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A B C MIÉRCOLES 6 DE MAYO DE 1908. EDICIÓN i. PAG. 14. ROMA. EL CONCURSO HÍPICO LOS OFICIALES EXTRANJEROS QUE HAN TOMADO PARTE EN LAS PRUEBAS. EL TENIENTE ESPAÑOL SR. BOCETA (X) Fot. Abeniacar. GANADOR DE UNO DE LOS PRIMEROS PREMIOS placer... El año pasado preguntábanse los parisienses al llegar la primavera: ¿Pero dónde están este año los extranjeros? Como podían preguntarse: I AS GOLONDRINAS Mayo está al caer, ¿Porqué se retrasan tanto las golon y París se apresura áhacer su toilette primaveral. Va á venir gen- drinas? te y hay que componerse un poco. Pero, ¡Pobres golondrinas! Vienen los forasteá semejanza de esas coquetas que sólo se ros con una idea de París tan equivocada, componen el exterior, lo que está á la vista, que á duras penas se deciden á modificarla. París hermosea sus Campos Elíseos, las Se ha escrito tanto, se ha hablado tanto de Avenidas del Bosque y los lugares de- ex- París, de sus diversiones, de sus mujeres, cursión obligatoria, como Versaüles, Com- de sus elegancias, de sus costumbres- ¡oh, pigne Fontainebleau Saint- Cloud, etc. sí, sobre todo de sus costumbres! -que cuanetcétera... Los mismos grandes bulevares do el forastero pon e el pie en el bulevar se ofrecen durante el día cierto aspecto agra- cree que de un momento á otro van á arrandable; pero cuando la noche llega están carse los transeúntes bailándose un can- can peor alumbrados que la calle de Alcalá... desenf ren ado ¿Quién no recuerda todos los embustes No hablemos del resto de París, descuidado, sucio y mal oliente... No crece la hierba que le contaron en el cafe unos cuantos en las calles porque están asfaltadas, y no amigos que hicieron el viaje á París y volveis un barrendero en ellas ni para un re- vieron encantados? ¿A quién no se le hizo la me. dio... ¡Están todos en los Campos Elíseos! boca agua al escuchar una de esas maravi ¿a municipalidad de París es la coqueta llosas aventuras de amor que tuvieron por de que os hablo, que cree que los extranje- teatro un rincón del bulevar y fueron los ros que vienen á la villa luminosa no van á protagonistas una adorable parisina y un ver más que los sitios ¡adecentados, los pa- fogoso español? ¿Cómo borrar de un plumaseos de fama universal y los restaurants de zo todo el bagaje literario que alimentó 200 francos la adición. El resto de París pue- nuestros años juveniles con historias de de continuar en su legendario estado de su- amor de literatos y actrices, de estudiantes y modistillas? ciedad. Y pasan días, y semanas; y meses, y la L, o malo es que los extranjeros parece que se han enterado ya de todas estas cosas, y aventura maravillosa no parece por ningumuy principalmente de las adiciones de los na parte... Cuando el forastero se marcha restaurants, y cada año son más escasos los de París no lleva más recuerdo que media que se deciden á venir- con la cartera llena docena de adiciones que tuvo que pagar en de billetes para pagar la contribución que los restaurants de noche, el encuentro con anualmente Tes exig e la llamada capital del una rubia que le limpió los bolsillos, una DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C EN PARÍS tentativa de atraco, diez ó doce peleas con otros tantos cocheros que tienen educado el contador, como los domadores á las fieras: á la mano; tres corbeilles de cien francos qué envió á una corista de un teatro de tercer orden y le valieron tres sonrisas, ni una más, ni una menos, á sonrisa por corbeille; i a última novela, des periódicos de monos, y ua montón de tarjetas postales. ¿Se ha divertido? No... Se va desilusionado, aburrido y, lo que es peor, sin dineroPero cuando llega á su casa y habla con los amigos, no lo confiesa. Antes al contrario, dice que París es la octava maravilla, ado rabies las mujeres, excelentes las comidas baratísima larvida; los apaches, una leyenda; los cocheros, diplomáticos disfrazados; la literatura, exquisita, y las corbeilles de cien francos, jardines donde florecen las más delicadas rosas. Y contará. ¡Dios mío, las cosas que contará á los amigos! El que menos, dirá que ha dejado fama en París, que todo el bulevar le conoce por sus aventuras, por sus chistes, por sus valentías, por sus arrogancias... Repetirá como si á él le hubieran ocurrido todas las cosas que oyó decir á otros, desde el encuentro con la dama elegantísima en la escalera del Grand Hotel á las dos de la mañana hasta la novela amorosa comenzada con una midivette... ¡Pobres golondrinas! Los forasteros vienen á París todos. los años con la primavera; son las golondrinas que esperan los comerciantes, los cafeteros, los empresarios dé teatros y las cocottes... Fingen que se divierten; pero, en realidad, lo que hacen es vivir aburridos unos cuantos días, descon-