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INFORMACIONES DE IODO EL MUNDO ABC POR TELÉGRAFO; CABLE Y TELÉFONO Hemos penetrado en un salón tapizado- ¿En Montmartre y no conoce usted á Mad. Selika? -ha exclamado, mirándome de negro y sin otros adornos que signos cacompasiva. ¡Oh! Tiene usted que venir balísticos en las paredes y pájaros de todos tamaños disecados y repartidos por todos ahora mismo. Y la Srta. Lulú ha apurado la taza de té, lados. La habitación no recibe luz por parte AS SUPERSTICIONES, La Srta. Lulú es nray supersticio- ha sacado de la carterita una pequeña caja alguna y la alumbran débilmente los rayos D E LA SRTA. LULÚ sa... ¿No sabéis de polvos, se ha arreglado delante del es- luminosos que brotan de los ojos de los avequién es la Srta. Lulú? Es una adorable pejo, y cogiéndonos del brazo nos ha arras- chuchos aquéllos, como puntitos brillantes. Las bombillas eléctricas están escondidas criatura de diez y seis años, elegante y dis- trado á la calle. tinguida, que noches pasadas se mareó en Al subir en un taxi, y después de dar las dentro de las cabezas de los buhos, mirlos, el restaurant Royal mientras daba una vuel- señas de Mad. Selika al cochero, nos ha gallos, patos, cotorras, etc. etc... Cuando nuestros ojos comienzan a acosta de vals. La prodigamos nuestros cuida- dicho: dos y nos quedó profundamente agradeci- -Le va á extrañar á usted mucho, pero tumbrarse á aquella luz extraña procuramos distinguir á una anciana de blancos cabeda. A la noche siguiente nos preguntó: yo... ¡soy muy supersticiosa! DE NUESTRO ENV 3 ADO ESPECIAL A B C EN PARÍS MADRID. LLEG OA DE LOS DUQUES DE CONNAUGHT S. M. EL REY (i) Y EL DUQUE DE CONNAUGHT (i) REVISTANDO LAS TROPAS QUE TRIBUTARON HONORES A LOS ILUSTRES VIAJEROS EN LA ESTACIÓN DEL NORTE Fot. GoRi. -Usted es el que me atendió tanto anoche, ¿verdad? -Sí, señorita- -la contestamos. Ha oprimido nuestras manos con agradecimiento y nos ha colocado una rosa en el ojal del frac. Pero la señorita Lulú es muy supersticiosa, y vais á saber por qué. Hoy ha venido á encontrarnos, y, entre sorbo de té y bocado de gateau, nos ha dicho, mimosa: ¿Quiere usted acompañarme á casa de Mad. Selika? -Y ¿quién es Mad. Selika? -hemos preguntado. Por eso nosotros, mientras nos dejamos llevar á casa de Mad. Selika, nos inclinamos ligeramente para deciros, lectoras y lectores, que la Srta, Lulú es muy supersticiosa. Con las cinco de la tarde, y el sol luce es pléndido cuando entramos en casa de Mad. Selika. Nos haeen esperar largo rato en una obscurísima habitación y, por fin, un criado vistiendo galoneada librea nos invita á franquear los umbrales de una puerta, levantando ceremonioso el pesado cortinaje que la cubre. líos que oculta sus ojos con gafas azules y viste de negro. Hundida en una butaca, na se levanta para recibirnos y cuchichea con la Srta. Lulú, en tanto que nosotros, un poco inquietos, comenzamos á sospechar si seremos víctimas de alguna encerrona. Pero no... Lo que se trata en esta habitación, tapizada de paños negros, es muy serio y muy transcendental. Estamos en casa de una nigromante. La Srta. Lulú comienza á hablar tímidamente, con los ojos bajos y la voz queda. Mad. Selika la escucha bondadosamente, y los pajarracos todos parece que avanzan los picos en. dirección al. sitio