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INFORMACIONES DE TODO EL MUNDO DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL POR TELÉGRAFO, CABLE Y TELÉFONO odiando á la Prensa, la halagaba, y éste, queriéndola, la desprecia. Se sabe que durante el tiempo que Waldeck Rousseau ocupó la presidencia del Consejo, sus secretarios y las peisonas que le rodeaban le ocultaron cuidadosamente cuantos ataques dirigía la Prensa contra é fí Waldeck- Rousseau había prohibido á todo el mundo tratar de estos asuntos, y como adivinaba las violencias, prefería no conoceilas. Mr. Clemenceau tiene un procediin. éxito A B C EN PARÍS A PRENSA Y Mr. Cletnenceau, que su vida CLEMENCEAU ha sido todano goza un periodista, de ¡os favores de la Prensa. Esto, después de todo, es una cosa muy natural, porque es íarísimo el ejemplar de periodiíla- mmistio que no se revuelva contra los que lueron sus compañeíos graves que el actual Gobierno francés tenga que resolver, se encontrará siempre con el enemigo, por él mismo azuzado, y disfrutará las delicias de una mala Prensa... -Yo soy un puerco- espín- -dicen que dice para justificarse Mr. Clemenceau. ¡Hay que tomarme como soy! Mr. Clemenceau odia las imitaciones y desprecia los procedimientos que empleaba Waídeck- Rousseas, otro presidente del Consejo que tampoco se distinguía por su acendrado cariño al oapel impreso. mfmp- 0 r, r- v 11 P MADRID. EN LA GRANJA AGRÍCOLA DE LA MONCLOA S. M. EL REY PRESENCIANDO LAS PRUEBAS DE UN NUEVO MOLINO DE ACEITE El presidente del Gobierno francésno ha querido ser una excepción, y desde que se colocó a la cabeza del Gabinete ha procurado por todos los medios ir enajenándose las simpatías déla Prensa. No es, pues, extraño que ahora, con motivo d el debate promovido por Jaurés, los odios salgan á la superficie. IJs lógico que enfrente de este conflicto pavoroso de la huelga, Mr. Clemenceau sienta temblar el sielo que pisa... En todas las cuestiones Waldeck Rousseau cuidaba de advertir á sus secretarios cada vez que un debate sensacional estallaba en la Cámara ó cuando había que sacar adelante un proyecto: -No olviden ustedes que cada periodista es un puerco- espín. Arréglense con ellos de manera que no sufra yo los pinchazos. Waldeck Rousseau y Clemenceau no coinciden en sus procedimientos, como no coincidieron tampoco en las ideas, aunque otra cosa parezca á primera vista, porque aquél, Fot. Goñi. totalmente contrario, y su primera ocupación todas las mañanas es enterarse de lo que los periódicos dicen de su gestión. Pero como, según confesión propia, el señor presidente es un puerco- espín, no puede prescindir del lenguaje pintoresco que generalmente emplea, y así cuando llega al ministerio pide la Prensa, preguntando á sus secretarios: -A ver qué dicen hoy ese animal de Fulano y ebte inib. écil de Zutano.