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CONMEMORACIÓN a l celebrarse la gloriosa fecha de 1808 que despertó las energías nacionales, harto Iecaídas, á modo de cruel y poderoso remisivo, en tanto que se refieren y ensalzan bs hechos sangrientos de la memorable jor, ada del DOS DE MAYO, parece justo refeir algunos particulares poco conocidos del mblico relacionados coa la vida privada de nadres y niños, utilizando el escaso espacio le que disponemos para transcribir algunos latos interesantes. p L HOGAR EN 1808 Ante todo, recorde mos lo que era el aogar en aquellos tiempos, peyendo las memorias y escritos de varios literatos, entre ios cuales merecen preferente lugar Mesonero Romanos y Alcalá Galiano, atisbamos la famiaa recogida en viviendas modestas, m su mayor parte mal acondicionadas y altas de higiene. La urbe se transformaba entamente, pero aun se hallaban convertilos los portales en repugnantes mingitoios, caían las aguas pluviales de los enornes canalones al arroyo. ¡Era frecuente oir el grito ¡agua va! para prevenir al transeúnte cuando por los balcones y ventanas se arrojaban las aguas sucias. La mujer vivía recluida en la casa, y los niños, cobijados en el regazo materno ó en el de las parientas sin hijos, arrastraban una existencia indudablemente poco higiénica. El padre, el Señor, como le llamaba la serviduñibre, presidía la mesa y el rosario, ejercía su autoridad con noble severidad; pero desdeñaba un tanto el ocuparse de lo relacionado con la vida de la gente menuda. 1 A VIDA DEL NIÑO La salud de los niños se defendía por medio de prácticas rutinarias. La partera, mujer sin educación científica, y el comadrón, cirujano más ó menos experto, un tanto desdeñado porel doctor académico, tenían entre sus manos la vida de la mujer; pero á pesar de este aparente desdén hacia los grandes problemas del parto, de cuya ¡resolución se encargaba muchas veces la ¡Providencia, no faltaban espíritus nobles y sensatos que se esforzaban en arrancar al piño de manos mercenarias, propagando la lactancia materna. D. Félix Gahsteo, Cirujano de la corte, al traducir en 1787 el Trabado de enfermedades de los niños, de Mr. Paul, convencidas de sus errores y preocupaciones, desempeñaran la más santa de todas sus obligaciones, como lo han ejecutado dernos, como escribió el insigne- D. Mariaaun las más altas reinas, alimentando por sí n o Benavente en la primitiva revista LA á sus tiernos hijos. Si así lo hiciesen lograrán Madre y el Niño, al censurar de qué modo la justa recompensa dever conservada la pro- se abandona en la mayor parte de las pole; no privarán al Estado del crecido núme- blaciones rurales á los niños enfermos á la ro de niños que todos los años son víctimas más completa especulación, circulando d de los descuidos de las amas mercenarias, boca en boca aquellas fatídicas palabras áe y, con el tiempo, podrán ser ciudadanos Teta y Gloria; cuando sucumben algunos muy útiles, contribuyendo también de este que el arte pudiera haber salvado, óyese modo al aumento de la población decir con estoica impasibilidad y para consuelo de los padres: i Angelitos al culo Cuenta el ilustre doctor en su hermosc artículo de qué modo, auxiliado por el cura párroco por medio de pláticas en la iglesia y con su incansable propaganda en el pueblo donde ejercía, logró combatir muchos errores, ntre ellos el mal de ojo, el asiento so lado, definidos y tratados por viejas y especialistas en tales enfermedades. A PROTECCIÓN Bien merece un caA LA INFANCIA riñoso recuerdo el traducido al francés de los aforismos de Boerhave, comentados por Van- Swieten, primer médico de la emperatriz rema de Hungría, decía: Si se atiende á la vigilancia y tierna solicitud con que cuidan á sus hijos los animales brutos, ¿no se hacen éstos superiores y más recomendables que aquellas madres tan culpables que después de haber alimentado por nueve meses con su propia sangre á un ente á quien no podían conocer tienen la bárbara crueldad de despreciar Ios- grandes gritos con que esta inocente criatura las pide la leche que la naturaleza, como próvida, la ha preparado en los puede aseguiar que, en general, ninguna pechos, negándoselo y haciendo cuantas di- conserva arriba de la mitad (sólo se refiere ligencias están de su parte para que se se á niños de pecho) muchas ni aun la cuarta quen y agoten aquellos prodigiosos manan- parte, y no falta, ¡qué asombro! quien ni tiales de donde el género humano debe sa- aun de diez ha sabido conservar uno car su subsistencia? NGEL 1 TOS AL CIELO! ¡Cómo habían de hacerlo, si ROPAGANDA El autor esperaba que ricNTiBirA muchas madres leyesen además de su ignorancia supina y descuidos se oía decir con estoica impasibilidad CIENTÍFICA j. lns uí. 3 as en cuanto á la educación física quet rde- el aforismo Teta y gloria, pronunciado por la aen dar á sus hijos y desimpresionadas y estupidez y la barbarie aun en tiempos mo- Dr. D. Santiago Gar cía, cuyo libro encierra interesantísimos preceptos, denunciando las tentativas que no pocas madres hacen para desalojar sin tiempo á sus hijos de la habitación á que tienen derecho por espacio de nueve meses; N LIBROPOPU- Encaininado á comba los diferentes artificios de- que se valen al tir la mortalidad de la gunas de ellas para ocultar sn debilidad ó 1 ao infancia, publico en desorden; los partos anticipados y violenLAK p í édi d l R l 1807 D. Santiago García, médico de la Real tos; el apresuramiento con que generalmenfamilia, de la Inclusa y Académico, un libri- te proceden casi todas llegado ese tiempo; to titulado Instituciones sobre la crianza física la aceleración con que ea tales trances se de bs niños expósitos, cobra interesante a toda corta y liga el ombligo á los niños, si es que madre celosa de la conservación de sus hi- no se desprecia lo uno y lo otro; la omisión jos En dicho libro declara su autor que ¡al limpiarlos, reconocer sus defectos y cocada año pasan de dos mil las nutrices (así t rregirlos; la privación del calor de la mallama á las nodrizas) reconocidas por él en dre, tan conveniente, sobre todo, en tiempo la Inclusa, y por confesión de ellas mismas frío; la de la primera leche; la repentina exposición al aire atmosférico, que no sin mucho riesgo podrá resistir la delicadísima superficie del cuerpo de un niño que acabe de nacer: la excesiva compresión con que van fajados; la velocidad con que se les conduce á las inclusas, si es que no se les deja en la calle; las leches tan desproporcionadas que encuentran comúnmente para su mantenimiento en tales casas; el poco amor; la ninguna noción de crianza física; el mucho descuido; la suma pobreza y las- arraigadas preocupaciones que generalmente reinan en la mayor parte de las amas; el fin siniestro con que muchas los sacan, bien para descargar pechos emponzoñados, ó para llamar leches, con lo cual sobrevienen encanijamientos, tan frecuentes en los expósitos por causas que son bien obvias, y aún mejor para calladas; finalmente, la costumbre detestable de introducirse las mujeres á curar sus dolencias, sin consultar á los médicos hasta entrar en el mayor apuro Da reglas en su obra, el Dr. García res JHedio de sujetar la cabrá para la lactancia pecto á la lactancia artificial por medio de animal, tina cincha con agujerot da salida á las biberón ó animal, y determina la vigilantetas, inmovilizando los movimientos de ¡as patas cia que debe ejercerse dentro y fuer a délas posteriores. Inclusa 1- Lo á las nutrices ó nodrizas. Modelo de biberón picpus. t por tí D r García en su ohra. El pezón se s p- ¡ra de la vasija, renovándolo cada vez. u P KA OVlMiciMTO Preciso es reconocer que EDUCATIVO n aquellos tiempos unos EDUiAiivo c u a n t oshombresdebuen corazón se interesaban por los problemas de regeneración física. El Príncipe de la Paz creó por aquel entonces la Institución Real Peslatoziana, con grandes elementos de vida y no común ostentación, copio dice Mesonero, tratando de implantar el sistema de educación moral, intelectual y física del pedagogo suizo En