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POR TELÉGRAFO, DE TODO EL MUNDC CABLE Y TELEFONO morir, y no se resignan á vivir de la limosna, mientras llega ese momento feliz y venturoso de que habla el ciudadano Jaurés en todos sus discursos. Esos tres ancianos que sin fuerzas ya, sin ODUSMOR 1 ENDI Se aproxima el terme, el pavoroso recursos para defenderse, rompen sus vidas ierme de Abril, y los suicidios menudean y se hunden en el silencio misterioso de la que es un contento. Hoy tres pobres an- muerte, producen pena, llenan de dolor el cianos, cansados de luchar, hartos de vivir, alma, y, ¿por qué no decido? en el fondo de cada uno en un extremo opuesto de París, nuestros pechos sentimos que algo se rehan enviado á sus caseros respectivos el vuelve con indignación... En cambio, el suiimporte del alquiler del trimestre con una cidio de ese joven de veinte años pusiláui- DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C EN PARÍS M tan sagrada obligación, dejando abierta la llave del gas ó pegándose dos tiros en la cabeza, y esto lo ha observado porque ya ha experimentado tres veces la desagradable sorpresa de ir á presentar el recibo y tener que entrar en la casa con el comisario de Policía y un cerrajero. -La primera vez- -me decía- -me nizo una impresión tremenda... Figúrese usted que me encontré con el cadáver de un pobre hombre que se b. abía abierto una vena, v me costó trabajo creer que estaba muerto H I i I r 1 Si 4 U i l t LA SEMANA SANTA EN MADRID. VlERNtí SANTO ASPECTO DE LA CALLE MAYOR EN LA TARDE DE AYER. EL PASÓ DE LA PROCESIÓN DEL SANTO ENTIERRO papeleta de defundón. Ayer fue un joven de veinte años, mañana... ¡Oh! Mañana- -estad seguros- -la Prensa dará noticia de otra media docena de suicidios, y hasta el 20 ó el 25 del corriente la sección dedicada á los sucesos vendrá en la Prensa chorreando sangre... Unos, se ahorcarán como este anciano de setenta años; otros se arrojarán de cabeza al río, y otros, en fin, comprarán un real de carbón, le encenderán y se meterán después en la cama tranquilamente para despertar en otra vida mejor. Porque estas gentes cuando no pueden trabajar ó no encuentran trabajo, prefieren me y cobarde que se mata porque no tiene dinero para pagar al casero, nos deja perfectamente tranquilos... Si á los veinte años un hombre no tiene valor para afrontar cara á cara los riesgos del vivir, más vale que se mate. Ul e observado, como todo el mundo, que los suicidios aumentan considerablemente cuando el terme se aproxima y he querido saber si los caseros habían hecho la misma observación. En efecto... Un apreciable propietario parisiense ha advertido que citando se acerca el momento de pagar la casa hay inquilinos que se substraen á Fot. Goñi. porque parecía qae dormía... El segundo mquilino que me jugó la mala pasada de matarse, lo hizo asfixiándose... También me causó mal efecto... Pero el tercero, ¡ah! el tercero me curó de espanto para siempre ya... Era un antiguo clown que en sus tiempos hizo furor en los circos más importantes; pero luego envejeció y trabajaba en barracas de feria... Me suplicó que le esperase, y yo ¡torito! le esperé tres meses, seis meses... ¡Oh, no lo volveré á hacer! Por fin, al tercer trimestre le envié el aviso de desahucio... llegamos al piso, llamamos, avisa la concierge al comisario, abrimos la puerta y me encuentro al clown enfrente, colga-