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FOLLETÍN DE A B C LA SEÑORITA DE LOS CIEN MILLONES CONTINUACIÓN -L. -icia no lo sabe y por eso quiere averiguarlo. Usted la confidente de Mad. Yictoria, que está allí presa, como su compañero Coliin- Megret, y los dos van á ir á presidio; á usted la llevarán á una casa de corrección, aun en el caso de que no averigüen nada que la perjudique, y la tendrán encerrada hasta su mayor edad. ¿Cuenta usted con la protección de la marquesa? -No, por Dios. No la diga usted nada. -Me callaré, como lo he hecho hasta ahora, porque me intereso por usted y es obligación mía defenderla, porque la creo inocente en absoluto y á pesar de las circunstancias. ¡Gracias, Sr. Delrue! ¡Si usted supiera la verdad! -Ya me la contará usted mas tarde. El tiempo urge. Para mi es usted una víctima; para la justicia es usted una culpable, cómplice de criminales convictos y confesos. ¿Por qué ha ocultado usted su personalidad? -No puedo decirlo. -Por eso mismo sospecharán que ha cometido usted algún crimen, y el sileucio agravará su situación; la condenarán á usted á una pena aflictiva é infamante, y eso será la deshonra para siempre. ¡Desgraciada de mí! -gimió mirando á la ventana, como si allí estuviera la libertad. -Sí, eso es. No me queda más remedio que morir. Oyéronse pasos en la escalera, y la pobre muchacha, enloquecida, se abalanzó á la ventana, dispuesta á arrojarse desde la altura de aquel sexto piso. Cuando Delrue la vio tan desespciada, pensó: ¡Ya es mía! liará lo que yo quiera! Se acercó, la tocó suavemente en un brazo, y la dijo: -No olvide usted que he venido aquí para salvarla. IJ 1 ruido de pasos se alejó. -Eran unos vecinos que volvían á su casa. Tenemos, por lo menos, media hora á nuestra disposición, antes de que puedan volver de la Prefectura. ¿Y qué debo hacer? ¡No sé dónde tengo la cabeza! L, a. desgracia que me persigue me vuelve loca. -Lo más urgente es huir, desaparecer cuanto antes. Necesita usted dinero. -No, lo tengo. ¿Se olvida usted de t. us ahorros de dos años en casa de la marquesa? w -No me cuidé de recogerlos. No me creía digrtia de ello; me hubiera parecido que los robaba. -Eso es una niñería. Aquí los tiene usted. La propia marqnesa me ha encargado de entregárselos. ¿Pero ella sabe... -Nada; ni ella, ni el conde, ni el marqués, ni nadie saben nada. Creen que se marchó usted de su casa por una genialidad que les sorprendió, y de la cual hablaron durante dos ó tres dias. I uego han hablado de otras cosas. -Pero, ¿y ese dinero? -Va usted á saberlo. La marquesa me dijo que la buscara á usted y la aconsejara- ¡prudente consejo! -volverse á su país coa sus ahorrillos, que le facilitarán la vida por algún tiempo. L, e entregó la bolsa. -Recoja usted, pues, su dinero, y siga usted el consejo que se le da. ¡Oh, señor Delrue! ¡Sigue usted siendo mi salvadoa! Mi sueño dorado era marcharme de París inmediatamente, y usterl ni nraporciona los medios de realizarlo. -Y de realizarlo oportunamente, no lo olvide usted. -Pero, ¿cómo ha podido usted saber... -Es muy largo de contar y no tenemos tiempo. El tren para Bretaña sale á las ocho y media. Haga usted en seguida un paquete con lo más necesario y abandone usted todo lo demás para el casero. No hay que perder un minuto. Juana le obedecía febrilmente. ¡Vamos, vamos! ¡De prisa! Miró ella por última vez su pobre menaje y salió, dejando la llave puesta en la cerradura. Al pasar por la portería, Delrue dijo, con gran asombro de la portera: -Esta noene volveremos bastante tarde. Juana protestó á media voz de aquella afirmación. ¿Qué ha dicho usted? -Lo que había que decir para despistar á la Policía. El empeño de Delrue era hacer creer á la muchacha que se escapaba gracias á su astucia, y la obligó á dar un rodeo y á tomar el tren de circunvalación, como si la persiguieran y necesitara ocultarse. ¡Qué reconocida le quedo á issted! ¡Cómo podré pagarle la deuda de gratitud que con usted tengo! -No hablemos de eso. -Yo debo manifestar á usted mi agradecimiento. Siempre aparece usted cuando me amenaza algúu peligro. -Usted sabe que nunca me ha sido usted indiferente. Cada uno tiene sus ilusiones... Continuará. A. A A A A. A. A. A. A. A. A. A. A. A. A. A. A A. A. A. A. A EL MEJOR, EL MAS E S P U M O S O E HIGIÉNICO DE LOS JABONES ES EL SOLICÍTESE EN LAS PRINCIPALES PERFUMERÍAS DE ESPAÑ Y EXÍJASE SIEMPRE LA MARCA REGISTRADA BUENOS AIRES. Importadores: García Hs. yCarballo, Almacén de El Imparcial W u. i, OJI. CHILE, tínicos importadores. Nieto y Compañía, Valparaíso y Santiago. HABANA. Importadores: Dr. F. Taquechel, Obispo, 27; El Fénix de Hierro y C. a Obispo, 68. MÉXICO. 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