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INFORMACIONES DE TODO EL MUNDO DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL ABC tero vaya á Auteuil... Si un periódico anuncia que los Príncipes han adquirido un paleara el Vaudeville, las restantes localidades serán disputadísiraas y alcanzarán precios verdaderamente fabulosos. Luego, en el teatro y en la tribuna, el público no hace más que contemplar al personaje, observar sus gestos, estudiar sus movimientos y aplaudir cuando él aplaude y saludar cuando él saluda... y marcharse cuando él se marcha... Son asombrosas nuestras facultades imitativas... Decididamente nuestros antepasados se columpiaban en los árboles colgados del rabo. En el turf, sin embargo, hay un núcleo de POR TELÉGRAFO, CABLE Y TELÉFONO ¡A ver si es que vamos á venir á los toros a divertirnos! Los hombres- caballoss tampoco van á divertirse á las carreras, y si los prestáis atención os dirán que estas fiestas se celebran con el solo objeto de mejorar la raza caballar. Cuanto más corre un caballo- -afirman- -rnás se desarrollan sus pulmones y mejor es la raza... Pero el público en general no piensa así, y va alas carreras porque le gusta jugarse el dinero y porque, igual que en. los toros, puede de tiempo en tiempo proporcionarse la emoción de ver cómo se hace tortilla un hombre, pues es indudable que en el aficio- A B C EN PARÍS OMIENZAN LAS La visita ctel principe de Gales á París CARRERAS ha coincidido con la inauguración de la temporada en Longchamps, y los parisienses están obsequiando al heredero del rey Eduardo con lo que más puede agradar á un inglés de pura sangre, que es ofreciéndole una carrera de caballos todos los días. El príncipe de Gales irá por las mañanas t r ty! W DISTURBIOS E N ROMA personas que no se dejan influir por la presencia del más augusto personaje, hasta tal extremo, que ni le miran siquiera. Este núcleo le forman los aficionados de verdad, los auténticos, los que pudiéramos llamar hombres- caballos Estos son como nuestros aficionados á los toros, intransigentes, severos é intratables, y han hechQ de su afiÍ) OYtf Y es el caso que la visita del príncipe de ción un verdadero sacerdocio. Estoy por Gales ha contribuido mucho á la aninmción decir que á los hombres- caballos les mo ¿e esas primeras carreras, á las que, por lo lesta la presencia de los personajes en las general, no solía antes ir un alma, porque carreras, porque distraen la atención. Los todavía el tiempo no se presta á la exhibi- hombres- caballos lo repito, tienen mucha ción de las toilettes primaverales. Pero es analogía con los aficionados á toros, y me asombroso el público que arrastra en París recuerdan aquella frase de Arturo Mélida en un personaje como el príncipe de Gales... la plaza de toros, cuando quiso imponer siBasta que se diga que en Auteuil presencia- lencio á unos señores que se estaban riendo, rá la carrera S. A. para que el faubourg en- y exclamó: á visitar los monumentos y por las noches á ver los teatros; pero las tardes, esas se las tiene que pasar entre Saint- Cloud, Longchamps y Auteuil... Un Príncipe inglés tiene que ser aficionado á las carreras de caballos aunque no quiera. ¡Miren ustedes que si luego resultara que no le gusta ese Fot. Tra. r. pus. nado al turf y en el espectador taurino existe todavía un resto de la barbarie latina que consagró las fiestas del circo con las espantosas carnicerías de gladiadores, mártires y fieras salvajes. Hoy no nos podemos pagar el lujo de ver á unos cuantos hombres despedazados por un león, y nos consolamos contemplando á un torero con las tripas fuera ó á un jockey con la cabeza hecha cedazos... r e s e r v a n d o esta tardeáun grupo de hom a- bres- caballos que estaban ejerciendo su sagrado sacerdocio en Longchatnps, recordé lo que en su libro Les visages et les ames escribía la célebre bruja, adivinadora y nigromante, Mad. Genia Lionbou. Yo aseguro- -dice la distinguida hechi- LA PLAZA DE JESÚS, OCUPADA POR LA FUERZA PUBLICA, DESPUÉS DEL ENCUENTRO ENTRE MANIFESTANTES Y POLICÍA