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INFORMACIONES DE TODO EL MUNDO ABC Jgjg POR TELÉGRAFO, CABLE Y TELÉFONO vive de cualquier manera, especie de raucho de soldados ó de monjes. ¡Naturalmente, un pueblo de monjes y de soldados, qué quería usted que inventase para comer! El cocido, que es igual que decir rancho... Yo A propósito de la Semana Santa y de los como á la inglesa. ¡Ah, mi querido amigo! ayunos con vigilia, voy á transcribir Nada tan práctico como lo inglés. aquí una conversación que escuché ayer D. Basilio. -Me permitirá usted, amigo tarde en el paseo, de boca de dos graves se- mío, que le contradiga. ¿Qué es eso de coñores. cina inglesa? Y, sobre todo, ¿qué es eso de Decía uno de los señores, llamado D. Ba- vilipendiar á la cocina española? Pero vamos á ver: ¿Usted se figura que la cuestión silio, lo siguiente: -Amigo mío, dígase lo que se quiera, el del comer y del beber son efectos fortuitos potaje de garbanzos con acelgas es una cosa y momentáneos, que surgen como ios honmuy rica, y en estos días de obligado ayu- gos? Nada tan diferente de la verdad. Con- LA MORAL DE LA COMIDA ingleses: ¿Qué diablos es lo que comen los ingleses... D. Basilio. ¡No me toque usted á la civilización de los ingleses! Son los hombres más sensatos, prácticos y equilibrados del universo. No verá usted que los ingleses coman nada que no sea útil, substancioso y racional. Huevos, jamón, té, verduras cocidas, carne, mantequilla, frutas en compota, y cerveza, con algo de mostaza para estimular el apetito. Como usted puede ver, la cocina es admirablemente racional é higiénica. D. áBz ciffo. -Perfectamente. Me dice usted que los ingleses comen jamón crudo, huevos pasados por agua, carne asada, VP UN TEATRO INCENDIADO Fot. Alvao. OPORTO. EL TEATRO DE SAN JUAN, DESPUÉS DEL INCENDIO QUE LO ACABA DE DESTRUIR 10, es un plato de rigor entre los españoles. sidere usted que las demás cosas de la civi- duras cocidas... ¿Pero se debe llamar á eso El otro señor, que se llamaba D. Aniceto, lización pueden muy bien improvisarse; y, cocina inglesa? ¡Oh, no, amigo mío, de ninen efecto, si nos dirigiéramos al Congo fran- gún modo! Eso podrá titularse cocina higiéargüyó presurosamente: -El potaje de garbanzos, señor mío, así cés, pongo por caso, veríamos á los negros nica. pero no cocina propia y original y tracomo todos los guisotes españoles, son co- manipular desembarazadamente con todos dicional de un pueblo. Esa es una comida los objetos de la civilización; veríamos que de hombres prudentes, es verdad, pero no sas puercas que ensucian el estómago. D. Basilio- ¿Dt manera que usted no cree montan en un tren, que transmiten despa- es una comida heredada, íntima, consuetuchos por telégrafo y que estudian, si usted dinaria. ¿Y sabe usted qué consecuencia se en la cocina española... D- Aniceto. -Yo no creo en eso que usted quiere, ias Matemáticas y hasta la Metafí- saca de la comida inglesa? Pues es la siacaba de titular pomposamente cocina espa- sica. Pero pedidles que inventen un plato guiente: que los ingleses, cuando comen, ñola. ¿Existe, en realidad, una cocina espa- nuevo... ¡Ahí está, ahí, la raíz de la dificul- prueban evidentemente qme su civilización ñola? No puede existir, puesto que un país tad! Con sólo acudir á la cocina de ese ne- les viene de hace cuatro, días, y que aún no de hambre inveterada, de hambre atrasada gro del Congo, habremos contrastado su ci- hace tres siglos que los ingleses eran unos y que nunca ha sabido ni podido comer, vilización y conocido su calidad; sabremos, semi- bárbaros. No ha tenido tiempo su cisólo acertó á inventar ese plato ruin que en fin, si se trata de una civilización im- vilización de crear una cocina nacional! D. Basilio. ¿Qué fantasía escucho... llamamos cocido, última palabra de la equi- provisada y pegadiza, ó de una cultura larD. Aniceto. -No hay fantasía alguna. Afirvocación culinaria, fruto de una raza que ga, propia, original, legítima. Veamos los