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A B C MIÉRCOLES i5 DE ABRIL DE 1908. EDICIÓN 4. a PAG. js POR CABLE DE NUESTRO SERVICIO PARTICULAR TÁNGER, 14, 4 T. -Ese señor insiste, dice que su jefe necesita inmediatamente el dinero. Van Hayden entrega al criado la llave de su escritoiio y le encarga que vaya á buscar aquella pequeña cantidad. co que mis yetnos me ñau uejaao, para qtte con él castiguen sin piedad al imbécil que renuncie á sus bienes en. vida en beneficio del prójimo. JEAN ROSN 1 L J- 3 oy ha comenzado la fiesta del Molud. Como no se permiten los juegos de pólvora, hay escasa animación. Los oficiales de la Policía han ido esta tarde á felicitar al Guebbas. 151 capitán Cogolludo, jefe instructor de la de Tetuán, ha estado aquí unas horas, desmintiendo en absoluto las noticias de supuestos rozamientos con el bajá. Coméntase aquí un edicto que ha publicado el cónsul inglés, advirtiendo á los subditos de su bandera que, en lo sucesivo, el Gobierno británico no intervendrá en diligencias para rescatar á los que sean secuestrados, abandonando ef asunto alas srestionesparticulaies. Mr. Regnault ha embarcado hoy para Marsella. TÁNGEÜ, l 5 3 I EL TERRORISMO EN BARCELONA EL PROCESO RULL POR TELÉFONO DE NUESTRO SERVICIO PARTICULAR MAHTES, J 4 4 T una carta de Fez, que todos los bienes de El Tazzi, ministro de Hacienda de Abd- el- Aziz, han sido confiscados. De Rabat dicen que es ya segura la marcha de una mehalla sobre Fez. Saldrá mañana; la formarán 7.000 hombres con 25 cañones y se dividirá en cuatro columnas al mando de Zarradi, ministro de la Guerra en Rabat, El Bagdadi Boun Aun da y Mabrí en Diñe. La fuer ¿a pasará por Larache, El Ksar y los temiónos de los Beni Hassen y Sherarde. DEL SUEGRO p e e Van Hayden casó á sus hijas, las dotó espléndidamente, y üaspasó su casa Je comercio de Atnberes, retirándose definitivamente de los negocios, Peí o como la ambición humana no tiene liniii. es, los yernos de Van Hayden, engolosinados con la dote y ayudados por sus mujeres no paraion hasta lograr que el suegro íes cediera la totalidad de sus bienes. Conseguido su objeto, dejaron de prodigaile las atenciones y los cuidados que antes c e despojarle le prodigaban. Pedro Van Hayden era un filósofo, pero se propuso dar á sus yernos una lección. Después de leflexionar en lo que podría hacer pai a conseguirlo, fue á casa de un amigo sujo que eia banquero y á quien había prestado muchos servicios en la época de su opulencia. Podrí? usted adelantarme para un solo día 5 000 franco 6- -le preguntó. -Con mucho gusto, y para el tiempo que usted quiera, -Sólo los necesitaré durante un día. Envíemelos usted secretamente mañana por la mañana, y luego, mi- entras me encuentre com enuo en compañía de mi familia, que se p esente uno de sus empleados para peiúnieios en nombre de usted. -Coiiveuic o, amigo mío, ya que tiene us: ed empeño en ello. AI siguiente día, Van Hayden invitó á roiucr á sus yernos, y éstos acudieron con sus mujeres, s nti ndo tener que molestarse poi ir hombre á quien habían arruinado. A! a mtad de la comida sonó el timbre de la pne ia. -V Liien de parte de Mr. X- -dijo el criado, poi lob 5 000 francos que ha consentido u ted tn prestarle. -I.i toy comiendo. Que v u e l v a n más t. iide 3 1 ciiadova á transmitirla respuesta y X CUPIVÍ diciendol 0 La fisonomía de los comensales ha variado de expresión. Antes se mostraban reservados, fríos; ahora se animan y sonríen. El anciano no aparenta advertir el cambio. Rodéanle, haláganle. ¡Un hombre que presta semejante cantidad sin titubear! -Querido suegro- -dice uno, -esta habitación me parece demasiado húmeda. Debía usted vivir con nosotros. Le cuidaríamos, le mimaríamos, nos desviviríamos por darle gusto. -Querido papá- -exclama otro, -tengo en casa un vino de Burdeos muy rico; le enviaré á usted un barril. Desde aquel día, y durante los años que vivió, su familia se mostró con él muy cariñosa. Cayó enfermo y dio á entender á sus yernos que mejoraría en su testamento al que mejor le cuídala. Aumentaron entonces los mimos. Su familia se decidió un día á hablarle del testamento á que él mismo había aludido. Contestó sonriendo que lo había hecho ya, y ordenó que trajeran un cofrecito bastante pesado que había comprado el día de la famosa comida. Aquel cofrecito tenía tres cerraduras y tres llaves distintas. Entregó una al notario y las otras dos á sus yernos, exclamando: ¡Pillastrones, qué felices vais á ser! Esta bromlta sentimental fue acogida or lágrimas de agradecimiento. -Hijos míos- -añadió Vau Hayden, -no lloréis mi muerte. Ha llegado mi hora y debo resignarme. Os agradezco los cuidados que me habéis prodigado durante mis últimos años. El contenido de este cofrecito será más elocuente que cuanto yo pueda decir. Pocos días después exhaló el último suspiro. Le hicieron suntuosos funerales, dignos de un suegro que deja un tesoro, v cuando, pocos días después, abrieron el cofrecito encontraron en él únicamente un magnífico garrote y un papelito con estas palabras: Yo, Pedro Van Hayden, sano de cuerpo y de espíritu, lego este palo, que es lo úni- jn ctalles é impresiones. En tanto que se íedactaba la sentencia, los reos pasaron una sala contigua. María Queraltá lloraba acongojada. Su marido intentaba consolarla. No se muere más que una ez -la decía. Trigueros estaba anonadado. También ei padre de Rull le habló: -No te quejes- -le dijo- -que tú al menos has cobrado. Juan Rull intervino, diciendo- -Aquí todos somos inocentes; se nos podiá condenar, pero Barcelona se convencerá de que se sacrifica á unos inocentes. El abogado de Rull acercóse á éste, una vez leído el f illo, y le preguntó si quería entablar recurso. ¿Para qué? -contestó Juan, Hermenegildo Rull nervioso, agitado repetía- -Ya se ve, somos nosotros los que hemos echado todas Jas bombas. Y José Rull, esforzándose por sonreir, añadió: ¡Como no nos carguen también las de Moscou y San Petersburgo! Hermenegildo recordó luego que ayer era día 13, que era su santo y que cumplía años. También observó la coincidencia de que el Jurado hubiese dado veredicto en martes habiendo deliberado en un día 13. Juan les hizo callar. Cuando fueiou invitados i firmar, la madre preguntó á Juan: -Aquí 110 hay lesponsabilidad, ¿veiaadr- -No; pero no debemos filmar, es una protesta como otia cualquiera- -contestó. Tngueros fi mió, y al coger la pluma echóse á llorar, exclamando: Sea la voluntad de Dios! Perelló al ser felicitado por los letrados sufiió un ataqie. Recordaba que su mujer ha mueito duíanle el período del proceso, y preguntaba cómo encontraiía su casa. María Queíaltó, al llegar á la cárcel de mujeres, sufrió un ataque epiléptico. Ha sido colocada en una sala de preferencia, que está vigilada escrupulosamente. En la cárcel celular se ha montado también un servicio especial de vigilancia c? rca de Juan y Hermenegildo Rull. Estos han sido colocados en celdas distintas á las que ocupaban hasta hoy, y se les ha registrado escrupulosamente. Todo esto obedece al temor de que atenten contra su vida. A propósito de ello, el Diario de Ba ¡cehnci acoge el rumor de que hace dos días quisieron hacerlo María Queraltó y Hermenegildo Rull, evitándoloyos empleados. También acoge la versión de que á Juaa Rull se le encontró ayer una cuerda hecha con pedazos de trapo, que había escondido en el colchón. I nútil añadir que en Barcelona no se ha biaba hoy de otra cosa. El veredicto y la sentencia han sido muy bien, acogidos tjor la opinión. Se aplaude á los jurados. Unieamente se discute la abso lución de Perslló. Este, Peral. 3 y Burguet han salido de la. cárcel, el últitio por haber cumplido con exceso, en prisión preventiva, Ja. pena que se le ha impuesto.