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A B C SÁBADO z DE MAYO DE 1908. EDICIÓN 1 PAG. 8. A los innovadores vamos á dedicar la junto al vigor del hombre de hierro que pa- I zart, que eon iluía la se iaid. p LL, trónica de hoy, y al comenzar el juicio de ternalmente las acoge, la amoxosa sombra J entuaia- ii ó fwto. Xo hay r, ien recKide ías obras pictóricas expitestas debemos de- que ú la extraña escena prestan los árboles, que haya entusiasmado al, ci iii: ve. Ü; I cir que entre las de lucha sobresale y re- la nota pastoril y risueña de la lejanía que obra del maestro Je los íiKiLstros en conclama prioridad la del joven artista do 1 se descubre á un lado, constituyen uu bello ciertos de este género. Vo esUn hien colo E luardo Chicharro, titulada L i ¡Í, LÍ es j- conjunto que admirará todo el mundo cada eu ei prop- aüKv. pero eso- io ur. ioe Se traía de tríptico forma modernista y arE. iíre Jos pintores de la nueva tendencia decir que 3 a Tilaunónica de Lcrlín ícnc i caística á la par, pintado al temple. Komi i que señalamos hay- ano, el más audaz en j que prender Á tocarla, ni r ti uss a con y procedimiento revelan 3 a la tendencia á extremar la nota y acaso el que más mere- ¡prenderla y dlugirla de nadie. V si il i restaurar el arte conforme á ios sistema i ce el nombre de arcaizante. Nos referimos á lo pieu- a, lid í. i- U- 3 f; rac: a tic: e encim del Renacimiento. El ambiente, el espíritu D. Julio Romero de Torres. Cinco obras Bit la tei Cv i a parte, el peora de S 1 y hasta el estilo aun lo marcan con mayor presenta, y tres de ellas, las tituladas Áiuki- 7il 1 i vi í t valió d Sil autor- i. sliprecisión. El pensamiento responde ente- lucia, Amor mística v pro ano ylMtuu gitana, des o1- aciones de! as que coue- poiidc. ramente á las ideas que inspiraron 110 po- deben ser estimadas entre las mejores del parte i les inacstros que COJUPOUU. L. cas obras de los pintores italianos de los certamen. No es posible, sin embargo, ad- questa. siglos xv y xvi, enamorados de las bellezas mitirlas de primera impresión, pues la reL a o b e i t d i n (T. c Tai Ü LI c o r ó L! -de la vida terrena y preocupados de los membranza italiana es tau rica que algunas grauic. Y público, entusiasmado oon: n misterios de la eterna. Las composiciones, de sus figuras parecen de aquellos pintores la priiuera paite, aplaudió freiH ticair. crtc, sobre todo la central, con fondo arquitectó- españoles del siglo xvi, imbuidos de las pero no logró la repetición. Le gustó nico, porcuyos. huecos entra la luz, al modo máximas de Rafael y demás clásicos de la manera serL, y sincera con que fue nitcvque se ve en pinturas de aquel tiempe; U 3 época. Pero al examinarlas se aprecia el pretaua la iiermosa página de Waguer. Xo 1 figuras de mujer, de belleza estatuaria y de temperamento del artista, que se revela en faltó quienes echaron efe menos en los úlporte, no ya aristocrático, sino principesco, un acento realista y un sentimiento del co- timos compase más sonido de metal. gentiles y soberanas cual supo sublimarlas lor, expresado de una manera sobria, justa que ya nos liemos acostumbiado á eseieel gustoitaliano; los trajes, que recuerdan y personal. Las carnes son de una palidez cui iso seguro para fascinar á las masa 1- los de las damas florentinas ó venecianas verdosa, que llega á constituir por su repe- pero convencidos de que el metal de esta orde aquel tiempo, y, en fin, el espíritu deco- tición un verdadero exceso. También peca questa ¡sabe tocar! acabó por reconocer que rativo, todo contribuye á que de primera en este sentido el clasicismo de las figuras, cuando Straass, que conoce on poco l.i impresión creamos tener ante lo; ojos un especialmente en el cuadro Andalucía. De obra wagueriana, interpreta asi la fam s ¡fresco pintado al esilo del Botticelli ó de todo ello se le puede absolver cuando se sinfonía- -y así la interpretó Xakich; el reGhiriaudajo. Y, sin embargo, la obra del contempla la original composición Aiaoi cargo de tintas vino después. -así será Sr. Chicharro es esencialmente moderna, místico vpioju. no, y más aún al ver el hermo- El progiama de esta noche es el siguier. ic: española y personal. ¡Loada sea esa vuelta so desnudo Musa gitana. Lo de musa 1 0 e Primera parte. Obertura de El ret m 1 á ¡os modelos de la gran Pintura italiana, cualidad que se acomode con la desnudez: Beilioz; Las ¡gánelas de Till Juild. s Í para producir una obra tan cabal, tan nue- pero como Venus gitana, hermana es ésta poema humorístico cu forma de roniió. va y tari bella! Moderna es, porque al con- de las venecianas del Ticiauo. Solamente Op. 28, Ricardo Slrauss. templarla nos cautivan las sensaciones de que, en vez de caballero que toque el claviSegunda parte. Ouinta sinfonía en la realidad expresadas por medio del color, cordio, hay aquí un macareno que toca la menor. Op. 67, Beethoven: a l í í. c en el que reconocemos al discípulo de So- guitarra. El desnudo en cuestión es, como b) Andante ron anuo, t) Al cgio. rolla. Española es aquella monja en éxta- trozo de pintura y corno expresión de verTercera parte. Preludio de 7 mia. ii I ¡c sis, vencida ante el Cristo de dura y enér- dad, maravilloso. No hay en él la grandio- Wagner; -L, os encantos del Viernes Santo gica silueta. Personal es, en fin, esta obra, sidad de las Venus del Ticiano, ni la delica- (Parsifal. Acto 3. 1) W- igner; R, i ¡v d. c- ÍUen que el Sr. Chicharro, eomo en otras an- deza de la Maja, de Goya. Pintado casi á ra, Liszt. teriores, ha buscado, conforme á su singu- clarobscuro, éste da la sensación fuerte y lar temperamento de colorista, los más pe- seca de la realidad. Es una Venus españoregrinos efectos de luz á través de vidrios la, que hará época, y por la cual merece VIVE L AMOUR de colores de tonos enteros y los vivos con- aplauso su autor. trastes del día y de la noche. La esposa del p t r e ios objetos, ni muchos ni harto pteOtras obras hay en la Exposición inspirahombre, que aparece representada en la das asimismo en la pintura de pasados ciosos, que componen mi humilde cocomposición central, está bañada de luz idí- tiempos. Baste coa las citadas para apreciar lección de curiosidades, hay uno que tens: o lica y primaveral; la esposa de Cristo sufre lo beneficioso de esta tendencia, que sola- en singular estima, por los motivos que en su patético transporte entre los fulgores mente corno transición puede ser admitida. este artículo verá el lector. Es una ágata de apocalípticos de una iglesia medioeval; la Pero hay también quien por ese camino y sortija, ovalada y casi redonda, semitransesposa de la Muerte se ve por ella arreba- juntamente por el caricaturesco ha pasado parente, de color de rosa pálido, y en Ci ya tada entre las violadas penumbras de la de la raya. Al Sr. Gutiérrez Solana y á su tersa supeificie, rodeando por la parte sunoche. composición titulada ¿De vosotros, pobres de perior á una gentil figurilla de Cupido, que, Tal es esta obra singular, de un arte ele- espíritu, será el reino de los cielos- es á quien y sin aljaba y eu actitud pacifica, apoya en á lo que nos referimos. Eu primer lugar, eso las hierbas del suelo uno de los estreñios del vado, grande, corno se producen pocas. Otras presenta también el Sr. Chicharro, no es un cuadro seriamente estudiado, sino arco con que tanto bien y tauto mal ha hecbo j entre ellas una muy notable, el cuadro ti- una viñeta, que sería propia para un perió- en el mundo, hay unos caracteres que. lertulado Ángelus. Aquellos hombres del Nor- dico de caricaturas, si de ciertas cosas fuera dos de izquierda á derecha, porque están te, que al toque de oración suspenden su lícito publicarlas; además, el recuerdo del grabados ai revés para que salgan al denlabor alegre y se levantan graves, y rezan, Greco y de otros que se advierte en aquella cho cuando se estamnau en el lacte, dicen: Viví: I. YUOUR. constituyen una página de la realidad ad- escena solamente sirve para traer á la meLa mencionada piedrecita, que es j; r. iimoria los versos que por advertencia fuemirablemente expresada. dezuela, como para el dedo anular de un D. Marcelino Santa María es un pintor- ron puestos sobre unas gloriosas armas: hombre fornido, ui por su materia ni pcx l.i Nadie las mueva castellano, castizo, á quien conocíamos por Que estar no pjeín. habilidad que denota su grabado puede sus lienzos de sólida y cálida pintura. En considerarse como cosa de más que íneJi. este certamen nos sorprende y deleita con En otro artículo nos ocuparemos de las no mérito. Ademas, está rpta en dos pedaun cuadro de intencionado sabor ticianescp. Fiel devoto de las tradiciones legenda- demás obras expuestas importantes, sobre zo y yo los hice juntar en nueva sortija; rias de la vieja tierra castellana, de ellas ha todo de las de artistas que mantienen su pero bien se echa de ver la rotura, que eu tomado el asunto, hallando ocasión de re- personalidad con nuevas muestras de su el más pequeño de entrambos separó del resto, además de un ala y un pie del Amor, presentar en las figuras de las hijas del Cid genio. JOSÉ IUMÓN MEL 1 DA las tres primeras letras de la sobredicha exdos hermosos desnudos femeniles en un clamación erótica. fondo de paisaje. Da los antiguos modelos Es, pues, otra, otra particularidad, que no pictóricos tomó el ambiente, el carácter y su valor ostensible, la que hace digno de esla tibia nota colorista. La hoja que vela ei LAS NOCHES pecial estimación este trocillo de cuarzo: su pudor de una de las figuras recuerda la que DEL REAL procedencia. Desengastado y roto, tal como se ve en la Eva de Durero. habrá unos veinte años vino á mi podci, lo En este cuadro la vuelta á la pintura ati S E G U N D O C O N C I E R T O El teatro, íleencontró un muchacho en la calle de 1 tigua se ve atemperada discretamente. Es Montera, la mañana del 3 de Mayo de iSoS. n O j brillante, 110 más un homenaje de colorista á la pin- u tura veneciana. Con este sabor ha producido como la primera noche. El entusiasmo del Tuvo guardada con mucho aprecio esta el Sr. Santa María una obra vigorosa, sóli- público en la primera parte, el mismo que piedrecita un curioso, á cuyas manos pa- j da, que cautiva al contemplador, y con la en el concierto anterior. La obertura de desde las del niño, y, tiempo andamie, eu cual ha dado uu paso gigantesto en su ca- dieron y Los preludios, de Liszt, interpreta- las mías vino á parar. dos de manera irreprochable, arrancaron Evidentemente, en la sangiienta jornada rre- a. r La delicadeza de las dos clamas desnucas del público ovaciones estruendosas. de Mo- del 2 de Mavo Ir. rer dió sa iVi ío m i. iLa sinfonía eu Jj mayor (Júpiter)