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A B C SAB 4 DO 9 D 5 MAYO DE 1908. EDICIÓN 1. PAÚ. 4. Trikstnales alemanes el riomento en que un acusado ó trn testigo son invitados por los jueces á jurar. Magistrados, público y letrados pénense en pie, reverentemente descubiertos, j con las manos en alto reciben el juramento, acompañado de múltiples formalidades á cual más solemnes. La escena one los pelos de punta. Así, ues, lo que ice un hombre después de jurar es creído por todo y si este hombre que jura es nada menos que un príncipe de Eulenbourg, ¡calculad si lo que dijera sería digno de fe! v El fiscal del Imperio, apenas enterado de las revelaciones íntimas que han hecho los testigos en el proceso de Munich, ha invitado al príncipe de Bule- abburg á justificarse, haciéndole saber que ya no se le perseguirá por los delitos que hubiera cometido, puesto que tales delitos, si existieron, han pre cripto, sino que ahora los Tribunales se Ycrán precisados á castigarle por falso juramento. ¡Y esto da gusto! Los Tribunales berlineses dan un alto ejemplo de independencia, que aqaí en París no es apreciado, ocupados como estamos en reir los chistes que todos los días hacen los autores á costa de los escándalos alemanes; pero no está tan podrida la sociedad prusiana cuándo á todo un príncipe de Eulenbourg, personaje influyente y amigo personal del Kaiser, le persigue el fiscal, dispuesto á hacer justicia seca. El castigo del Príncipe será la apoteosis que Harden ambicionaba. Pero ¿comenzará de nuevo el escándalo? ¿Disfrutarán los berlineses la reprise de este proceso con sus revelaciones vergonzosas ysus detalles repugnantes? ¿Va á consentir él Kaiser que por segunda vez el Príncipe de Eulenbourg se presente aute los Tribunales? Este asunto está llamado á apasionar á las gentes en Alemania tanto ó más que el qffaire Dreyfus las discusiones vuelven á estallar; la Prensa se muerde, y la división de opiniones es cada vez más honda entre los que defieaden á Harden y los que le censuran por haber provocado un escándalo que coloca á la nación en ridículo... El conflicto ahora es idéntico; los argumentos que aducen los que censuran á Harden no tienen nada que envidiar á los que adujeron en los días del affaire los defensores del Estado Mayor francés... ¿Qué ocurrirá al fin? A mí no me asombrará leer un día de estos que el príncipe de Eulenbourg se ha levantado la tapa de los sesos, sin perjuicio de que la noticia no sea cierta. L, o mismo ocurrió con Krupp, el cual, para atajar un escándalo parecido, no encontró mejor remedio- que inventar UH suicidio. Los periódicos publicaron la esquela, se le hicieron magníficos funerales y en tanto, asegúrase que Krupp vive allá, en no sé qué rincón de América, bajo un nombre supuesto y comiéndose sus Buenos millones. Es posible que al regresar el Kaiser de Corfú envíe á su buen amigo el príncipe de Eulenbourg una de sus famosas cartitas escritas en papel azul y un revólver cargado... Y el príncipe podrá elegir entre matarse de verdad ó simular un suicidio y marcharse á ¡as orillas del Mississipí... JOSÉ JUAN C A 0 2 N 4 S número presenta al Monarca en el momento 3 e bajar de su carroza en el edificio de las Cortes, donde se verificó el juramento, cuya fórmula fue como sigue: Juro mantener la religión católica apostólica romana, la integridad del Reino; observar y hacer observar la Constitución política de la nación portuguesa y demás leyes del reino, y proveer al bien general de la nación en cuanto le mí dependa. p? n el Tiro de Pichón. Por separado damos cuenta de las tiradas de ayer, en las cuales se disputó la copa de los infantes doña María Teresa y D. Fernando. causa común con el alcalde, increparon á los socialistas y republicanos, contestando éstos con grandes voces. El alcalde abandonó- inmediatamente el salón, siguiendo después los consiguientes comentarios. NOTAS MUNICIPALES I a sesión de ayer. En la mañana de ayer celebró sesión, bajo la presidencia del alcalde, la Corporación municipal. Primeramente se dio cuenta de varios telegramas de provincias y de las Repúblicas sudamericanas adhiriéndose al homenaje celebrado para conmemorar el Centenario de la Independencia. Seguidamente se entró en el orden del día, siendo aprobados sin discusión todos los dictámenes que en él figuraban, á excepción de uno, que, después de impugnado con un razonado discurso p sr el Sr. Cao, quedó sobre la mesa, y que se refiere á la aprobación de las bases y programa á que han de ajustarse las oposiciones para aspirantes á escribientes en las oficinas del Ensanche. pfa favor de los taberneros. Terminado el orden del día, el Sr. Santillán combatió el reparto hecho por el gremio de taberneros, calificándolo de fantástico, toda vez que á algunos modestos industriales se les ha clasificado con la patéate más alta, y otros cuyas ventas spn elevadísimas han sido clasificados coa patentes de pequeña cuantía. Sfe ocupó despnés del acuerdo tomado por el alcalde del Ayuntamiento de Barcelona echando abajó el presupuesto de cultura, solicitando que se acordase protestar de dicha suspensión. MI alcalde llamó la atención al orador, manifestándole que no podía seguir por ese camino toda vez que el asunto ño figuraba en el orden del día, y además porque el Ayuntamiento no tenía p, or jué protestar de asuntos relacionados con otros Ayuntamientos. El Sr. Santillán insistió eá su petición y requirió que recayera sobre el asunto notación. incidente ruidoso. El Sr. Casanueva se adhirió á lo dicho por el Sañtillán. El Sr. Iglesias trató de hablar sobre el asunto del presupuesto de cultura, no permitiéndolo la presidencia, y protestando él Sr. Iglesias. El alcalde advirtió al orador socialista que sobre aquel asunto no se podía hablar. Insistió el Sr. Igletias en su protesta, afirmando que sus derechos como concejal le permitían hablar sobre aquel asunto. El alcalde llamó nuevamente al orden a orador. El Sr. Iglesias trató de insistir sobre el mismo asunto, y el alcalde, llamándole al orden por tercera vez, le retiró el so de la palabra. Protestó el Sr. Iglesias de esta determinación, y seguidamente el alcalde levantó la sesión. Con este motivo se produjo fuerte escándalo. La mayoría y la minoría liberal, haciendo París, Mayo NUESTROS GRABADOS lladas de la jura del joven rey lusitano, don Manuel II, ff e ha sido objeto en tan solemne ocasión de entusiásticas manifesta i mes de afecto del pueblo. La fotografía que encabeza el presente Portugal. J ura del rey decomunicaron noticias detaLos telegramas de nuestro corresponsal en Lisboa nos MAURA A última hora de la tarde se levantó á hablar el sefior presidente del Consejo; tenía qat contestar al Sr. Moret, al Sr. Azcárate y al Sr. Canalejas. Se discutía el proyecto de Administración local. El Sr. Moret y el señor Azcárate habían, hecho observaciones de carácter administrativo, técnico. El señor Canalejas dio á su discurso el tono de un ataque político. Toda su argumentación se reducía á lo siguiente: el país no quiere la ley de Administración local. El Sr. Maura se puso en píe en medio de j m profundo silencio. Comenzó él presidente manifestando su deseo de que la ley se discuta con cuanta detención y meticulosidad se quiera. El deseo ha sido manifestado repetidas veces. Pero- -decía el orador- -si se presentan 10 ó 12 enmiendas á cada artículo y luego se dice, como el Sr. Moret, que no se quiere discutir por discutir, ¿cómo se le convencerá á la gente de que esto se hace por el bien del proyecto? ¿Habrá nadie que crea que tal cúmulo de enmiendas para nimiedades é insignificancias no es discutir por discutir? El presidente hablaba en tono plácido, insinuante. Y yo lo que deseoañadía- -es que todo esto nos sirva de enseñanza para el porvenir haciendo que los Gobiernos alejen al Parlamento de la intervención que en la vida pública debe tener. Terminaba el orador esta parte de su discurso dedicada á los Sres. Moret y Azcárate, y- se encaraba con el Sr. Canalejas. Y ahora voy á dirigirme- -decía- -á mí digao amigo el Sr. Canalejas. Redoblaba la atención en la Cámara; el silencio se hacía más profundo. El Sr. Canalejas, inclinado sobre el pupitre, se disponía, inmóvil, á escuchar. cEl Sr. Canalejas- -añadía el orador- -vaciándose una vez más no ha podido ocultar 1 repugnancia con que ve este concretarse de la vida local, que se substrae á la influencia centralizadora del Estado. El Sr. Maura pronuncia estas palabras lentamente; al decir concretarse hace cou las manos ademán de algo que se esboza, que adquiere forma tangible y definitiva. El Sr. Canalejas es único, á este respecto en Ja Cámara- -agrega ga el orador; -porque yo he oído decir á to dos que quieren la vida local, autónomaéingenua. Hay una breve pansa. Va á pasar el orador á recoger unas palabras no tanto duras del 8 r- Canalejas. El Sr. Canalejas- -añade el presidente- -dicequeyo estoy en un error fundamental y que, por ver convertido en ley este proyecto, doy de lado á otros intereses vitales del país. Agrega también el Sr. Canalejas que éste es n empeño personal mío. El Sr. Canalejas olvida la lu 1 a de este proyecto y cuanto yo he heciu, xjr él mucho antes de ahora. Y es la pn- u- ia vez que se le reprocha á un obisrno t u costancia, su energía, en la prosecución de una obra. El régimen local es para el orador la base del remedio de muchos males. ¿Qué le voy á haeer yo- -añade con voz vibrante el Sr. Maura- -si á mí me parece el cimiento base indispensable para ana obra? Jamás se ha discutido en nuestro Parlamento ten ampliamente orno ahora, una 1- y. Yo- -dice el orador- -he llegado hasta respetar vuestras apreciaciones en el wso de los medios reglamentarios. ¿No queréis vosotrosdiscutir ampliamente? P es, ¿cómo os oponéis á que se habilite el mayor tifcnip posible? Apuntaba el Sr. Canalejas la posi- I wRESJONES PARLAMENTARIAS El SR.