que es mejpr todavía, no el santo día de mañana. Era ñ e za limpiar LAS INTERVJUS IMAGINARIAS DE TODO EL MUND O POR CABLE, POR TELÉGRAFO Y mmm TELEFONO ¡Sería un abuso... -Sentiré que desdeñe usted mi humilc ofrecimiento. -Bien, muchas gracias. El lodo era ya escaso; mi pañuelo era grande; quiere decirse que la bota se limpió por completo. Entonces pensé yo que debiera cobrarme mi servicio. La vida es un cambio de servicios y deberes: do ut des. Mi pañuelo había sido muy útil; el Presidente, en justa correspondencia, debía serme útil á mí. No dudé ni un minuto más. ¿Qué piensa usted hacer ahora, D. Antonio? El Sr. Maura se irguió, miróme de alto COMO PIENSA EL PRESIDENTE CORUÑA. FIESTAS DEL CENTENARIO DE 1808 Fot. Fe er. EL GOBERNADOR SR. CRESPO DE LARA, PRONUNCIANDO UÑ DISCURSO CONMEMORATIVO EN LA PLAZA DE AZCARRAGA era la hora del paseo, no había paseantes la bota, extirpar el lodo. Y, en efecto, el Pre- á abajo, y respondiócon indudable asombro: sidente sacó su pañuelo, se agachó y res- ¿Qué pienso hacer ahora? ¿Y sobre qué... tri ninguna clase de muchedumbre. -Sobre la cuestión esa del terrorismo Desde aquel admirable paseo podía ex- tregó una y varias veces la indiscreta bota. Ahora bien; el lodo era mucho, el pañue- ¿El terrorismo, dice... playarse la mirada y ver las frondosas arY aquí el Sr. Maura volvió á examinarme boledas de la Casa de Campo, allí precisa- lo era pequeño; quiere decirse que la bota mente donde Pío Baroja ha puesto uno de siguió sucia. Y allí verían ustedes al señor de una rápida mirada, como queriendo deslos más interesantes capítulos de su Dama Maura completamente perplejo ante un caso entrañar el sentido de mi indiscreción y de tan insólito y sin saber qué acuerdo tomar. mi persona. Yo temblé... Pero no; por una Errante. Tropecé, pues, con el señor Presidente, y Entonces, yo, que había estado observando parte la fresca mañana, por otra parte la estaba yo viéndole acercarse. Venía solo, toda la escena, me dije lleno de coraje: Ea, oportunidad de mi pañuelo, habían predisabstraído en la contemplación del paisaje, amigo ha llegado tu cuarto de hora... Y puesto al señor Presidente en favor de sojugando con la cadenilla de su reloj ó atu- avanzando unos pasos saqué mi pañuelo, lo luciones de concordia De modo- que, en lugar de mandarme á paseo, el Sr. Maura sándose nerviosamente la canosa y punti- tendí hacia el Presidente y exclamé: sonrió y dijo: aguda barba. Venía abstraído el señor Presi? d usted servirse de mi pañuelo.