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LA VIDA CRÓNICA I OS GRANADEROS En estos días ha circulado la noticia de que para conmemorar el ingreso en el regimiento del Rey corno soldado de Su Alteza el príncipe de Asturias se transformaría en compañía dé Granaderos la primera del citado Cuerpo. Si en todas las Armas se conserva la respetable y gloriosa tradición, y en Caballería existen muy fundadamente los Húsares, justo es que también se organicen en Infantería los Granaderos, en reeuerdo de otras épocas. Es más, creemos que la organización debiera ser amplia, creándose á lo menos una brigada á semejanza, por ejemplo, de lo reglamentado en Italia, en cuyo Ejército la primera brigada de Infantería, acuartelada en Roma, se denomina Granaderos de Cerdeña. Lo propio ocurre en las Infanterías de los demás Ejércitos, en los que existen siempre denominaciones diferentes y cuerpos diversos. La rusa tiene cuatro divisiones de Granaderos, de ellas tres en Europa y la restante en el Cáucaso. En la Infantería inglesa figura un regimiento de Guardias granaderos, y Bélgica cuenta también entre sus 19 regimientos de Infantería con uno de Granaderos de á cuatro batallones. En Alemania los regimientos se clasifican bajo dos denominaciones: fusileros y mosqueteros. En sutna, todas las Infanterías extranjeras se han preocupado con loable entusiasmo y plausible espíritu de guardar en su seao recuerdos gloriosos de épocas brillantes en la historia, conservando así y testimoniando hechos heroicos. En nuestro Ejército existió el primer regimiento de Granaderos, laureado en 21 de Junio de 1836 con la preciada y honrosa corbata de San Fernando. Con tal motivo, el conde de San Román, comandante general de la Guardia Real, á la que pertenecía el regimiento de Granaderos, dirigió á sus tropas la siguiente alocución, digna de reproducirse por el vibrante espíritu que en ella resalta y glorioso recuerdo que encierra: El día 21 del presente Junio estará siempre señalado para el Arma como día de felicidad y de ventura. El primer regimiento de Granaderos de la Guardia Real, llamado á la corte para llenar el honroso servicio de su instituto, ha recibido en él la recompensa debida á sus esfuerzos en más de tres campañas, y al Arma toca toda la gratitud. S. M. la Reina gobernadora, impaciente por remunerar con alma grande los padecimientos de tan brillante Cuerpo, ni un solo instante quiso retardar la generosa acogida que su bondadoso corazón le tenía reservado; dispuso, pues, que antes de llegar á los cuarteles pasara este regimiento por su Real Sitio en El Pardo. Mayor gloria estaba reservada ai primer regimiento de Granaderos; á presencia del señor presidente del Consejo, de aquel general que en el Berrón no hace dos meses dirigió su denuedo en unión de otros Cuerpos, la augusta Regente resolvió premiar lo muy distinguido de esta acción y el mérito contraído en los campos de Zúñiga Urbizu, Mendigorría, Guevara y Arlaban. Ninguna recompensa más expresiva, mas simbólica que aquella distinción señalada á los valientes; la Real y Militar Orden de San Fernando ondeando en sus banderas dará á conocer por siempre el heroísmo de este Cuerpo. Pero la circunstancia más notable que más realza acto tan solemne fue la muy singular de haber sido puestas las corbatas por las inocentes manos de la angelical Isabel, abriendo de tal modo el camino á un reinado que prepara de prosperidad para los pueblos, de gloria y libertad para los españoles. Los jefes y oficiales, la tropa, el Cuerpo todo que la suerte ha destinado para ser el primero á recibir don de tanta magnitud, enajenado de gozo, no acierta á corresponder. Sin atavíos de parada se presentó á su Reina engalanado con los propios trajes que al enemigo se mostró muchas vecescon señales bien marcadas del fuego y del hierro fratricida, fija su vista en los caros objetos que al arrostrar los peligros había aclamado con ardor, y su presencia vuelve á aquellos pechos la dulce tranquilidad de que habían sido privados con el estruendor de las armas. Por lo que á mí toca, este acto de la bondad más sublime ha grabado en mi alma impresiones que jamás olvidaré. Considero tal día como el más feliz de cuantos he coatado al frente del Arma, y ¿estoy persuadido de que la dicha lograda por el regimiento le servirá de estímulo para que marche como siempre á los combates conducido por el honor y por el amor á la patria, invocando los nombres de Isabel y Cristina. El Pardo 28 de Junio 1836. -San Román. En esta época de pesimismos y de indiferencia, confortan mucho alocuciones como la que acabamos de transcribir. Son de un inmenso estímulo, ráfagas de aire puro. que pregonan el brillante historial de nuestra Infantería. y muy militar estableciendo sin gasto alguno y sin gravamen en los presupuestosatención, señores ministros de Hacienda- -un cuadrante solar que tiene por indicador el asta de la bandera británica, y así sus fieles soldados conocerán siempre la hora con toda exactitud. Los ingleses, fuerza es reconocer que so. i eminentemente prácticos. ERG I TOS EXTRANJEROS ba de ser dotado de una notable máquina ametralladora que, al decir de los técnicos, supera á todas las conocidas y existentes hasta la fecha. Se trata de una ametralladora automática perfeccionada, sistema Wickers Son amd Maxim. Esta máquina, que no pesa más que 18 kilos, está montada sobre un trípode ligero, cuyo peso no excede de 13 kilos, siendo, por consiguiente, el total del aparato de 31 kilos, de tal modo, que sólo tres hombres son suficientes para su transporte y maniobra. El funcionamiento de la ametralladora es absolutamente automático; la rapidez del tiro es notable, y se regula á voluntad mediante una palanca colocada detrás de la pieza. La máquina consta de tres partes: es la primera la que recula ó retrocede, y comprende el cañón y el mecanismo de fuego; la segunda es la parte que no retrocede, y que consta del armazón y de la cubierta exterior, así como también del refrigerador hidráulico, y, finalmente, forma la tercera parte el trípode- soporte, que es muy interesante. La ametralladora puede ser transportada por solo tres soldados inseparables j solidarios, puesto que cada uno va cargado eoa una de las partes de la máquina, y ellos se ayudan recíprocamente á descargar la ametralladora y á colocarla en batería. El que va delante es el jefe del grupo y el que lleva la ametralladora propiamente dicha, el cañón al aire y la culata descausando sobre un cojinete de cuero unido al cinturón, mientras que la ametralladora se adapta sobre una tableta de madera que el soldado lleva á su espalda sujeta por correas. El hombre que marcha detrás del primer soldado está encargado del transporte del trípode, que sujeta á su espalda por el intermedio de correas de cuero, apoyándose también el aparato sobre la cintura. En cuanto al tereer soldado, es su misión la de conducir las municiones, siendo responsable de su custodia. Para colocar la pieza en batería, una vez que los soldados se han desembarazado de su equipo, se empieza por desarrollar el trípode, abriendo sus diversas articulaciones. Se monta en seguida el cañón y se coloca en su puesto la caja de los cartuchos. El jefe del grupo se sienta en un banqui lio colocado en el pivote principal del trípode, y mientras tanto, el primer sirviente ajusta la banda de cartuchos en el aparato. La máquina es fácilmente transportable, se desmonta con rapidez y la seguridad del tiro ofrece las suficientes garantías. N LA. TERRA El Ejército británico acá- LA SOMBRA DE LA BANDERA ¿semejanza de nuestro excelso emperaV dor Carlos V, S. M. Eduardo VII puede lisonjearse de que el sol no se ponga en sus dominios, y, en su consecuencia, las tropas británicas y las imperiales de la India han adoptado un procedimiento sencillo