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A B C MIÉRCOLES 27 DE MAYO DE i9o8: YEDICION PAG. i5. ladrillo ensangrentado que se halló junto á la víctima. El cadáver se hallaba vestido de negro y la cabeza, cubierta con un velo. Consideraciones. Por este y otros detalles se supone que la Tene. nos á la vista la segunda edición víctima fue acometida al entrar en su casa. del crimen de la calle de Tudescos, todavía I a víctima. impune. También en éste concurren circunstancias Se llama doña Filomena Meliá, de cinde su maritan raras y anormales, que requieren que cuenta años, casada y separada hace veintise ponga á prueba la astucia y sagacidad do, y habitaba en la casa desde de un juez y toda la actividad y diligencia cuatro años. Doña Filomena era una señora de carácde la Policía. apacible, muy dada á las eosas de igleA ésta se le ha presentado la ocasión de ter v á las prácticas religiosas. sacarse la espina que le dejó clavada el ase- sia sino de Vicenta Verdier, y confiamos en que, por la negra honrilla y por volver por sus fueros, un tanto averiados, pondrá á contribución toda su inteligencia para desfcubrir al autor del misterioso crimen de ayer. a primera noticia. í A las seis de la tarde de ayer se presentó en el Juzgado de guardia el dueño de la casa de la calle de Aceiteros, denunciando que la inquilina del piso primero no salía de su habitación hacía tres días. El Juzgado de guardia, compuesto de J S Sres. Trassierra, juez, actuario Rives. se constituyó en la indicada casa y calle (que está situada en los Cuatro Caminos) comenzando á instruir las primeras diligencias. Uno de los. balcones de la habitación de la víctima está pegado y á medio metro de distancia de un alto del terreno. Es decir, que se puede pasar con mucha facilidad desde la calle al balcón. FILOMENA MELIÁ Cuando llegó el J uzgado á la que duranVICTIMA DEL CRIMEN te muchos días se llamará casa del crimen, numeroso público se había estacionado en Su ausencia no alarmo en los primeros las inmediaciones de la casa, haciendo toda clase de comentarios y esperando noticias momentos á los vecinos, los cuales recordaque confirmasen las tristes suposiciones que ban que el año pasado tuvo doña Filomena un eclipse de ocho días, durante el cual no todos hacían. le ocurrió nada extraño. pl Juzgado. Llegó á las seis y media. Aiu cupo que Tenía bienes? Aunque doña Filomena vivía, al paretm oficial del Cuerpo de Seguridad, utilizando una escalera, había subido hasta uno cer, nada más que de la pensión que trimesde los balcones del piso primero, sin que tralmente la pasaba su marido por cenducto de un amigo, vaquero de profesión, se hubiese logrado averiguar nada. El juez, Sr. Trassierra, después de lla- asegura que ella tenía algunos bienes de su mar repetidas veces á la puerta, y en vista propiedad, y que éstos han sido el móvil del de qae desde dentro nadie contestaba, or- crimen. denó que un cerrajero violentara la puerta. yecina que oye. Muchos esfuerzos hizo el artífice para Una vecina ha dicho que el sábado cumplir la orden del juez, y por fin la puer- por la tarde, cuando doña Filomena entró ta tuvo que ser derribada, porque el cerrojo en su casa, habló con un sujeto llamado estaba echado por dentro. Juan, el cual le pedía dinero. ¡Como en la calle de Tudescos! -No tengo- -parece que contestó doña Franqueada la entrada, penetró el Juzga- Filomena. do y comenzó- á reconocer una por una las- ¡No ha de tener usted! -contestó él airadistintas piezas que hay en la habitación. damente. Compónese el piso de un peqaeño pasiYdice siguieron discutiendo sin que la. vello, á la derecha del cual hay una salita de cina pueda decir cómo terminó el diálogo. reducidas dimensiones. En ella varias silias y una mesa en el centro. A la izquier- I Inadetención Terminada la inspección ocular, -y da, una cómoda con el cajón de abajo abierto y en desorden las ropas que en él había. convencido el juez de que se trataba de tin Sobre la cómoda, dos cajas, cuyas cerradu- crimen, hizo comparecer á su presencia á una mujer que servía á doña Filomena en ras están violentadas. Al final del mencionado pasillo se obser- concepto de asistenta. Llámase ésta María de la Cruz; tiene cuavaron dos regueros de sangre, que partían de una habitación situada al final de dicho renta y cinco años, es lavandera de profesión y está casada con Ramón Martin. Ampasillo. Al presentarse en esta habitación, que se bos viven en la calle de Garellano, núm. 5. Ante el Sr. Trassierra declaró María de la iallaba completamente desamueblada, vio el Juzgado un colchón en el sueio, bajo el Cruz, y algo anormal encontraría el juez en íual asomaban unos pies calzados con unas las manifestaciones de la asistenta, cuando ordenó ipso fado que quedara detenida é ineotas de paño- negro. Levantado el colchón, apareció el cadá- comunicada en uno de los calabozos del ver de una señora como de unos cincuenta Juzgado. años, enjuta de carnes y de regular esta- 1 f n detalle. tura. En el Juzgado de guardia, en tanto Tenía las manos atadas fuertemente con que María de la Cruz declaraba, hallábase una cuerda de atar escobas y estaba amor- su marido. Apenas éste supo la determinada. -ada con un trapo negro. ción del juez respecto de su esposa, hizo? ín la cabeza se le apreció una gran heri- que uno de los alguaciles le entregase el da, que parece haberle sido causada con un mantón, que él tenia en su poder, y se mar- CRIMEN chó á toda prisa sin atender á las pregun. tas que diferentes personas trataban de hacerle. Este detalle tué muy comentado. jU uevos personajes. J Siguiendo el curso de sus aceitadas investigaciones, el juez averiguó, ue liasta el miércoles de la semana pasada vivieron en compañía de doña Filomena dos hermanos de María Cruz llamados At afcasio y Librada. Doña Filomena les daba habitación gratuitamente á cambio de que le hicieran compañía. Desde el miércoles de la semana pasada tenía á su cargo la portera de la casa número 2 de la calle de Caballero de Gracia. Atanasio y Librada han sido llamados por el juez de guardia. r eclaraciones, El primer testigo que compareció ante el juez fue doña Rosa Martín, que habita isn el piso segundo, izquierda, de la easa del crimen, precisamente encima de la habitación de doña Filomena. Esta señora fue la que escuchó el diálogo que el sábado último sostuvo la víctima con el llamado Juan. Ante el juez declaró que, según referencia de Atanasio y Librada, doña Filomena era una señora excesivamente avara; gastaba en comer 50 céntimos diarios, y en cuanto á su carácter, era un tanto raro. Los hermanos Martín se quejaban del carácter de doña Filomena, que calificaban de insoportable, y de su excesiva avaricia siempre que se trataba de cuestiones económicas. Doña Rosa solía acompañar á su vecina; la solía dar tazas de caldo, pues la cantidad que aquélla invertía en su alimentación era á todas luces insuficiente para satisfacer las necesidades orgánicas, y permitía qtie sus hijos hiciesen cuantos recados íes encomendaba doña Filomena. Esta señora oía tires misas diarias, una en la iglesia de los Angeles, otra en el oratorio de las Fernandas y la tercera en las Teresas. El sábado, á eso de las dos y media de la tarde, oyó que doña Filomena hablaba con un hombre, al que decía: -Juan no acostumbra á ir á esas casas... Luego añadió, tras un pequeño intervalo de silencio: -Explícate: ¿qué quieres? ¿Mantón? ¿Man tilla? ¿O manto? Si es para los hombros, tengo aquí uno de lana; pero le va á dar mucho calor y no le sirve. Después no oyó más. Como el domingo no la viese salir á misa ni asomada al balcón, según tenía por costumbre, comenzó á intranquilizarse; pero no comunicó á nadie sus pensamientos, conociendo las habituales rarezas de doña Pilomena. 1 1 marido de la víctima. Se llama D. Gaspar Villagfáu Gil Sauz, de sesenta y tres años, sin profesión determinada y habitante en la plaza de Santo Domingo, 18, piso segundo izquierda. Hace dos años regresó de Chile, donde permaneció desde el año 1894; es decir, el tiempo que hace que se separó de doña Filomena. Durante este tiempo le pasaba 125 pesetas mensuales, y en algunas ocasiones aumentaba esta cifra, pero no recuerda á cuánto. Estas cantidades, que satisracia por trimestres, se las enviaba por conducto de na tal Frutos; después, por indicación del dueño del café Inglés, y desde hace u; i año, tenía este encargo un tal Joaquín vaquero que vive en la calle de Oviedo. Don Gaspar ignora ¡as amistades que tenía su esposa: nada sabe con rcsu. -L. á su E