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TF 1 FflRAFO DE TODO EL MUNDO que no es de ningún jurisconsulto, sino del demás, las sesiones resultan curiosísimas presidente honorario de la Sociedad de Au- -é instructivas en alto grado, pues á vetores. Sardou ha dicho lacónicamente que ces salen á relucir conversaciones íntimas toda obra aceptada tiene que ser represenque nos ponen al tanto de esta vida parisina OS MIÉRCOLES Sí, señores... Dislra- tada por la empresa que la recibió y el dorada al exterior, atormentada y triste tamos de un nuevo abogado de Mí. Claretie, reconociendo que por dentro. ¡Acepte usted la comedia, por DE LA SALA espectáculo y tene- esto era exacto, ha hecho un flaco servicio caridad! ¡Mi marido hará todas las correcciones que usted quiera! -Así dice Claretie mos que apuntar en el carnet de fiestas mun- á su patrocinado... danas de la semana este nuevo día de gala: Porque los jueces maldito el caso que ha- que le habló la esposa de Mirbeau, apuradísima porque la obra había sido retirada las matinées de los miércoles en la Sala pri- cen de toda la voluminosa correspondencia mera de lo civil del Palacio de Justicia. que unos y otros han aportado al proceso, del de la tablilla de ensayos. Y él, Claretie, deEntre las visitas al salón y los tés en mismo modo que no conceden importancia jóse enternecer y volvió á aceptar la obra, Ritz y Rumpelmayer, hemos tenido que decisiva á los relatos de las conversaciones confiando en que los autores la limpiarían más ó menos fantásticas que los interesa- -de crudezas abrir este paréntesis los miércoles para asis Esta es la vida parisién, dolorosa, angustir á los debates de Le Foyer, verdadero tor- dos han creído oportuno llevar á la vista. PE NUESTPO ENVIADO ESPECIAL L nr- ir... -i, unij. m -ic; ci 1111 rtnotrA 75 NA. EL JUBILEO DEL EMPERADOR FRANCISCO JOSÉ P t- Lroce. EL EMPERADOR (i) Y EL KAISER (2) A LA LLEGADA DE LOS PRINCIPES QUE HAN ACUD 10O A LA CORTE AUSTRÍACA aeo de oratoria, donde los grandes jurisconsultos discuten si la obra de Mirbeau y Nathauson debe ó no debe ser representada en la escena del teatro francés. L, os abogados de los autores aducen multitud de razonamientos en favor de sus patrocinados; pero el defensor de Mr. Claretie no se achica tampoco y procura rebatir los argumentos contrarios, porque siempre serán las gentes de toga maestras en el arte de demostrar que lo blanco es negro, y viceversa. Es con los abogados con quienes reza la frase de que para hablar sin razón siempre hay razón I,o s debates giran alrededor de una frase Al fin de cuentas, los señores magistrados pensaron que los abogados de demandantes y demandados están de acuerdo en que toda obra acept ada debe ser forzosamente representada por la empresa que la aceptó y Mr. Claretie se verá condenado á reanudar en la Comedia Francesa los ensayos de Le Foyer, la bombeada pieza de Mirbeau y Nathauson. En tanto, el París mundano disfruta del nuevo espectáculo que le ofrecen y acude los miércoles á las sesiones del Palacio de Justicia con el mismo entusiasmo que asistiría á una repetitión sensacional. ¡Lástima que los señores magistrados no den tés con pastas! tiadísima, llena, de apremios y violencias, que obligan á la esposa de un literato eminente, de un autor celebrado, á acudir en súplica al director de un teatro para que haga una obra de cuyo estreno dependen muchas cosas imprescindibles: el alquiler del piso lujoso en los Campos, el abono al auto, los tés de los jxieves, el crédito de la modista... ¡Dios mío! ¡Tantas cosas! Todo ello puede sostenerse un año más con el estreno de la comedia en el Teatro Francés, porque un éxito produce lo suficiente para contentar á los acreedores y confiarlos. Y no es que yo piense que Octavio Mirbeau se encuentra en esta situación