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A B C. MIÉRCOLES 29 DE ABRIL DE 1908. EDICIÓN i. a PAG. 14. MADRID EN EL CENTRO H 1 SPANO- MARROQU 1 PRESIDENCIA DE LA SESIÓN SOLEMNE CELEBRADA PARA INAUGURAR LA CLASE DE ÁRABE VULGAR DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL Fot. ABC A B C EN PARÍS CASAS PARA OBREROS 117, roe Belleviv le... Una casa enorme, recientemente construida, luce sus banderolas en el tejado... A lo largo de la calle 40 carros de mudanzas descargan muebles y utensilios de menaje... Los transeúntes deteníanse curiosos, llamándoles poderosamente la atención que nada menos que 40 familias hubiesen elegido el mismo día para trasladarse de casa. El portero, rodeado de un grupo de curiosos que crecía por momentos, se encargaba de sacarnos de dudas. El magnífico edificio es la primera casa para obreros que París ha visto terminada, y su fundación se debe única y exclusivamente á la iniciativa y generosidad de los hermanos Rotschild, que con ésta y otras dádivas por el estilo logran hacerse perdonar el horrendo pecado de poseer algunos miles de milloñ es. -La casa es soberbia, y en ella todo respira limpieza, higiene, hasta confort. Hay alojamiento para ochenta y dos familias, muchas de las cuales disfrutan la inefable di cha de tener nueve y diez hijos, y el precio de- las habitaciones oscila entre doscientos y Es decir, que el cuarto más baratóle cuesta al obrero diez y siete francos al rnes, y el más taro, cuarenta, y por este precio increíble goza de aire y de luz, tiene agua, calefacción, habitaciones cómodas y grandes, cuatrocientos noventa y cinco francos POR AÑO, decoradas con buen gusto, y, sin salir del edificio, lavaderos y baños. En todo el barrio de Belleville, la inaugu- ración del primer edificio construido por los Rotschild para los obreros ha constituido el aconcecimiento más importante del año, y los poderosos banqueros viéronse asediados de peticiones que llegaban de todas partes. Los Rotschild han dado la preferencia á aquellas familias que más numerosa prole tenían, puesto que, lógicamente, pensando, han de ser las más necesitadas, y asi resulta que los ochenta y dos matrimonios que han ido á instalarse en la casa nútn. 187 de la rué Belleville han llevado la friolera de 5O chiquillos. Y ayer todos trabajaban en la mudanza, los inquilinos, sus hijos, los amigos y camaradas que iban á ayudarles, y el cuadro que todos ellos ofrecían era en extremo pintoresco. Los curiosos también quisimos visitar la casa; pero ojalá no lo hubiéramos hecho, porque yo, por mi parte, confieso que salí envidiando de todo corazón á los afortunados inquilinos, los cuales, para colmo de suerte, disfrutan hasta de un portero que es atento, fino y bien educado. ¡Un portero así en París es una verdadera mosca blanca! La escalera es de piedra, las paredes están revestidas de porcelana y en cada piso hay una corriente de agua para lavar las escaleras y los muros. Los baños y las duchas cuestan diez céntimos, el lavadero es gratis. Un gran almacén, se ha encargado de sartir á los inquilinos de cochecitos para niños, y bicidetas, mediante el pago de un tranco por el alquiler mensual. Todo París quiere vivir en esta casa ideai. Los hermanos Rotschild, una vez terminada la casa de la rué Belleville, han ordenado la construcción de otra en la rué du Marché- Popincourto, y en breve levantarán otro colosal edificio en el Faubourg SaintAntoine, donde podrán recibir albergue 250 familias. demonio! nos reconcilia con los Quépoderosos, Estolos que atesoran ciencon tos y miles de millones, y se comprende que esta fortuna fantástica de los Rotschild, á pesar de sus despiltarros, de su ostentación, crezca siempre... Son hombres que, en medio de las indudables satisfacciones quédala posesión del oro, se. acuerdan del necesitado y saben ofrecerle una ayuda práctica una ayuda que no tiene el carácter humillante de la limosna. ¿Cuántas veces nos han dicho eíi España que se habían constituido Sociedades y Compañías que buscaban capital para emprender la construcción de barriadas de obreros? ¿Cuántas también hemos anunciado á golpes de bombo la inauguración de una obra de esta naturaleza? ¡Y luego hemos visto que todo lo que se ofrecía á los obreros eran barracas indecentes con mucha luz, en efecto, y muchísimo aire ¡aire sobre todo! Y es que esas Sociedades perseguían su negocio nada más, y como no encontraron la ayuda que buscaban en el Estado, no se