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A B C JUEVES inadvertida y casi inconscientemente su propia individualidad delante del emblema de la Artillería, y sin vacilar considera afortunada cualquiera ocasión de hacerle al Cuerpo la ofrenda de lo que puede sacrificar en honor suyo; esa nota característica con que España os conoce, os admira y os ama, hace de ese Cuerpo, que todos sabéis que existía antes y ha de sobreviviros, una institución similar de lo que para el ciudadano debe ser la patria; hace de vosotros un nervio de la patria misma. ¿Qué es el Ejército sino la nervatura que á todo el cuerpo de la nación comunica el hálito y la energía vital? Porque así está compenetrado vuestro ser con el ser de la nacionalidad, son vuestras obligaciones proporcionadas al honor que profesáis como otra religión. En vuestras manos, que es decir en las del primero de vosotros, el Rey, á quien rendimos todos nuestro acatamiento y nuestro amor, están los destinos de la patria. (Los t vivas! al Rey y á España interrumpen al orador. Previo depósito de dos cajas metálicas cerradas conteniendo monedas y periódicos del día, procedióse á colocar la primera piedra del monumento, y se descubrieron las lápidas que dan á dos calles los nombres de los heroicos oficiales. Seguidamente dirigióse la comitiva á la Acadamia de Artillería, donde se celebró tm banquete ele oo cubiertos. SEI 3O VJA, 6, 6 T 7 DE MAYO DE 1908. EDICIÓN 4. PAG. 9. Esos dos hermanos obraron según el teaf- peramento y las cualidades que les habían tocado ea suerte. ¿Para quién fue la victoria? Digamos ante todo q u e ambos perseguían el mismo ideal, representado por la. mano de miss Nelly, una joven adorable que los dos adoratA. Nelly era rica y no se fijaba en el diner Jf 1,0 que quería era glori? r í Si yo inventara esta historia, la recompensa sería para el bueno, y el castigo para el malo. El perezoso Harry permanecería soltero en compañía de unos ataques de; gota producidos por el abuso de los manjares substanciosos, mientras James, luego dé alcanzar la celebridad, se casaría con Nelly v tendría muchos hijos y muchas dichas. Pero sigamos nuestro verídico relato. James se lanzó con resolución por la difí c cil senda que el destino le había trazado. Fue ganadero en Australia, minero en el Transvaal. Después de reunir un pequeñejí capital, fletó un barco y se lanzó á través dé los mares polares en busca del Polo Norte, pj xcursióu á La Granja. El Rey, terminada la visita á la Academia, montó en automóvil, dirigiéndose á San Ildefonso con objeto de inspeccionar las obras que se realizan en el Palacio Real de La Granja, desde donde habló por teléfono con su augusta esposa. Poco después, y también en automóvil, regresó S. M. á Segovia, dirigiéndose á la estación. D egreso á Madrid. A las seis menos cuarto regresó á MaIrid el tren real. Todas las autoridades civiles y militares acudieron á despedir al Monarca, hallándose también en la estación una compacta muchedumbre, que le aclamó entusiásticamente. Hacia los honores una compañía del regimiento de Sitio con estandarte Y la banda de Carabineros. A la hora indicada y repitiéndose los vivas! se puso el tren en marcha, que también íué conducido por el grande de España señor duque de Zaragoza. I a nota del viaje. La constituyó indudablemente el gran espíritu de confraternidad de los artilleros al glorificar á sus héroes. De los 61 coroneles existentes en el escalafón del Cuerpo, 45 se reunieron ayer en Segovia, y en igual p roporción figuraban los jefes de graduaciones inferiores y los oficiales. Ese espíritu de confraternidad se reveló en todo. Compañeros que no se habían vis 0 desde hacía veinte y veintidneo años se abrazaban con efusión, que en algunos llegaba hasta al punto de derramar lágrimas, al encontrarse nuevamente juntos en aquellos patios, en aquellos corredores de la Academia, recordando sus tiempos de cadetes y extrañados al verse con la nieve de los años orlando sus rostros y coronando sus frentes. Actos análogos al actual- -decían muchos de ellos- -deberían repetirse con más frecuencia, porque además de confortar el ánimo por lo que tienen de ejemplares, sirven para estrechar antiguos lazos de compañerismo y de amistad. Las justísimas alabanzas que el Rey tributo ñ los artilleros fueron acogidas tam- bién por éstos con sentidas muestraá de gratitud. Y es que D. Alfonso, al vestir ayer el honroso uniforme del Cuerpo y al recabar para éste los privilegios de que antes gozara, se consideraba como uno de tantos, y así lo expresó al manifestar su orgullo por ostentar las bombas bordadas en el cuello de la guerrera. Pero no se limitó á esto D. Alfonso, y en vez de hacer el viaje en automóvil lo hizo en el tren para ir ea compañía de los brillantes jefes y oficiales, y con ellos conversó animadamente durante el trayecto, obsequiándolos y tributándoles aquellas atenciones que se dispensan á los buenos camaradas. Conversando con algunos de ellos durante el camino, pudimos percatarnos de su gran ilustración, unida á una gran modestia, y del fervoroso culto con que rinde homenaje á la patria, trabajando por ella con perseverancia tenaz y aun á trueque de mil amarguras y de los desengaños que la realidad ofrece. En todas las Academias militares del mundo figuran como libros de texto obras cuyos autores son jefes españoles de Artillería que hoy viven; la granulaeión tubular de laá pólvoras, también umversalmente aplicada, débese á fórmmlas descubiertas por artilleros también españoles, y en el taller de precisión del Cuerpo se realizan cálculos, trabajos y estudios que son considerados como verdaderas maravillas por los talleres análogos de las dos naciones europeas más afamadas en lo que al mundo militar concierne, á uno de los cuales supera el nuestro con indiscutible ventaja. Lo más triste de esto es que nosotros somos los menos enterados de tales hechos, que debieran constituir un legítimo orgullo nacional. Saludemos, pues, con sincera efusión á esos laboriosos y brillantes soldados que así honran al Ejército y enaltecen su. patria. CUENTOS ILUSTRADOS 1 Luchó durante tres años con indomable energía contra el frío y el hambre, contri las tempestades y los peligros de todas clases. Feliz rival de Nausen, de Andrup y de Cagni, atravesó el 86 grado de latitud, se dirigió hacia el Noroeste y regresó á Int glaterra, donde ya le había precedido la fama de sus proezas. Mientras tanto, su hermano Harry, cada día más grueso, vivía inactivo como ua bonzo chino, sin tener energía ni para hacer la corte á mizs Nelly. El célebre James Bulton había llegado ya á Inglaterra de vuelta de su expedición Una grandiosa manifestación había sidd organizada en su honor, y la estación de Claring- Cross estaba llena de gente deseosa de ver y de aclamar al héroe. Y apareció el héroe. Con la calma, la dignidad y la modestia que son patrimonio de los hombres superiores, adelantóse hacia las comisiones nutridas que le aguardaban en el andén. Pero entonces sucedió algo imprevisto... aunque frecuente. Ese explorador intrépido, que había desafiado mil veces los furo res del Océano y las traiciones de los hombres, resbaló al tropezar con una corteza dé naranja, cayó al suelo y se abrió el cráneo en el instante preciso en que iba á recoger el fruto de su heroísmo. ¿J LOS DOS HERMANOS sir Bulton dejó Cuando murió es costumbre entoda su fortuna, como Inglaterra, al mayor de sus dos hijos, que se llamaba Harry. James, su hijo menor, no tuvo un céntimo. Harry era indolente, no tenía ninguna energía, y, además, no era, ni mucho menos, inteligente. Entregado á sus propias fuerzas, hubiese vegetado miserablemente. James era, en cambio, un hombre superior. Activo, inteligente, tenaz, muy honrado, dotado de un valor físico y moral á toda podía pretender á torio Tendrá su recompensa en el otro mundoí de ello estoy convencido. En cuanto á Haí rry, tan perezoso, que ni se molestó en acu dir á la estación para recibir á su hermano, es posible que sea castigado en nombre de la Moral, de la Razón y de la Lógica. i ¡Pues nada de eso... Debo inclinarme sute los hechos, y la lógica ha tomado un