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INFORMACIONES DE TODO EL MUNDC c de comunicar sus planes al ministro O Farril, el cual, fingiendo que los aprobaba, los desbarató por completo con relevos y traslados. Cuando Daoiz se enteró de ello, se limitó á decir: Todo se ha perdido, pero tú y yo moriremos por la patria. El día 2 de Mayo, á las nueve de la mañana, Velarde entró, como de costumbre, en las oficinas de la Junta Superior de Artillería. Impresionado y excitado por las noticias del movimiento insurreccional que acababa de estallar en Madrid, se dirigió al comandante de Artillería de la plaza, coronel Navarro Falcón, que acababa también de entrar, y le diio: PÜR TELÉGRAFO, CABLE Y TELÉFONO las armas que en el parque había almacenadas. Un destacamento francés custodiaba la entrada del parque. Fuera, la muchedumbre vitoreaba á los artilleros españoles y les pedía armas y municiones. Dentro se hallaban el capitán Daoiz, jefe del destacamento y del d t ül; sus compañeros Cónsul, Dalp y Córdoba de Figueroa, los tenientes Arango y Torres y el subteniente Carpegna y el exento de guardias de Corps Pacheco, á los cuales la guardia francesa había permitido la entrada por ser militares. La oficialidad de la compañía de Voluntarios la formaban el capitán Goicoechea, los tenientes Ontoria y Ruiz, el subteniente Ronquera y los cadetes Pacheco y Rojo. LA DEFENSA DEL PARQUE 41 coroiitl de Artillería D. Enrique L, osada ha tenido la galantería de ofrecerlos para JU publicación en A B C las primicias de un admirable artículo, en el cual se relatan, escrupulosamente depurados, detallados y completos, los hechos ocurridos EII la mañana del 2 de Mayo en la gloriosísima defensa del parque. Aun cuando el Sr. I,o sada ha procurado reducir su trabajo á lo absolutamente indispensable, concretándose someramente á relatar los sucesos más salientes, es tan escaso e! espacio de que disponemos y tan enorme LA DEFENSA DEL PARQUE DE MONTELEÓN. FAMOSO CUADRO DE SOROLLA la abundancia de original que nos abruma, que, deplorándolo con toda el alma, 110 nos es posible publicar el trabajo íntegro, como sería nuestro deseo. Nos limitaremos, pues, á entresacar algunos episodios. Cuando el capitán de Artillería D. Pedro Velarde, que hasta entonces, como todos los oficiales de su Cuerpo, había sido un entusiasta admirador de Napoleón, se dio cuen 1. a de cuáles eran los verdaderos propósitos de éste acerca de España, se puso en inteligencia con todos sus compañeros de España, tendiendo los hilos de una secreta conjura para levantar la nación entera contra los invasores. I, a conspiración iba en buen camino; pero deseando Velarde que la conspiración fuera general, cometió la ligereza- -Mi coronel, vamos á batirnos con los franceses... Navarro Falcón se limitó á mostrarle la orden disponiendo que todas las tropas españolas permanecieran en los cuarteles. Velarde sentóse ante su mesa á escribir; pero como sonase una descarga, se levantó de un salto, arrebató el fusil aun ordenanza y se echó á la calle como un loco, arrastrando con él á los meritorios Almira y Rojo. Dirigióse al cuartel que ocupaba el regimiento de Voluntarios del Estado para pedir al coronel, marqués de Palacio, que acudiera al parque con toda su fuerza; negóse el coronel, fundado en la orden que teñí a, y únicamente consintió que fuese una compañía, para evitar que el paisanaje se apoderase de Velarde sostuvo un vivo diálogo con Daoiz para convencerle de la necesidad de secundar al pueblo. Daoiz sacó la espada y ordenó abrir las puertas del parque. En. un momento quedó desarmada la guardia francesa y repartidas entre el pueblo las armas y las municiones. El parque lindaba por el Sur con la calle de San Miguel y San José, por donde tenía la entrada principal, que es la que se conserva; por el costado derecho, con la calle de San Andrés, y por detrás le cerraba una tapia que daba á la ronda de las afueras. Momentos después llegaba al parque la primera fuerza enemiga: un batallón de Westfália. L, os gastadores intentaron allanar la entrada; los cuatro cañones que Daoiz