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INFORMACIONES DE TODO EL MUNDO sa siempre el poeta que los escribió, sobre todo si el poeta vive aún. Y de las obras poéticas, las únicas que todavía logran impresionar algo al auditorio que asiste al Salón de los Poetas son las ¡h SALÓN DE No es el Salón de los amatorias, las que fueron inspiradas por una mujer, frecuentemente desdeñosa é in LOS POETAS Poetas una Exposición donde se exhiben ool- grata. ¡Oh! ¡Cómo gusta este género de poei de las paredes los versos de los más sía á las damas parisinas! célebres autores pasados y presentes. El Tampoco á ellos los. desagrada escuchar Salón de los Poetas es sencillamente un es- un puñado de versos incendiarios, y hasta pectáculo más, al cual acudimos por las tar- me atrevería á asegurar que la mayor parte des para escuchar los torrentes de poesía de los oyentes se sienten impresionados con que nos encantan triunfadoras actrices allá en lo más hondo de su pecho, recorV célebres actores. dando, sin duda, aquéllos primeros versos DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL POR TELÉGRAFO, CABLE Y TELEFONO la muerte de Petrarca, lloró diez días y diez noches inconsolable ante los despojos del gran poeta, que después de un trabajo cotidiano de diez y seis horas descansó para siempre la hermosa cabeza un día, rindiéndola sobre un códice latino. Pero, en cambio, no habrá parisina un poco culta, de estas que asisten á los espectáculos organizados por el Salón de los Poetas, que no os hable del Canzionere, escrito por el poeta para consolarse de los desdenes de una mujer, que por no haberle amado le sugirió aquella idea de retirarse á los treinta y tres años al fondo de un desierto valle con sus libros, sus pensamientos y sus recuerdos. A B C EN PARÍS t i MADRID, LAS CARRERAS DE CABALLOS DE AYER EL STEEPLE CHASE CONCURSO HÍPICO. EL SALTO DE UN OBSTÁCULO Es un espectáculo muy original, pero iburridísimo, -sobre todo para quien no se acostumbrará jamás al sonsonete declamatorio de los recitadores franceses. Sin emtsargo, el Salón de los Poetas, como los dos Salones de Pintura, como el de los Humoristas y el de lbs Independientes, tiene sus lías de moda, y es de buen tono en esos áías ir á escuchar tres ó cuatro mil versos tifíamados y ardorosos, que caen sobre nosotros en forma de chaparrón formidable. El público- -hablo del gran público- -sale elel Salón sin haberse enterado siquiera del dtulo de la poesía que ha escuchado, portjue al público, más que los versos, le intereque todo adolescente escribió un día cruel: el día de la primera amorosa decepción. Es cierto... La poesía de ideas, la poesía honda, la transcendental, pasa y se olvida... No queda á través de los siglos más poesía que la del amor. ¿Quién se aeuerda de Petrarca ni de los triunfos que en vida disfrutó? Quizá esta misma Universidad de París no conserva documento alguno recordando que le ofreció, en unión del Senado de Roma, la corona de oro que por primera vez ciñó las sienes de un poeta vivo... Nadie se ocupa de saber que cuatro Papas solicitaron, sus consejos, ni que Bocaccio, el alegre Bocaccio, á Fot. A B C Las mujeres le veneran por esto nada más, y ni su patriotismo, ni su fe ardiente, ni sus sacrificios para combatir las tentaciones de su cuerpo, al que comparaba con uu jumento obstinado, nada de esto, abso hitamente nada, le será abonado en la cuenta de la admiración del mundo. Un hecho solamente le hace glorioso: que por espacio de siete años amó y cantó su amor á una mujer rubia. -Venid... Venid al Salón de los Poetas, y yo os aseguro que haréis la misma observación... Cuando en los carteles figuren las obras de un poeta transcendental, veréis al público aburrido, cuchicheando distrai