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INFORMACIONES DE TODO EL MUNDO AB preguntarla sus amigas por qué engañaba á su marido contestaba con ingenuidad maravillosa: Tenéis razón; pero ¿me queréis decir qué voy á hacer yo de cinco á siete? Este asunto del adulterio es tan familiar en París que á nadie asusta, y como los novelistas y autores dramáticos le tratan ligeramente, han concluido por hacer de é! no una tragedia, sino un yand- ville. Hace falta un buen movimiento, una campaña educadora que devuelva á esta sociedad la moral perdida; y por eso el autor de Simona la comedia estrenada en el teatro Francé merece el aplauso con que ha sido recibida sa última producción. No importan gy POR TELÉGRAFO; CABLE Y TELÉFONO Y otra vez la crítica vuelve á poner sobra el tapete el problema del adulterio, recordando la brutal receta de Dumas hijo, que gritaba al marido traicionado: ¡Mátala! Pero, ¿es lícito matar? ¿No es más humano morir? El hombre verdaderamente enamorado de su mujer no puede dejarse arrebatar por el deseo de venganza, y todos esos asesinos que nosotros llamamos pasionales, que confiesan á un juez que asesinaron á sus amantes porque las amaban mucho, me parecen locos, y desde luego se puede afirmar que no querían á sus víctimas. El hombre que se ve traicionado un día, DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C EN PAHIS A PROPOSITO Hay un asunto- -escriDE SIMONA Wa Alfonso Karr- que esta siempre de actualidad en París: el adulterio. En el periódico, en el libro, en el teatro, no vemos más tema que éste, y aldesdoblar un periódico por la mañana. podemos estar seguros de que la noticia más interesante será el escándalo dado por una señora; cuando abrimos las páginas del úHiíuo libro nos disponemos á lee? un nuevo aspecto de la mis- MADRID. LOS INFANTES DE BORBON Y ORLEANS EN LA PALOM S. A. LA PRINCESA LUISA, AL SALIR DEL TEMPLO, LLEVANDO DE LA MANO A LA INFANTiTA ISABEL Fot. BC tna cuestión, y por la noche, al asistir á una primera representación, entramos en el teatro convencidos de que el asunto girará alrededor del eterno engaño, de la eterna traición. Ahí en España estos asuntos no pueden ser tratados ni siquiera superficialmente. Aquí, por el contrario, se habla de ellos á la luz del día entre altos y bajos, jóvenes y viejos, grandes y pequeños. I as mismas muchachas casaderas saben, porque las han oído en su casa de sobremesa, las mil y mil historias que circulan por París. ¿J 3 s bueno este procedimiento? ¿E malo? Yo no lo sé; BCIÜ así se da el caso ui e a señora qae al las concesiones que se ha visto ooligado á hacer, variando en veinticuatro horas el final de la obra para satisfacer las exigencias de una parte del público, que protestó de la crueldad de Simona el día de la repetüion general. L. a tentativa de des Brieux es honrada, es noble, y tarde ó temprano le harán justicia. Es preciso que estas gentes se vayan enterando de que la traición de la mujer casada no es asunto para tratarlo solamente en operetas y vaudevüles, y ahí está el conflicto en que Simona coloca á su padre el día en que éste se ve obligado á confesarla que asesinó á su mujer. al sentir que se- derrumba todo lo que él creyó que era su felicidad, muere, pero no mata. Y esta es la convicción que es preciso llevar al ánimo de la mujer; porque cuando una esposa sienta peligrar su virtud, la sola idea del dolor irreparable que va á causar la dará fuerzas para combatir la tentación. Pero si, por el contrario, en el periódico, en el libro, en el teatro, nos complacemos en presentar al marido engañado como una cosa cómica, que sólo produce risa, lejos de combatir el mal le propagamos, y cuando una mujer se casa y gusta los primeros meses de la luna de miel comienza á ver el ejemplo de otras esposas menos escrúpulo-