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INFORMACIONES DE TODO EL MUNDO DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL ABC observador imparcial saca en consecuencia que la mayor parte de los ediles han cometido todo género de delitos, han malversado los fondos del erario municipal, hau vendido sus votos, se han aprovechado de las concesiones más saneadas f han salido r i- eos del Hotel de Ville, á pesar de haber entrado en la Casa del Pueblo sin dos pesetas. Ya supondréis la indignación con que unos y otros leen los piropos electorales... Pero la cosa no pasa de ahí... Los insultados adoptan un continente digno y severo y se limitan á decir que llevarán á los Tribunales al calumniador... Sin embargo, como f g POR TELÉGRAFO, CABLE Y TELÉFONO tomado la cosa, que al enterarse de que no iban á figurar en las listas los votos que obtuviera estalló en santa indignación y amenazó con sembrar París de bombas de dinamita. ¡Cómo se pusieron las sufragúeles! La plaza de Clichy fue por espacio de dos horas un verdadero campo da batalla, las sufraguettes ocupaban posiciones inexpugnables y las huestes de Mr. Repine resultaban impotentes para reducir á la obediencia á las ardorosas defensoras de las libertades femeninas. De vez en cuando una tía loca y desgreñada subíase encima de una silla y comen- ABC EN PARÍS J A CO. NCEJALA El pueblo de París acaba de elegir su Municipio, y hasta las dos de la mañana nos hemos estado en medio de los bulevares contemplando los retratos luminosos de los nuevos ediles, que reflejaban los periódicos en sus transparentes. Son curiosísimas las costumbres electorales de cada capital. Aquí los candidatos se dirigen á sus electores por medio de grandes carteles, donde exponen sus propósitos r r i í i t i MADRJD. EL CONCURSO HÍPICO LOS OFICIALES VENCEDORES EN LA PRUEBA NACIONAL CORRIDA EL SEGUNDO DÍA de regeneración municipal. Las primeras alocuciones suelen ser correctas y hasta literarias. Después, cuando la lucha comienza á enconarse, los candidatos publican nuevos bandos, donde se insultan los unos á los otros, descubriéndose las historias feas que se les atribuyen, y así no nos sorprende salir á la calle y ver en todas las esquinas unos carteles de colores chillones con unas letras muy grandes, que- dicen: ¡Cochino! Es un candidato que insulta á su rival y le pone en evidencia delante de los electores del distrito. Dos horas más tarde el calumniado hace fijar otros carteles contestando á su contrincante, que comienzan diciendo: ¡Embustero! Fot. Alba. Del contenido de todos estos carteles el zaba á manotear. Inmediatamente los curiosos la rodeaban y la oradora discurseaba hasta enronquecer, jaleada por tempestades de aplausos. Apenas oíamos lo que decía y sólo llega 1 as elecciones municipales se han visto ban de vez en cuando hasta nuestros oídos esta vez animadas por un intermedio algunos finales sonoros de párrafos que quecómico que nos ha regocijado grandemen- rían ser contundentes, como la nueva aurote. El intermedio corrió á cargo de las sufra- ra que para la mujer alumbra ó la igualguettes parisinas, que decidieron hacer cam- dad de los derechos ante las leyes republipaña de acción feminista y presentaron una canas sin olvidar aquello de que la mujer no puede continuar siendo la esclava sumicandidata á la concejalía. Para ello designaron á Mll- e. Laloe, una sa ni lo de que el hogar moderno debe rubia bastante bonita, no tonta del todo y asentarse sobre bases igualitarias ¡Dios que tiene cierta facilidad de palabra. Made- mió! ¿Dónde habrán aprendido las suframoiselle Laloe aspiraba, como el Sr. Sánda- guettes estas cosas? lio de Los. descamisados, á ocupar un sillón Y de repente llegó un formidable pelotón en el Ayuntamiento, y tan en serio había de municipales que, sin respetar las sactaotodos tienen interés en callar, pasadas las elecciones se corre un tupido velo sobre estas pequeñas incidencias y no se vuelve á hablar una palabra del asunto.