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INFORMACIONES DE TODO EL MUNDO DE NUESTRO CORRESPONSAL POR TELÉGRAFO, CABLE Y TELÉFONO ni entretiene con el esprit de su conversa- ción... Pero es simpático, tiene buen fondo y sentimientos generosos. No todos los aristócratas pueden decir lo mismo. Y no quiero dar más detalles, porque le vais á conocer, i joven amigo- -porque desde ayer somos excelentes amigos- -ha venido á Londres, como todos los años, ¿sabéis á qué? A hacerse ropí elegante madrileño. Y á mi se me pasaban las ganas de decirle que lo mismo debía darle vestir con arreglo á los figurines que corte un sastre de la Bond- Street ó embutirse un traje de El Águila, pues de todas maneras mi joven amigo resultará chiquita 5 rechoncho y con la cabeza gorda... Pero todavía no tengo confianza con éi para decirle estas cosas... Más adelante se las diré... ¡Vaya si se las diré! -Y estoy entusiasmado- -continuó después. -Estos días ando visitando sastres. ABCEN LONDRES nos ofrece un compatriota, largos años ha domiciliado en Londres, he hecho conocimiento y trabado relaciones de amistad con un elegante ma- ¿Irileño. Debo advertir que esle elegante no me era ÓMO SE HACE UN Durante el té que ENTLEMAN s for las tardes t í Pot. Abeniacar. ROMA. UN BUQUE DE QUERRÁ EN EL T 1 BER TORPEDERO DE ALTA MAR GRANATIERE EN R 1 PA GRANDE desconocido. Casi todas las tardes solía verle asomado á los balcones de un círculo aristocrático de la corte; tiene un automóvil soberbio; su nombre figura en la crónica de los salones con frecuencia, y su persona se exhibe en los teatros las noches de moda. No es un aristócrata de sangre; pertenece á una acaudalada familia de comerciantes; pero aborrece el mostrador, y se está gastando bonitamente la fortuna que le legaron sus mayores... No es tampoco una lumbrera, y ni asombra por sus conocimientos -Es indudable- -me decía muy convencido. -Para vestir bien hay que venir á Londres... Nadie como los ingleses para cortar una levita, un chaquet ó una americana. Naturalmente que no todo el mundo puede gastarse el dinero en hacer todos los años un viaje á Inglaterra para hacerse ropa, y asi resulta que en Madrid somos unos cuantos nada más los que nos vestimos en Londres IJsto de llevar ropas inglesas es un timbre de gloria oara mi excelente amigo el camiseros, nombrererías y zapateros, y en cada establecimiento hallo nuevos motivos de admiración. ¿Donde creerá usted que he estado esta mañana? -me preguntó de repente, así, á quemarropa... Yo no supe qué contestarle, porque en Londres, por la mañana, se puede hacer un montón de cosas, pues confieso que jamás hubiera adivinado en qué empleó sns horas mi joven y elegante amigo. -No... No lo acertará usted. He estado