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A B C S Á B A D O 2 D E MAYO D E 1908. EDICIÓN 1. PAG, g. cés del Ejército invasor, y entonces, pisoteada en el tumulto, hubo de desengastarse y romperse. Y aun quizás aquel robusto soldado, acaso acaso oíicial del gran Ejército napoleónico, perdió en aquel día, al par que su anillo, otra alhaja mucho más preciosa, la propia vida, como en castigo de que, llevando sobre sí una gráfica exhortación al amor, que es generosa piedad, obedecía y practicaoa sanguinariamente los mandatos del odio. No hay en el mundo elocuencia tan reveladora y persuasiva como la délas cosas mudas. La meditación, por vm hilo invisible, las liga estrechamente á nuestro entendimiento y á nuestra fantasía, y el uno y la otra, por no sé qué portentosa magia, adquieren tal intuición y tal clarividencia, que la verdad más acrisolada y depurada con las pruebas mejores no merece de nuestra alma tanta fe como lo que así averiguamos y conocemos. Por esto hedicho en otro lugar; Hay, sin duda, un arte de comunicar con las gentes, tal como al través del espacio, al través del tiempo que pasó. La imaginación sabe y practica esa arte maravillosa, cuando encuentra por auxiliar suyo un entendimiento cultivado; y así, contemplar por medio de ella á los que vivieron muchos años ha es punto menos fácil que contemplar por medio de la memoria á las personas con quienes conversábamos cuando adolescentes. Prenda de amor debía de ser la sortija en que estuvo engastada tal piedra: de un amor correspondido y reposado; de ese amor que confía y sabe esperar y que, lejos de maldecir por férrea la cadena con que Cupido aprisiona las a tmas, bendícela como suave guirnalda de flores. Allá en no sé cuál departamento francés, en no sé qué escondido rincón de una ciudad, de una aldea, ó de un campestre caserío, había quedado un alma enamorada y triste, contando por siglos las horas de ausencia del soldado guerreador, confiando en él, esperando con oraciones su vuelta y exclamando como él, y como, con sus mudos caracteres, la piedrecilla grabada: VIVE 1, AMorR... ¡Inútil esperanza! El soldado, á quien un general que era la crueldad y la perfidia personificadas obligaba á ser asesino, pereció en la empresa... Pereció el amante; perecen los hombres; mueren los sembradores, mas no la semilla. Lo que en la sortija del soldado francés era un tributo a l a alegría del vivir, á la hermosura, ala amorosa constancia de la joven que aguardaba triste en remotas tierras, era, á la par, un símbolo y una profesión de amor 11 ás amplio y desinteresado: del amor que debe unir á todos los hombres. Aquella bienhechora semilla estaba en el corazón de los franceses y germinó más tarde, ¿Cómo germinó... Acordaos de nuestras grandes desdichas; de las espantosas inundaciones de llevante. Acordémonos del París- Mutcia. Murió el soldado invasor de antaño, pero prevaleció y vive el símbolo geneioso de esta reliquia mía que fue suva: VIVE L AMOUR! FRANCISCO RODRÍGUEZ M A R Í N En aquel dia, tal como hoy, hace un siglo redondo, la chispería y la majeza acometieron bravamente á los pechos franceses, y como no disponían de armas para la lucha, breve tiempo cerca de cinco mil armas, que ignoro por qué razón se depositan precisa- mente en el parque de Artillería. Ya saben todo? si por acaso ocurriese algún día una inesperada irrupción extranjera, dónde acudir por elementos de combate. ¡Al mismísimo parque de Artillería, como los madrileños del Dos de Mayol Chisperos, aunque por otro procedimiento, hay también hoy, y esto sería una reprise, como se dice ahora, por culpa del francés precisamente, muy interesante. ¡Los cacheos de antaño y los de hogaño! ¡He aquí un curioso contraste pictórico que brindo á los señores del tiento! Los de entonces eran majos de veras; los de hoy, guapos y todo, vivirían á costa de la primera francesilla que- encontrasen en til Dos de Mayo, pongo por sitio del encuentro. Y ésta es una represalia como otra cual quiera. Luis GABALDON acudieron al parque de Artillería, donde los generosos y levantados Daoiz y Velarde les proveyeron en abundancia. Por entonces, y ya temiéndose el huésped enemigo lo que ppdía acontecer en tin momento de exaltación patriótica, se cacheaba por las calles á los hombres del pueblo, arrebatándoles sus hojas de acero para privarles de toda defensa, cortándoles las garras por tan previsor medio. Hoy, como en aquellos días, se cachea en la vía pública á los transeúntes, desde el currutaco de mi amigo D. Cristóbal al último pelafustán, con la diferencia de que entonces lo ejecutaban los invasores, y hoy son los invadidos por La Cierva. Justo es reconocer qu e las causas. son bien diferentes: entonces se procedía por temor á un alzamiento popular; hoy, para contener el alarde del matonismo, Pero de un modo ú otro, el cacheo tiene i a alocución del alcalde. Como de ordinario, fue fijada ayer en los sitios públicos la siguiente alocución patriótica del alcalde de Madrid: Madrileños: Hecho eual ningún tro memorable en los fastos de nuestro pueblo, testimonio perenne de grandes virtudes y de sublimes heroísmos, fue el glorioso 2 de Mayo de 1808, base y comienzo de la inmortal epopeya que aseguró nuestra independencia nacional, hermoso y desinteresado sacrificio, cuyo recuerdo perpetuamente vivirá en el corazón de la patria agradecida, por cuyo mandato soberano é irresistible impulso del sentimiento popular, año tras año ha venido solemnizándose, con pública demostración de regocijo y de fervoroso culto á la sagrada memoria de aquellos héroes. El tiempo ha borrado, en el recuerdo de aquellas hazañas, todo vestigio de enojo y rencor, dichosamente trocados en sentimientos de íntima y cordial simpatía hacia lar gran nación hermana, y sólo admiración y gratitud á nuestros gloriosos antepasados podrá reflejar el goce íntimo con que la nación entera y su capital se disponen á solemnizar el primer Centenario de aquella memorable jornada, consagrando como e supremo homenaje á los que al sellar con su ardiente amor á la Patria le abrieron de par en par las puertas de la inmortalidad y asentaron, sobre sa más sólido cimiento, el futuro progreso y regeneración de nuestra querida España. Seguro de ser intérprete fiel de vuestros generosos anhelos, os invito á que os asociéis con unánime asentimiento á esta gloriosa conmemoración, á fin de que Madrid ofrezca el próximo día 2 de Mayo, con los balcones de sus casas engalanados y el alaide de patriótico regocijo de sus habitantes, el hermoso espectáculo de un gran pueblo estrechamente unido por los nobles vínculos del amor y la gratitud. sMadrid, i. de Mayo de 1908. -Vuestro alcalde El conde de Péñalver. LAS FIESTAS DEL CENTENARIO HACE CIEN ANOS... U oy rememoramos una iecha gloriosa con un entequillo programa de festejos, parido á prorrateo entre varias ilustres personalidaces. La cosa no ha dado mucho de sí, y si con un programita semejante httbiéranios tenido que conquistar nuestra independencia, que, después de todo, maldito si nos la dejó disfrutar tranquilamente Fernando, el De- también su centenario, y tigura, aunque no seado, es posible que Pepe Bofefías no hubiese se anuncie en el programa, como uno de los ahuc ado tan uronto de trono provi- números nocturnos de gran éxito, ya que, u sional según dice un periódico, van reeogidas en p l primer festejo. Favorecido- por un tiempo espléndido y un perfecto orden se celebró ayer mañana en la plaza de la Armería el anunciado festival, primer número del programa de los festejos organizados para conmemorar el Centenario del 2 de Mayo Desde muy temprano la concurrencia de curiosos á la. plaza de la Armería demostraba el interés que había por presenciar el festival anunciado El cielo, raso y despejado, y una temperatura, más que primaveral, casi veraniega.