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A B C LUNES 18 D i M A Y O D E 1908. E D I C I Ó N i. a P A G i 5 EL DÍA DE HOY CANTORAL Santos Venancio, Teodoto, Marcelino, Dioscoro, Potomión y Enrique, mártires; Santos Félix de Cantalicio y Beato Juan Gilabert, confesores, y Santas Alejandra, Claudia, Eufrasia y Julita, vírgenes y mártires. La misa y oficio son de San Venancio, con rito doble y, color rojo. Se gana el jubileo de las Cuarenta Horas en la parroquia de Nuestra Señora del Carmen, y sigue la novena á Santa Rita, siendo orador en la misa, á las diez y media, D. Manuel López Anaya, y por la tarde, á las cinco, D. Luis Calpena. En Sau Pascual, Espíritu Santo, Reparadoras y Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, jubileo perpetuo. Visita de la Corte de María: Nuestra Señora de la O en San Luis y Espíritu Santo, ó del Perpetuo Socorro en su iglesia ó en la Pontificia. Espíritu Santo. Adoración nocturna. Turno: Santa Isabel de Hungría. f í L TIEMPO Temperatura de ayer: Máxima, al sol, -36 grados; á la sombra, 30 45; mínima, 6 5. El día dura 14 horas y 30 minutos, aumentando xi minutos en la semana. Tiempo probable: Bueno. STRENOS n Príncipe Alfonso, á las diez y me -dia, La pena capital. ESPECTÁCULOS f O M E D l A (Compañía de opereta inglesa. ¡10. a de V -abono; turno 2.0) -Alas nueve y media: The bluc moon. APOLO Alas siete y media: Bohemios. -Alasnue ve: Cinematógrafo nacional. -A las diez: La muñeca ideal. -A las once y cuarto: Cinematógrafo nacional. ZARZUELA (Ultimas Junciones déla temporada. Alas siete y media (seeci 5 n vermouth) El robo de la perla negra. -A las ocho y tres cuartos: El húsar de la Guardia. -A las diez: Episodios nacionales. -A las once y cuarto: El robo de la perla negra. RCO DE PARJSH A las nueve de la noche: fun ción artística. Debut de Craston, el hombre serio, con su caballo sabio y mono cómico; los Goytukizis, con SU perro, que habla; los Hasi sey Mariette; estreno, cambio completo de cuadros por la troupe de la señora de Serris; estreno de nuevas ilusiones por los comediantes de Mepbisto, Leroy Taima y Boseo; el bufo Belling, el excéntrico Lavater Lee, y principales artistas de la compañía internacional que dirige William Parish. O.l VUCO (Compañía Prado- Chicote. -A las siete (sección vermouth) Los niños de Tetuán. A las ocho y media: Chispita ó el barrio de Maravillas. A las nueve y media: ElHurón ypelipell. -A las diez y tres cuartos: Alma de Dios. E ESLAVA A las seis y media (vermouth áoMe, á precios de sencilla) El merendero de la Alegría y El arte de ser bonita. -A las diez La alegre trompetería. -Alas once y cuarto: La carne flaca. (f RAN TEATRO A las seis y media: La gallina ciega. -A las siete y media: El juicio oral. -A las nueve y cuarto: La Cañamonera. -A las diez y cuarto: La Czarina. -A las once y cuarto Eljuicio oral. ft l ART 1 N (Beneficio del barítono Sr. Uliverri. -A -las seis y media (vermouth ¡doble) El día de la Virgen y Entre naranjos. -A las nueve: Agua azucarillos y aguardiente. -A las diez (sección doble) Carceleras (reprise) y El túnel (reprise) D OMEA A las cuatro y media: Granito de sal. -Pe pita López. -Las lindas paraguayas. -Pe pita López. -Laslindas paraguayas. x OVEDADES A las seis y media: Ruido de campa 1- -ñas. -A las siete y media La vendimia. -A las ocho y tres cuartos: Astronomía popular. -A las diez: La marcha de Cádiz. -A las once y cuarto: El grito de independencia. PRINCIPE ALFONSO A las seis y media: Losci -clistas Les Sálvanos y los excéntricos Les Mar oíos. -A las siete y media: ¡Pot vida de Don Quijote! -A las nueve y media: La pinturera y el ilusionista Mr. John. -A las diez y media: La pena capital (estreno) -A las once y media: Los ciclistas Les Sálvanos y los excéntricos Les Manolos. -Cinematógrafo en todas las secciones. FOLLETÍN DE A B C LA SEÑORITA DE LOS CIEN MILLONES CONTINUACIÓN ¡Qué lástima que no haya usted pensado antes en sa sobrina! -l, a fatalidad me retenía en el otro extremo del mundo. Acostumbramos á dejar para mañana lo mejor de nuestra- vida, siempre para mañana, y entre tanto llega la vejez. Yo había tratado de informarme de mis parientes; escribí á Bretaña, pero siempre recibía la misma respuesta: Muerto, muerto, muerto. -Menos esa pobre huérfana, á la cual hubiera usted podido salvar. ¿Acaso está perdida sin esperanza? A esto quería yo venir á parar. Usted comprenderá cuánto me interesa el asunto. Ahora ella lo es todo para mí. Lo es todo, ó no es nada. -Hay que ser benévolo. Pueden haberla pervertido. -Bien; yo la rehabilitaré en el caso de que sea culpable; pero conste una vez más que me resisto á creerlo mientras no tenga la prueba plena, y que, en el caso de que se me muestre su inocencia, toda mi fortuna será para ella. Si por desgracia hubiese muerto víctima de cualquier maquinación, emplearía cuanto poseo en vengar el honor de los Le Brenn- Con tal energía se expresaba Alian, que el marqués de Kermor sintió que su conciencia vacilaba. ¿Sería Juana, en efecto, tan culpable como le habían dicho? -Todo lo que yo puedo decir es que Juana Le Brenn desapareció de mi casa y de la suya cuando mi hijo regresó á París. ¿Sin motivo ni explicaciones? -Dejando para mi mujer una extensa carta, en la cual no explicaba nada, sino que se refugiaba en una espeeie de misterio doloroso, y manifestaba gran pesadumbre por verse obligada á abandonar así á su protectora. -No es esa acción de una muchacha descortés ni deshonesta. -Pero el caso es también que nosotros no teníamos que reprocharla nunca lo más mínimo. -Entonces, su pretendida perdición habrá ocurrido después. -Al parecer, ha llevado una vida agitada, que llamaba la atención de la Policía, hasta el día en que mi secretario la devolvió sus ahorros y la puso en el tren. No hace mucho de esto. ¿Cuánto duró su vida de fugitiva en París? -Unas cuantas semanas. -Y esto después de años de conducta ejemplar. ¿No es cierto? -De conducta intachable; lo afirmo y de ello respondería también mi mujer. ¿Y quién garantiza la verdad de su mala vida? E 1 famoso secretario? -Sí, pelrue, que es amigo de Enrique y hombre de confianz- a para mí. ¿Merece esa confianza? -No tengo motivo alguno para dudar de ella. To o lo contrario. -Yo tengo mis razones para dudar, me interesa dudar. Siendo amigo íntimo de Enrique, no podía ignorar que éste quería á Juana y til vez que ésta le correspondía. -Claro que no. Seguramente ha procurado disuadirle de tan iesiguales amores. ¿Y por qué? -Por interés suyo. -Suyo, de Delrne, probablemente. No es rico, -No lo era antes, pero ahora sí, gracias á considerables especulaciones bursátiles en que yo también me he mezclado. Además ha encontrado un comanditario. ¿Bre ssieu? -No, juega contra él. -Entonces conocía su juego. Permítame usted aún una indicación indiscreta. Es evidente que el barón tenía el mayor interés imaginable en que su hija llegara a ser la condesa de Kermor, -Sí, lo tenía por toda clase de razones, lo confieso para vergüenza mía. -Al hablarme así es usted el hombre más galante del mundo. Mi opinión se consolida; pero como es absurda, puesto que no descansa en prueba alguna, me la reservo. Usted sospecha que mi secretario esté en connivencia con el barón de Bressieu. No rae lo niegue usted. -Estoy en mi derecho al sospecharlo, á reserva de reconocer mi error si llega el caso. Bien puede ser que creyendo servir á sus intereses de usted, á los de su hijo y aun á los suyos propios, haya tomado partido en favor de La señorita de los cien millones y contra la pobre Juana. Pero yo me encargo de los intereses de ésta desde hoy, y ya puede estar tranquila; no la haré traición. -Reflexione usted, Alian. No puedo pasar por que acuse usted de traidor á Delrue. -Por eso no le acuso. Trato de informarme nada más. Y de mis observaciones deduzco lo siguiente: Juana Le Brenn, honrada niñV bretona, desaparece de su casa de usted al reaparecer Enrique, y después de algunas semanas de vida desordenada vuelve á su, aldea; todo esto, al decir de Delrue, señor pobre convertido en rico gracias á un comanditario, que había para él en la canastilla de boda de la hija de Bressieu. -Todo eso tiene apariencias de lógica, pero está en pugna con la verdad. Cuando mi hijo recobre la razón, él mismo le dirá á usted... -Me basta con haber oído su locura. En asuntos de amor nc hay razón que valga. Ya ve usted que soy testarudo. -Sí, completamente bretón. -Otra pregunta: ¿La marquesa de Kermor tiene también confianza ciega en Delrue? ¿Por qué lo pregunta usted? -Porque las mujeres ven mis claro que los hombres y leen admirablemente en las fisonomías. Sus ojos son muy penetrantes, y su juicio, njuy sutil y muy seguro en tan delicados asuntos. -Bueno, pues alégrese usted. Creo que la impresión de mi mujer no ha sido nunca muy favorable á Delrue. -Tomo nota de ello. Ya no me queda más que hablar tranquilamente con Enrique y volverme á Francia por el primer vapor. Allí podré acabar mis averiguaciones. -Deseo sinceramente que vea usted sus esperanzas coronada por el éxito. -No desee usted nada sin reflexionar en las consecuencias. -Siendo agradables para usted, no podrían dejar de serlo para mí. -Es usted muy amable; pero en todo caso hay que prever el final, que sería el matrimonio de amor- -y de conveniencia- -de mi sobrina y su hijo de usted. -Ya tiene- él edad bastante para no necesitar nuestro consentimiento; pero, de todos modos, lo tendría. No había de consistí en esto el obstáculo. ¿Pues en qué consistiría? Dígamelo usted para suprimirlo poi adelantado. J Continuará.