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A B C MARTES, 7 DE ABRIL DE i 9 o8. EDICIÓN 2. PAG. 1 1 rutilantes joyas con que adornó su cim- breante cuerpo en las postrimerías de sus trabajos en las tablas. No falta tampoco quien atribuye á su paso por la península un fin más práctico, monetariamente hablando, y se ha dicho á este propósito y hasta ha circulado la especie como artículo de fe, que la Otero iba con; ratada para bailar en un coliseo de Lisboa, sin perjuicio de exhibirse algunas noches an uno de Madrid. Si esto fuera asi, tenga á buen seguro que nabríamos de agradecérselo sus compatriotas, porque cansados hasta la saciedad de ver su figura en las cajas de cerillas y en todas partes y de leer los relatos de sus triunfos y de sus escándalos en los telegramas del extranjero, habríamos de conformarnos con verla actuar en alguno de nuestros teatros, aunque cobrase 3.000 pesetas tior exhibición, como se dice que ha pedido á la empresa de la Zarzuela. I a Cleo de Merode es la Cleo de Merode, y se dignó trabajar para nosotros y en otro orden mucho más elevado, desde luego, Gayarre, Adelina Patti y Uetam eran españoles que lograron avasallar á los públicos más exigentes de América y de Europa, y también cantaron para nosotros. Pero ¡oh dolor! la fantasía de las leyendas que quedan apuntadas se desvanecen, y todo hace creer que, terminada la excursión á Sevilla, la Otero volverá á Madrid de paso, sólo de paso. Volverá á hospedarse en el encopetado íiotel de Roma, lugar al que suelen venir tos diplomáticos nuevos antes de encontrar residencia apropiada, y como estos tres días que ha estado aquí, seguirá tomando su FIGURAS DEL DÍA baño á las once, sufive o dock por la tarde, asistirá á algún teatro por la noche, desD. JOSÉ TRAGÓ lumhrando á sus paisanas con el brillo d su pedrería, y quizá antes ds regresar á París volverá á presenciar alguna corada como la Ni un solo instante le abandonó el temor 1 Preocupadísimos los reponen, trataron, del domingo, para exclamar an correcto que experimenta todo el que quiere tener por cuantos medios estuvieron á su alcanVanees: ¡Oh que c esC dréie! conciencia de lo que hace. Por eso su inter- ce, de averiguar el objeto defestarcoincidenpretación fue de las más perfectas y de las cia de conferencias y visitas, pero todas sus más honradas. En Jos efectismos cabe la preguntas se estrellaron ante la absoluta rampa. Es fácil cubrir defectos con la des- reserya de los cuatro señores. 1 lumbradora brillante del mecanismo que á Únicamente el Sr. Millán Astray, contesCin una localidad yacía, lleno el teatro de algunos ejecutantez les lleva á enmendar la ¡tando concretamente á una pregunta, se la Comedia, salió Tragó á la escena, el plana á quienes como Schumann y como aventuró á decir que su llegada estaba reauditorio le acogió con una nutrida salva Chopin sabían lo que escribían. lacionada con la estafa de la Caía de Depóde aplausos y él saludó gravemente, cerePero efectismos no hay que pedirle á Tra- sitos. moniosamente. gó. Es la verdad misma; es la sinceridad No fue posible obtener de él explicación Sentado ante el piano comenzó, sin per- tocando el piano más clara. n der minuto, la gran fantasía y fuga en sol El fiscal, Sr. Mena, abandonó la Casa de Por eso su es más valioso; menor, de Bach, arreglada por Liszt. A su porque actuótriunfo de ayerel pianista conCanónigos, y poco después, á las diez y el pianista, y lado se sentaba un joven que llevaba los quistó al público con la magia de su digita- media, salía también en el coche oficial el papeles con la carga enorme de corcheas, ción y con la nobleza de su culto á los auto- Juzgado, constituido por el Sr. I, a Torre; el fusas y semifusas que había de tocar el gran res, á quienes interpretó como Dios manda, escribano, Sr. Villanueva, y el alguacil artista. Hubo momento en el curso del con- y como ellos quisieran que les interpretasen Mota, con dirección á la calle del Marqués cierto que oímos á Tragó preguntar á su los que, como Tragó, figuran con derecho ¿e Urquijo. (joven mentor: ¿Qué va ahora? legítimo en la dinastía de los reyes del piano. Al llegar á la esquina de Martín délos HeTodo, todo era nuevo allí. Un pianista sin El entusiasmo del público fue justo ho- ros y reconocer el coche del Juzgado, acercámelenas, sin pañuelo cerca de las teclas menaje atan excelso soberano. ronse á él el sereno del barrio y la pareja de para llevársele coquetonamente de vez en Orden público que estaba de servicio, para cuando y sin necesidad á las mejillas; sin ofrecer los suyos al juez; pero el juez, lejos dislocarse en inverosímil gimnasia, sin es ¿SUCESO de utilizarlos, los despidió, diciéndoles que tudiada pose, en la que entra por mucho dino le harían falta MISTERIOSO? sólo del escribano ninguna, y acompañado rigir melancólicas miradas al cielo, que no y del alguacil penetró en es cielo, sino bambalinas de pintado lienzo; A primera hora de la noche empezó á cir- el establecimiento, cuyas puertas se abrieun pianista, en fin, que tiene á su lado un cular por los centros reporteriles la ron silenciosas, y silenciosas volviéronse fá auxiliar para salvar flaquezas de memoria noticia vaga de un suceso- -no se sabía cerrar. ¡inaompatibles con el virtuosismo, y que em- concretamente cuál- -que se se suponía ocu- Hasta la una y media de la madrugada pieza á tocar con el miedo que sentiría de rrido en un establecimiento de enseñanza duró la visita, diligencia, reconocimiento ó fijo cuando se examinó de primer año de que hay establecido en la calle del Marqués lo que fuese. A esa hora las puertas se volpiano, ¿no ha de ser nuevo para un público de Urquijo, esquina á la de Don Martín de vieron á abrir, el Juzgado subió otra vez al acostumbrado á oir pianistas de imponde- los Heros. coche y regresó á la Casa de Canónigos. rable mérito, pero también de imponderaSabíase que á las ocho de la noche había Hay quien asegura que el Sr. I, a Torr ble eseena? llegado al Juzgado de guardia el fiscal de la venía malhumorado, quejoso de no ffabei Y así tocó el insigne maestro la citada Audiencia, S. r. Mena, se había dirigido diencontrado quizá todas aquellas facilidades fantasía de Bach, la sonata en do mayor, de rectamente al despacho del juez D. Gonzalo que para el cumplimiento de su gestión neBeethoven; los hermosos Estudios Sinfóni- de la Torre Trassierra, y había permanecido cesitaba. ¿Qué gestión fue ésta? I os periocos de Schumann y las cinco páginas de encerrado con él en reservada conferencia distas no lograron averiguarlo. Chopin, mas el nocturno que dio como pro- más de una hora. 1,0 único que llegó á sus oídos fue que la pina al final del concierto, además de la- Poco después llegó el juaz del distrito del visita habíala motivado el encuentro de un que dio al final de la segunda parte, co- Congreso, Sr. Cores, y momentos más tarde feto en un desván. rrespondiendo al estruendo de aplausos y el comisario general de Policía. Sr. Millán bravos con que le premiaba el público Astray, CONCIERTO TRAGO