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INFORMACIONES DE TODO EL MUNDO POR TELÉGRAFO CABLE Y TELÉFONO DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C EN A COMPRA DE L, a Sra. Larrousé, cuña U N E M P L E O da ó cosa así de un magistrado de Agen, prometió á un pobre diablo, al Sr. Villadet, que con sus influencias poderosas y sus relaciones políticas le proporcionaría un empleo en la Administración, á cambio- de 2.500 francos en buena moneda. El Sr. Villadet meditó la proposición, y, decidido un día, fue á entregar los 2.500 frescura que no recordaba haber recibido tal cantidad... ¡Maldita falta de memoria! I ¡A. h! Pero Villadet es un hombre enérgico, y ciego de indignación presentó una denuncia en los Tribunales, por estafa, contra la señora L arrousé; probó los tratos y contratos que entre ambos habían mediado, vióse que el hombre tenía razón, y los jueces dictaron sentencia condenando ala señora Larrousé á tres meses de prisión y á restituir los 2.500 francos al infortunado Villadet. Este no pedía otra cosa... Se quedaba sin el destino, claro está, pero al menos no percíi su dinero, y además proporcionábase el grato placer de vengarse de la trapisondista cias de los magistrados, descubriendo Huevos aspectos en el asunto. El joven substituto, analizando la primera sentencia, probó de manera indudable que no era justa, porque si bien és cierto que la Sra. Larrousé cometía un delito al vender la- influencia que no tenía, no era menos cierto que la posición del Sr. Villadet resultaba comprometida, puesto que pretendía comprar un empleo en la Administración como se adquiere un traje á la medida... La Sra. Larrousé, oyendo al joven subs tituto, lloraba de alegría y casi casi sé con sideraba ya salvada, mientras el Sr. Villa i s í- í V íi ri! j Íí MADRID. INAUGURACIÓN DEL CIRCO LA TROUPE HENRIETTE DE SERR 1 S EN SUS TRABAJOS PLÁSTICOS francos á la cuñada del magistrado, la que ofreció comenzarse á ocupar en seguida de la cuestión del nombramiento. Esto no tiene nada de particular, porque habréis leído muchas veces en la última plana de los periódicos los anuncios que publican los innumerables Sres. Villadet que en el mundo existen, ofreciendo fuertes sumas á cambio de bien retribuidas colocaciones. Pero la Sra. Larrousé no tenía influencia ni relaciones, y, naturalmente, no pudo proporcionar al crédulo Sr. -Villadet el destino ofrecido, y cansado de esperar se decidió a exigir la devolución del dinero... ¡Cándido Sr. Villadet! Los 2.500 del ala habían desaparecido para siempre, y la señora Larrousé le contestó oon la mayor cuñada del magistrado metiéndola una tetnporadita en la cárcel. Hasta aquí el pleito no tiene nada de particular, y cualquiera piensa que, en efecto, el fallo del Tribunal es justo condenando á la estafadora y absolviendo al estafado. La Sra. Larrousé, sin embargo, debía opinar de modo distinto y encontró excesiva la pena que los jueces la imponían. Eila estaba dispuesta ya á restituir á Villadet los 2.500 francos; pero protestaba de los tres meses de cárcel, y, no conformándose con la sentencia, apeló del fallo condenatorio. Y- aquí empieza lo curioso. Hoy, ante la novena Sala, se celebraba la vista de la causa, y ha surgido de repente un joven substituto del procurador general que ha iluminado- las dormidas inteligeadet comenzó á intranquilizarse, viendo peligrar los 2.500 francos. Sí, señores- -gritaba el fogoso substituto novel. -El que pretende comprar el ejercicio de una función pública es tan culpable como el que ofrece venderla... El buen sentido os lo demostrará... No puede haber nunca sobornados si no hay sobornadores... Aquí no se trata d e una estafa, sino de la tentativa de corrupción de un funcionario, y en este caso el Código dispone que el precio del estupro debe ser confiscado. Ya os figuráis la escena... Gran alegría de la Sra. Larrousé y desesperación indescriptible del pobre Villadet... Los jueces mirábanse asombrados, como diciendo: ¡Diablo de principian Este mó o, irá lejos,