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A B C DOMINGO 12 DE ABRIL DE 1908. EDICIÓN a. PAG, n Bl empréstito alemán será de 650 milloíes de marcos al 4 por 100 y al tipo de 99 por 100. No es muy oportuno el momento para lanzar al mercado una emisión tan importante; pero el Tesoro alemán no puede vacilar, porque necesitará dinero á fines de Abril. Pero si no existen síntomas de una próxima mejora en las plazas alemanas, en cambio continúan sieiido optimistas las impresiones que se reciben de los demás mercados. En Nueva York, el CaliMon- ey oscila entre 1 y cuarto y 2 por 100, y el último balance de los Bancos asociados acusa un aumento de siete millones de dollars en las reservas. En Londres, el descuento libre vale dos y siete dieciseisavos; el Banco de Inglaterra ha aumentado sus reservas en 11 millones de libras esterlinas, y se aguardan de las comarcas productoras importantes reservas de oro. En París el dinero no vale más de 2 y medio por 100, y es tal su abundancia que el Gobierno francés ha podido reducir el interés de los bonos del Tesoro. sa ha reaccionado en alza estos días y valía ayer sábado 96,55, ganando durante la semana 20 céntimos. Han cesado las ventas motivadas por el temor de que el Parlamento incluya la Deuda en el impuesto sobre utilidades, porque la Cámara ha abandonado, para dedicarse á otros asuntos, la discusión del proyecto, y porque pronto comenzarán las vacaciones. En los demás valores las oscilaciones han sido relativamente pequeñas. El Exterior vale 93,55; el Interior, 72.50; los Nortes, 283; los Zaragozas, 379; los, Andaluces, 169; el Ruso nuevo, 98,20; el Turco, 94,65; el Brasileño, 84,50, y el Argentino, 92,50. Las acciones de Ríotinto pierden 32 francos y quedan á 1.599; as de la De Beers bajan 10 francos y valen 289; las primeras impresionadas por la baja del, cobre, y las segundas influidas por la crisis del diamante. Estos dos valores son los que han tenido oscilaciones más bruscas. El Crédito l,io nés corta su cupón y vale 1.166; el Banco Mejicano queda á 972, como hace ocho días; el Metropolitano cotiza á 503; la Tharsip, á 150; la Goldfrelds, á 73, y la Randlnines, á 135. A BOLSA DE PARÍS La Renta france- Ambos se miraron consternados. -Improvisaremos enfermos- -exclamó Lupin. ¿Improvisar enfermos? -Porqué no. ¿Usted cree que el ministro es capaz de distinguir entre un moribundo auténtico y un enfermo falsificado? Lo principal es que se muestre satisfecho de nuestra ciencia y de nuestra abnegación... Poblemos las salas con enfermos imaginarios. Cosme escuchaba, preguntándose á sí mismo cómo podría salir de a q t ó mal paso. De repente tuvo una idea. Cogió su pañtielo, se restregó los ojes, y mity emocionado murmuró: -Siga usted hablando, yo se lo mego, señor ministro; sus palabras me hacen el efecto de un balsamo, y ya me siento mucho mejor. A los labios dei ministro se asomo una sonrisa de triunfo. ¿Era cierto que su eloesde el día siguiente afluyeron al liospir cuencia producía una impresión moral sutal los pseudo enfermos. Iban á ensa 1- ficienteireute poderosa para ejercer una inyar sus papeles para engañar mejor al in- fluencia- bienhechora sobre la naturaleza oportuno ministro y para conjurar el peli- del paciente? Qué revelación: gro que amenazaba destruir la prosperidad Continuó s peroración con mayor énfav de Castromelones. Produjéronse escenas como la siguiente: sis, lanzando de cuando en cuando una miEl doctor Lupin. (Dando unas palmadas. rada sobre el enfermo. La fisonomía de é te se animaba gtactual Vamos á ver, ¡vosotros los paralíticos! ¡Más alma, más nervio, hijos míos! Los ojos apa- mente. Sus miembros recobrarían su elasti gados, los labios caídos, el cuerpo inerte. cidad. Se incorporó de repente. ¡Bueno... no está mal del todo; pero cuidado con reírse... Ahora quevengan los del tifus... Pero qué demonios hacen los tíficos? Un catarroso. -Han ido á tomar una copa. Montalayou. M xy agitado. Por aquí los tuberculosos... Me parece que falta uno... Un tuberculoso. -El peluquero de la calle Mayor no ha venido... Ha cambiado de enfermedad porque le molesta toser, Prefiere la apendicitis. El doctor Lupin. (Dirigiéndose á uno de los enfermos. Haga usted el favor, señor Ambrosio, de traer mañana temprano á su vecino... ya sabe usted quién... el zapatero que tiene una pierna de palo. Ambrosio. -Como usted quiera. Pero ¿con qué objeto? El doctor. ¡Hombrel Para que pueda yo decir que se la he amputado hace poco. D EL HOSPITAL ü n la ciudad de Castromelones no había ni comercio, ni industria, ni guarnición; pero había un hospital. Nadie sabía ni nadie sabrá por qué. No había enfermos, y en cambio era numeroso el personal de médicos, de farmacéuticos, de químicos, de ayudantes, de empleados administrativos, de cocineros, de enfermeros y de enfermeras. Vivían todos ellos en una encantadora quietud desde tiempos inmemoriales, cuantío una noche, al dar las doce, el director, Mr. Montalayqu, se precipitó en el cuarto del médico en jefe. ¡Lupin... ¡Lupin... -le gritó al oído, mientras le sacudía frer éticamente con ambas ni anos. ¡Despierte u- ted... Acabo de recibir un telegrama; estamos perdidos, amigo mío. ¿Qué sucede? -preguntó Lupin, frotándose los ojos. -Lea usted... Me avisan que el ministro de la Gobernación estará aquí dentro de tres días; viene expresamente á visitar el hospital. Esta terrible noticia cayó como una bomDa sobre el pobre Dr. Lupin. ¡Un, a. verdadera catistrofe! -añadió Montalay m. -Cuando vea el ministro que no podemos presentarle un solo enfermo, se i. tj cho i urt. tun- i. c verificó la temida visita. El hospital estaba lleno de enfermos: todas las enfermedades conocidas se hallaban representadas en él. Las cosas marchaban bien, hasta que el mini tro, seguido per el alto personal del establecimientov se paró ante la cama que oeupaba el peluquero Cosme, el ex tuberculoso que había preferido la apendicitis. El imprudente doctor, cegado por el éxito de su ardid, tuvo la temeridad de afirmar que era indispensable operar al enfermo cuanto antes. Y exclamó entonces el ministro: ¡Me alegro de la coincidencia! ¡Asistiré á la operación! e r a indispensable que Cosme se resigna ra. De su sacrificio dependía la suerte Je Castromelones, Pero el infortunado pe- ¡Curado! -dijo, ¡Estoy, curado! Se desarrolló entonces una es. ceua conmovedora. El ministro interfttúlpió su discurso, abrazó al picaro del peluquero y luego, sacando una cruz del mérito agiícola del bolsillo, la colocó en la camisa de dormir del paciente. Los presentes estabaa todos hondamente emocionados. La salida del ministro de) a ciudad fue una verdadera apoteosis. Pocos días después caía una lluvia de condecoraciones sobre el personal del hospital de Castromelones. ROBBRTO FRANCHEVULE LA ESTAPA A LA CAJA DE DEPÓSITOS cando varias diligencias. -Los procesados Manuel García Franco y Juan Alvarez Riego han Jiombxado abogados defensores á los dístingtsidós letrados Sres. D. Bonoso de Arcos y DN Basilio Edo. -Se dijo ayer que también doña Carmen Ferrer ha sido estafad a 90 git amigo Ricardo. Doña Carmen usufructuaba los bienes df su hijo, que ascienden á 4.o oO dtlfos. Ricardo Zabala, al intimar con ella, se hizo cargo de la administradlo de dicha fortuna, y ahora resulta qtle tps 40.000 duros no parecen por ningún lad ¿C arece ser que el hijo de íñfi Carmen jufe es alumno de una Academia militar, como principal inte- ado, i p 1 i confia li. estuvo El Juzgado la Caja durante la mañana de ayer en de Depósitos, practi- luquero no quería sacrificarse. Trataron de convencerle, pronunciáronle grandilocuentes discursos sobre la abnegación, pero no hubo medio. Cuando volvió el ministro tuvieron que decirle que el enfermo no quería que le operaran. El ministra tué á verle y le exhortó elot