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A B C MARTES 26 DÉ MAYÓ DE 1908. EDICIÓN 4. PAG. 8. SUCESOS 1 OS AUTOMÓVILES El atropello del día, -mejor dicho, de l a noche, ocurrió en la calle de Ferraz, esauina á la de Ventura Rodríguez. A dicha hora y á desusada velocidad marchaba él automóvil del conde de Taruowki, primer consejero de la Embajada de Austria en esta corte, y guiado por el chauffeur Franz Sdrahald, de veintiún años, natural de Viena. En el indicado punto alcanzó á u n j o ven de quince años llamado Ricardo Bueno Ruiz, natural de Zaragoza, y encuadernador de oficio. Conducido á la Casa de Socorro de Palacio, se le apreció la fractura completa de la pierna derecha y erosiones en la cara y en la cabeza. Después de que se le practicó la primera cura, el herido pasó á su domicilio, Cristo, 4. El chauffeur fue detenido é ingresó en el Juzgado de guardia. E l público apedreó el automóvil, rompiéndole los cristales, porque quiso escapar. En aquel momento, el conde de Peñalver, que pasaba por allí, intervino, ordenando la detención del chauffeur. Este insultó al conde groseramente. í 351 secretario de la Embajada fue á la Comisaría á pedir que pusieran en libertad al chauffeur, y el comisario se negó. Ivuego, al J u z g a d o de guardia, con igual petición, ry el juez, Sr. Cano- M nuel con toda la c r T qía q u e requiere el caso, se negó. UARD 1 A HERIDO Anoche, á las ocho, ocurrió en la calle BOLSAS DEL DÍA 26 ADRID. Cierre: Interior contado, 83,35; fin de mes, 83,45; Amortizable, 100,75; Banco de España, 461,50; Banco Hipotecario, 226; Banco de Castilla, 92; Banco Español de Crédito, 117; Tabacos, 406; Explosivos, 334; Azucareras preferentes, 102,75; ordinarias, 40; Francos, 13,60; fibras, 28,55. A B C EN LONDRES EL VIAJETM DE FALLIERES (DE ¡MUESTRO ENVIADO ESPECIAL) Para informar d nuestros lectores del vu. je del presidente de la T epública francesa á Londres, ordenamos á nuestro redactor- corresponsal en París, Sr. Cadenas, que se trasladase á la capital del T eino Unido, á fin de comunicarnos en crónicas telegráficas sus impresiones al día sobre los sucesos que ocurran con motivo de la visita presidencial á la corle británica. fíe aquí la primera de esas crónica LONDRES, 2 5 de Magallanes un suceso verdaderamente extraño, y un si es no es misterioso. Hallábase en dicha calle, y prestando un servido especial, el agente de Vigilancia núm. 164, D. Victorio Serna areía, de veintirinco años, casado y natural de Villarejo de Salvanés (Madrid) De pronto, tres individuos que marchaban por dicha calle comenzaron á discutir acaloradamente y á golpearse con verdadero ensañamiento. El agente Victorio Serna intervino para poner paz, sin ser obedecido, y entonces uno de los individuos que cuestionaban se metió en la casa núm. 5 duplicado, saliendo al poco rato con una guerrera de guardia de Orden público sobre los hombros y un revólver de reglamento en la diestra, con el cual amenazaba á todos cuantas casaban por la calle. El agente Serna se dirigió al del revólver, arrostrando el peligro que indudablemente corría, y en este instante fue sujetado por detrás por un individuo, que resultó Ser Celestino Rodríguez. Pedro Serna desasióse del que le sujetaba y dirigióse resueltamente al del revólver, logrando arrebatarle el arma, no sin haber antes recibido una fuerte contusión en la región parietal derecha, de pronóstico reservado. Acudió al sitio de la ocurrencia una pareja de agentes de Seguridad, la que detuvo al repetido hombre del revólver, que resultó ser el guardia de Seguridad Juan Benavente Irozola, el cual quedó detenido y á disposición del juez de guardia. G TERRIBLE INUNDACIÓN POH CABLE DE NUESTRO SERVICIO PARTICULAR NUEVA YORK, 2 Í 1 I N, V Telegrafían de Dallas, Estado de Texas, que el río Trinidad se ha desbordado, inundando los pueblos ribereños y causando grandísimos destrozos. Han perecido ahogadas muchísimas personas, y más de dos mil han quedado sin hogar I A P K I M- I A JORNADA De ayer á hoy operóse una mutación teatral; las calles amanecieron convertidas en un verdadero bosque de mástiles, con gallardetes, banderas y escudos con inscripciones; tres arcos triunfales surgieron de la tierra como por encanto, y una nube de vendedores ambulantes ha invadido el trayecto despachando pañuelos, escarapelas y tarjetas postales como recuerdo de la presidencial visita. El cielo, que amaneció cubierto, no ha querido mostrarse partidario de la entente, y ha mojado la percalina de las oriflamas y gallardetes. Esto pasará decían los curiosos, pero las horas transcurrían y el cielo continuaba inclemente vertiendo agua sin cesar. He aquí el sol; un sol tibio, cobarde, avergonzado. El tren presidencial llega á Victoria station convertida en florido jardín El rey Eduardo avanza hasta la portezuela del coche, donde aparece Fallieres vestido de frac. AS, Mr. le Presldent! -exclama el Monarca, estrechando fuertemente la mano de Fallieres entre las suyas. -Je suis contení de recevoir un ami comme vous. Pero el sol vuelve á cubrirse. I a lluvia cae de nuevo durante breves instantes, y Fallieres se entretiene, mientras escampa, hablando con el Rey, con el príncipe de Gales, con Mr. Asquith, presidente del Consejo, y como un rey mago, Fallieres va repartiendo saludos, cumplimientos y condecoraciones, estas últimas, sobre todo, pues á juzgar por las que lleva dadas desde que desembarcó en Douvres, debe traer un cargamento. Cuando el cortejo se pone en marcha, un sacudimiento conmueve á la jnultitud y wn grito unánime se escapa de todos los pechos; el triple ¡hip! y el ¡hurra! formidable salen de todas las gargantas, y por primera vez, yo, curioso indiferente, puedo comprobar que, en efecto, esto de la entente francobritánica ¡no es lina palabra vana, sino que, por el contrario, es un sentimiento que ha encarnado en la opinión inglesa alta y baja, identificada en absoluto con su Rey. Otra vez luce el sol y otra vez se oculta mientras el cortejo recorre las calles del tránsito entre aclamaciones entusiastas, ¡hurras! frenéticos y aplausos ensordece; dores. A mí, esta comunicativa alegría del pueí- no- lés n lia oodido menos de sorpren derme, pues ha estallado de pronto, sin qiíe ningún síntoma precursor nos lo anunciara ayer; ha surgido de repente, como los mástiles y gallardetes que adornan la ciudad, como los arcos triunfales, como toda esta decoración espléndida, que parece obra de hadas. Ya no desconfío de que la Exposición esté mañana dispuesta á recibir la visita de los dos jefes de Estado, y eso que hoy no se ven allí más que carros atestados de mercancías, edificios á medio construir, y 12.000 obreros que trabajan sin descanso. No hay concluidas más que las instalaciones de orfebrería y joyería, que constituyen el más insultante y brutal tesoro que jamás vieron ojos humanos; pero el presidente ha llegado al palacio de Saint- James, y ha repartido otra serie de condecoraciones. Lo dicho, no se le acaban nunca. Ha salido después á visitar á los Reyes y á los Príncipes; ha vuelto á su residencia para vestirse, y en el momento en que me dispongo á telegrafiar, acaba de entrar en Palacio para asistir al banquete de gala. Es un desfile fantástico de uniformes, da brillantes bordados, de grandes cruces y desemejantes condecoraciones; es un conjuntxwjae blancos escotes, de rubias cabelleras y apaciblss, serenos ojos azules. Eu medio de aquel torrente de luz destácase severo el frac negro del Presidente. Fuera, todo el mundo le aplaude; gritars los vendedores; alborotan los cocheros, que cruzan, agitando, prendida en la fusta, la escarapela tricolor, y cuando un invitado llega á las puertas de Buckingam palace, la multitud estalla, lanzando al aire la sempiterna aclamación, millones de veces repetida hoy: ¡hip! ¡hip! ¡hip! ¡hurra! Hay que reconocerlo; todo L, ondres piensa como su Rey al recibir á Fallieres en la Victoria station: ¡Ah rnonsieur le President, que jesuis contení de recevoir un ami comme vous y JOSÉ JUAN CADENAS. DE NUESTRO SERVICIO PARTICULAR DOUVHES, iS, ¿T 6 Para rendir honores al presidente de la República francesa se hallaba formada en dos líneas, abriendo carrera hacia la en trada del puerto, una imponente escuadra inglesa, compuesta de 14 buques de coraba te, acorazados de primera clase; seis cruceros acorazados, dos cruceros de segunda clase, dos de tercera, dos avisos y 22 desttoyers, p n Douvres. Al divisarse el crucero León Gambeüa, á cuyo bordo venía el presidente de la República francesa, el ministro de Negocios Extranjeros y su séquito, y contestando al sa- ludo del mismoj dispararon todos los buques ingleses las salvas de Ordenanza, izándose al mismo tiempo la bandera francés en el palo mayor de cada uno de ellos. A medida que iba pasando el buque presidencial ante los barcos de ambas líneas, las tripulaciones, subidas en las jarcias, lanzaban sus tradicionales ¡hurras! Al fondear el León Gambetta se repitieron las salvas; pero esta vez, por las baterías de tierra. Inmediatamente salieron de sus respectivos barcos, en una lancha de vapor, los al- j mirantes y jefes de la escuadra del Cana! de la primera escuadra de cruceros y de la escuadrilla de destroyers, dirigiéndose al León Gambetía para cumplimentar á mon sieur Fallieres. Con ellos salió á bordo el, comandante Heaton- EUis, agregado naval á la Embajada inglesa en París. Terminadas estas visitas se dispuso el presidente á desembarcar. DOUVRES, 2 5 3 TV j cfeeuibarco. A la una y media ha desembarcado e presidente Fallieres con M. Pichón, siendo