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A B C H E V E S 2o D E A B R I L D E 1908. E D I C I Ó N 3. PAG. UNA RROEZA CINEGÉTICA EL SR. CURA DE PARAMO (X) D. ELADIO ASÍAS CON LOS MONTEROS Y EL OSO QUE CAZO CON GRAVE RIESGO DE SU VIDA La manta de invierno es substituida por un paletot de tela ligera, con dibujos á cuadros pequeños ó anchas rayas. El perrito tendrá un gran surtido de estas mantas para que luzca la que haga pendant con la toilette de su dueña, ajustándose en lo posible, no solo al color, sino al dibujo. E 1 paletot debe J: ener un bolsillo, por el cual asomará la punta de un diminuto pañuelo de encaje, y en el cuello una tirilla bordada, de color suave: azul, rosa muy pá hdo ó blanco. Todo esto, para la toilette que llamaremos de calle. Para viajar, el perro no usa ya el cesto anticuado é incómodo, sino que ahora tiene su saco- neceser con cama, útiles de tocador, etc. etc. La toilette automovilista es bien conocida ya y no hace falta describirla; consta de guarda- polvo, gafas y tope de cuero, á fin de que el noble ammaí 1 0 sufra las moles 1 tias de la lluvia, la nieve ó el viento. V ved ahora el tout deinier ai de la peFaltaba en la perruna toilette un detalle rruna elegancia según lo ha dispuesto da coquetería que probara al mismo tiempo el modisto de moda. la riqueza y el buen gusto de lab gentiles Durante la próxima primavera, la toilette parisinas, de estas adorables criaturas que, de los perritos de lujo se compondrá de un no sabiendo ya qué inventar, han discurricollar de cuero de color rojo, azul ó verde do la nueva moda de lucir un brazalete de impelió Son los colores más en boga acbrillantes en el tobillo... Si las mujeres se tualmente. El collar debe estar adornado de se ponen collares en los pies, ¿por qué no gruesos cabochous en plata; pendiente de la adornar con pendientes las orejas de los cerradura, la medalla correspondiente, de perros? Pensado y hecho... Y he aquí á los plata también, p l a t a sobredorada ú oro, pobrecillos canes mortificados con el nuevo ostentará la cifra ó el nombre del propieadorno, que no es un pendiente en realidad, tario. sino una cadena de oro y brillantes que se casa, el señor y dueño, que todo lo estropea, que gruñe, que ladra, que impone su voluntad y es más querido que el mas allegado miembro de la familia. Había que velar por el perro en el hogar parisiense, y los industríale 1; comprendiendo que esto era una mina sabiéndolo explotar bien, comenzaron por discurrir ciertas pequeñas coqueterías para la toilette canina, que fueron excelentemente recibidas, Luego se atrevieron poco a poco á introducir modificaciones en la indumentaria cte los canes, construyendo nuevas formas de collares, confeccionando man titas coquetonas para preservarles del frío en el invierno, y hoy, por fin, nos enteramos de que el perro tiene j a modistos consagrados única y exclusivamente al embellecimiento de la raza. ¿Es ó no es progresar esto 3 ¿Es ó no es civilizarse? ¡Confesemos que no hay más que un París en el mundo! abrocha con cuatro muelles alrededor de las orejas. De tal manera aderezado, si vierais á un perro de éstos no adivinaríais jamás que era tal can, sino que más bien os parecería un bicho raro de una nueva especie totalmente desconocida. Y es el caso que con las nuevas galas que los perros lucen y los cintillos de brillantes que las mujeres se ajustan al tobillo vamos por estas calles dándonos encontronazos unos con otros y sin levantar la vista del suelo... Somos nosotros los verdaderos peíros... Oero yo he oído decir que en París existe una Sociedad Protectora de Animales que tiene numerosos inspectores encargados de vigilar el trato que los cocheros dan á los caballos. Yo sé que ha habido viejas chifladas que al morir han dejado miles de ñancos para comprar mantas á Jas caballerías que arrastran los ómnibus. Y hasta he visto en alguna ocasión á señores muy elegantes, muy distinguidos, que, en medio de ¡a calle, se han puesto á tirar de un carro para ayudar á la muía á subir una cuesta... ¡Eran miembros de la Sociedad Protectora de Animales... Pues bien; esta Sociedad Protectora de Animales, ¿qué hace que no prohibe la ¡crueles torturas que están sufriendo los ir felices perros... JOSÉ JUAN CADENAS París, Abu!