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ABC. SÁBADO 18 D 5 ABRIL DE 1908. EDICIÓN- 1. PAG. do de la pared, cou los ojos desmesuradamente abiertos y media vara de lengua fuera ¡Mire usted! ¡Aquéllo me indignó! ¡Parecía que me estaba haciendo burla! Y, efectivamente, este propietario parisiense se indignaba al recordar al pobre clow ahorcado, y juraba que desde entonces no había vuelto á conceder el más pequeño plazo á ningún inquilino... Porque los caseros no sienten que un inquilino se suicide por el dinero que les debe; lo lamentan mucho más por el tiempo que después tienen la habitación desalquilada, pues cada vez que llega alguien á ver el cuarto y se entera de que el anterior inquilino se tuvo que quitar de en medio por no poder pagar, huye de la casa como alma que lleva el diablo, y el piso está meses y meses sin alquilarse hasta que poco á poco se desvanece el recuerdo... ¿Usted cree- -me decía mi interlocutor, -usted cree que todos esos sinvergüenzas se matan porque no tienen dinero? ¡Ca! No lo crea usted... Se matan... ¡para molestarnos! C i hace falta un temperamento especial para tener el valor de arrancarse la vida, no es menos cierto que se necesita también poseer un especial temperamento para tener el valor de hacerse casero... A mí me hubiera perseguido eternamente el recuerdo de ese clown colgado de la pared y con la lengua fuera, y jamás se me hubiese ocurrido pensar que aquel desgraciado había elegido aquella muerte para hacerme, burla... Para que semejante idea pueda surgir en un cerebro, es preciso que este cerebro pertenezca á un casero parisiense, Y si los caseros todos creen igual que este distinguido señor amigo; mío, que los saicidas se matan por el placer postumo de proporcionarlos molestias y perjuicios, mucho me temo que los desesperados, al enterarse, adopten el procedimiento del viejo c own, y lejos de disminuir el número, aumentará más cada vez que el terme se aproxima. Yo hubiera deseado que esos tres ancianos que hoy han elegido su modus moriendú habitaran en el inmueble, propiedad del casero mi amigo, para que los tres le recibieran en la forma que le recibió el clown: coh media vara de lengua fuera... ¡Y le matan del berrinche! OPLAS DEL SÁBADO. ¡ALELUYA! Sábado de Gloria. ¡Cuántos te espe- an y te bendicen: los devotos, por la carne; por tu aleluya, los tristes; los sordos, por tus campanas; por tu expansión, los humildes; los pobres, por la limosna; por estrenar, los currinches; por pasear, las muchachas; por recia citar, los cines; Sevilla, por ver sus fiestas; por abrir sus puertas, Price! Sábado augusto, no frustres esperanzas que en ti cifren los que, hartos de tanta lluvia, tu sol abrileño piden Nuncio de Pascua florida, á tu nombre culto rinde; no digamos, cuando pases, que la Pascua nos hiciste. ¡Aleluya! que hay sol y habrá toros. ¡Aleluya! si hay gente que acuda. Si toreros y toros responden, buena taráe mañana. ¡Aleluya! La afición impaciente la espera, la afición discutiendo la aguarda, que por ella ha de ver, si no llueve, los botones de la temporada. En la plaza están puestos los ojos, y en la entrada los tiene la empresa. SI resultan al fin de aleluya, ganado ó toreros... ¡se Ha aguado la fiesta! RODOLFO GIL. Mendizábal, en la plaza del Progreso, y la calle, en el barrio de Arguelles; la del teniente Ruiz, en la plaza del Rey, y la calle, en Maravillas; la de Calderón, en la plaza del Príncipe, y la calle, en la Mayor; la del marqués del Duero, al final de la Castellana, y la calle, en Recoletos; las de Felipe III y Felipe IV, fuera de sus calles, como la de Alfonso XII cuando se acabe, si se acaba. Muy cierto que, muchas de esas calles, no son á propósito para ostentar monumentos, pero también es fuerte cosa que fuera de las de Isabel II, Colón, Claudio Moyano Arguelles y Pontejos (busto) por estar en sus respectivas plazas ó barrios, y la de los Reyes Católicos, Reina Gobernadora, Espartero, Benavente, Rubio y alguna más, por estar en sitios adecuados ó donde no hacen mal papel, las demás sirvan para constituir rompecabezas ó jeroglíficos. Podrá alegarse, y ello convence á cualquiera, que todo obedece á un plan preconcebido para volver tarumba á todo bicho viviente, y que por eso el Retiro es uno d (los sitios más concurridos de Madrid y qu el Palacio y la plaza de Oriente las hicierot en Occidente. AEMECE A TRAVÉS DE LA FRONTERA Vuelve á anunciar el telégrafo que el insigne León Tolstoy está enfermo de cuidado. A su edad cualquier enfermedad es grave. Precisamente se trataba de celebrar en Septiembre próximo su jubileo, con el 8o aniversario de su natalicio. Por cierto que habían surgido últimamente complicaciones que hacían variar el plan t r a z a d o p o r los admiradores del gran maestro. Todo estaba preparado para celebrar el día 10 del citado mes la fiesta en honor de aquella alma rusa entregada á tan complicados misticismos. Tolstoi no había tenido nada que oponer, Pero un día recibe una carta extraña. En ila se le suplicaba que no se prestase á la ceremonia que se proyectaba. Apelando á sus sentimientos y á su conciencia, se le hacía ver que iba á herir á los verdaderos creyentes en su fe. El autor de esta patética adjuración era una dama cpnocida por su fervor exaltado, la princesa Doudonkof- Korsakof. La misiva debió hacer mella en el ánimo de Tolstoi, á qmien, como es sabido, excomulgó el Santo Sínodo en 1903. Turbado el venerable patriarca de Jasnaia- Poliana, que sigue siendo profundamente idealista y que muestra en sus últimos años especial propósito de no mortificar á ningún espíritu sincero, y como recibiese otras cartas de la Siberia inspiradas en el mismo sentido, adoptó la resolución de renunciar á las fiestas de su jubileo. Al efecto escnbip á Stakhpwitch, consejero del Imperio y secretario general del Comité, haciéndole saber su deseo de que no se celebrasen tales fiestas. La comisión no podía hacer más que acatar ese mandato; pero por acuerdo unánime determinó al disolverse conmemorar el día del glorioso octogenario con algo práctico, con una obra duradera que haga más popular el nombre de León Nicolás Tolstoi. Esa obra colosal es la de publicar en todos los idiomas del mundo los libros completos del ilustre maestro. Ciertamente que esa empresa es más genial y bienhechora que la de celebrar fiestas suntuosas y erigir monumentos y estatuas MADR 1 LENER 1 AS 1 AS ESTATUAS I a iniciativa de la coi misión del Centenario de llevar la estatua de Lope de Vega á la glorieta de Quevedo hace pensar: ¿Y por qué no la de Quevedo á la glorieta de su nombre? La respuesta es sencilla: Porque en Madrid las estatuas, con excepción de unas pocas, están donde no deberían estar. DeJOSÉ JUAN CADENAS. jaría la villa de ser villa. París, Abril. I a estatua de Quevedo está en la plaza de Alonso Martínez. No tiene estatua Alonso Martínez. Si la tuviese estaría probablemente en la glorieta de Quevedo. Cánovas tiene estatua, pero en la plaza de Cánovas se encuentra Neptano en su i a Semana Santa en Madrid. Nuestra información gráfica de hoy se fuente. La va á tener Castelar. pero no en la plarefiere á dos de los actos más salientes de la actual Semana Santa. En uno de los gra- za de Castelar, ocupada hoy por la Cibeles bados aparecen los pobres que asistieron á la con sus leones, sino en la Castellana. Velázquez la tiene delante del Museo. No ceremonia del Lavatorio en el Palacio Real, y la fotografía está hecha en el momento de está mal allí; p. ero no estaría peor en la calle hacerse cargo aquéllos de los enormes ces- de su nombre, Este hermosa vía, una de tos que contenían los donativos que es tra- las mejo. res, tiene dos estatuas: la de Goya y la dé Salamanca. La de Qoya, en el cruce dicional hacerles en la Real Casa. El otro da idea exacta del aspecto de la con la ralle de su nombre, pero dando frenr calle Mayor en el momento en que pasaba te á la de Velázquez, en vez de dársele á la suya, con lo cual nada perdería ésta y tenpor ella la procesión del Santo Entierro. En primer término se ve el nuevo paso del dría aquélla todo lo suyo. La de Salamanca está en su barrio, pero no én su plaza. Esta beso de Judas. plaza se halla pocos metros más allá de la estatua, en la prolongación de la calle de NUESTROS CONCURSOS Lista. Allí estaría mejor la estatua; pero por lo mismo no está allí. El forastero que venga á Madrid está andado si siente curiosidad por ver las estatuas- ¡que no la sentirá, probablemente, Oor involuntario olvido quedó fuera de la sobre todo si siente verdadera vocación por lista de composiciones, publicada en el arte! -y se echa á buscarlas, pensando úmeros pasados, la que lleva por lema lógicamente que estarán en las calles ó plazas de sus nombres! -Canta, poeta, canta La de Eloy Gonzalo está en la Ribera de Lo que creemos de nuestro deber adverCurtidores, y la calle, en Chamberí; la de tir paia los efectos consiguientes. NUESTROS GRABADOS CENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA