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INFORMACIONES DE TODO EL MUNDO ABC ñas intenciones, muy sanos propósitos, un decidido deseo de concluir con la plaga de la mendicidad... Pero, generalmente, los hombres que en España llegan á desempeñar los altos puestos de la Administración tienen eso: muy buenos deseos. Nada más. Todo lo que se le suele ocurrir á un alcalde que quiere acabar con el vicio de pedir es convocar á una reunión á las personas pudientes para darlas un sablazo, con lo cual se convierte el alcalde en otro pobre más. Luego pone el dinero, recogido á regañadientes, en manos de una Junta de señoras que no se reúnen para administrar los fondos más que en los días de lluvia, mm POR TELÉGRAFO, CABLE Y TELÉFONO de publicarse un folleto, que su autor titula modestamente Apuntes para un estudio acerca de los medios de combatir la mendicidad, que DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C EN PARÍS OS OCIOS DE UN Probablemente haya el DIPLOMÁTICO brá olvidado de Peseñor conde ñalver los buenos propósitos que acariciaba para concluir con la mendicidad en Madrid. Esos propósitos los tienen todos los alcaldes cuando entran en la plaza de la Villa, y desde el marqués viudo de Pontejos hasta el señor conde de Pefíalver, ni uno solo ha dejado de proponer su plan correspondiente gara limpiar de pedigüeños la corte. contiene un resumen de todas las fundaciones que en Alemania existen, su organización y funcionamiento. D. Eugenio Ferraz, el primer secretario de la Embajada de España en Berlín, entretiene sus ocios diplomáticos en reeoger apuntes y observaciones tan interesantes como los que contiene este folleto que acabo de recibir, y que estoy seguro que serían de gran utilidad al alcalde que en Madrid quisiera hacer una enérgica y decidida campaña contra la mendicidad. El Sr. Ferraz observa que en tres años que NUEVA RESIDENCIA DE VERANO PARA EL REY SANTANDER. LA PENÍNSULA DE LA. MAGDALENA VISTA DESDE LA CASA DEL SR. PÉREZ GALDÓS El plan para combatir la mendicidad es la coqueluche que pasan os alcaldes todos. Llegan, juran el cargo, y io primero que hacen es decir á los periodistas que están estudiando los medios para hacer desaparecer el repugnante espectáculo que ofrecen en la villa y corte mendigos, vagabundos y pedigüeños. La Prensa arma un poquitín de ruido en torno del señor alcalde, alaba sus propósitos, le bombea; la Policía, para justificar el bombo, da unas cuántas batidas, recoge un centenar de desventurados, y ocho días después no se vuelve á hablar del asunto. ¡Oh! Desde el marqués viudo de Pontejos hasta el conde de Peñalver, todos los alcaldes que en Madrid han sido no hicieron otra cosa. Y todos tenían muy bueporque se ven obligadas á quedarse en casa, y come se cansan pronto de la tarea, concluyen por favorecer á unos cuantos asilo? y el capítulo queda liquidado... al llegar, el buen tiempo. No temáis que ningún alcalde se dedique á estudiar los medios en virtud de los cuales otras capitales extranjeras han extirpado la mendicidad. Claro que esto sería lo más práctico, pero sin duda es mucho más enojoso. Dero vea el señor conde de Peñalver cómo, si quisiera, podría adquirir muy saludables enseñanzas que le facilitarían la tarea que se ha impuesto, si es que persiste todavía en sus excelentes propósitos de concluir con la mendicidad en Madrid. Acaba SOI, O MENDIGO; Fot. Duoraareo. lleva de residencia en Berlín JAMÁS VIO UN y al explicar después los innumerables Asilos, Casas de Caridad, Refugios, Hospitales y Sanatorios; al enumerar los recursos que los Municipios alemanes han sabido arbitrar para sostener estos Centros, no nos extraña que, en efecto, -en Berlín, donde, como en todas las grandes car pítales, hay muchísima miseria, no haya, sin embargo, pobres vergonzantes que imploren la caridad del transeúnte. ¿Es que lo que se hace en Alemania con tan excelentes resultados no puede llevarse á la práctica en España? Confesemos nuestra ignorancia y digamos que ninguno de los alcaldes que pasan por la plaza de la Villa se ha molestado en estudiar las organizaciones benéficas existentes en el extran-