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A B C MARTES 7 DE ABRIL DE 1908. EDICIÓN 1. PAG. 5. Por fortuna, eí poeta se impone al narraídor realista y queda en alto la esperanza. ¡Con ella surge ésta otra: que Muñoz San ¡Román ha de seguir este cultivo afortunado ¡de las letras, y en sus paisajes y ¡en sus esfcenas bucólicas volveremos áver á la Na ¡turaleza, riente y esplendorosa, sobre todas lias miserias de campanario, presidiendo los aipqres sanos y fuertes. MADRTETAL DI A Y corno el que nose consuela es porque no quiere, nos consolamos ayer de la me- lla que nos hacia el tiempo desabrido, pensando que en el Norte nieva. 1,0 cual no quiere decir tampoco que estemos libres de ver sobre nosotros el consabido sudario Algunos copos cayeron á media tarde, pero aislados, vergonzantes, huidos. De todos modos, para muestra basta un copo. Pocas nuevas se cotizaron ayer en el tuertado de la murmuración. En la casa municipal no hubo nada que hiciese gemir las prensas. En la de la justicia comparecieron c ualro acusados que falsificaron 30 fes e- da... porque no pudieron falsificar 60 y 3i sta la Santa Biblia. J l interés político se refugió en elS id donde habló el jefe del Gobierno, o 1,1 discurso sobre el terrorismo barcelo c contestando á otros que se hicieron n. ¿imánente sobre el mismo tema. La SOCOH: da arma del más eres tú se esgrimió lindamente en uno y otro campo. Los devotos del arte pasaron una buena tarde Qyendo en la Comedia á Tragó, el r a n pianista de casa que alcanzó muchas ovaciones; pero no más de las que él jnerece. Las estafas puestas en la orden del día no ofrecieron detalle niaévo con el cual pudiéramos arrancar una nueva tira de piel. La Policía trabajó bastante. Hubo de capturar á un pensionado de Ceuta, que había venido á veranear á Madrid; también intervino en una colisión sangrienta, habida eu el Barranco de Embajadores entre gente capitalista y gitana; en el atropello de ¡una señora en la Puerta del Sol y en la captura de uno de tantos raías que en el inundo han sido. ítem más; una salvajada en la Guindalera con un guarda de Consumos por protagonista, varias raterías, la inevitable y diaria tentativa de suicidio, un atraco en plena laza de la Independencia, y á última hora, wa. de madrugada, una visita misteriosa del fuzgado á una casa de la calle de Don Marjtín de los Heros, con lo que la imaginación popular hará 4 hoy arabescos y otras maravillas de cajón, Con todo lo sumariado, con comentar la presencia de Carolina Otero en Madrid, que intriga á mucha gente más que si hubiese venido Bülow, y con paladear una noche, más que íresca, pero sin descalabros teatrales, dio fin la jornada del lunes. dcmoledores desde los bancos de frente al Gobierno. Toda libertad les parecía poca; todo exceso juzgábanlo disculpable, cuando no justificado; toda medida de represión apreciábanla arbitraria y hasta ilegal. Hoy en el Gobierno, son los primeros en adoptar, y hacen bien, resoluciones enérgicas que garanticen el orden social; la responsabilidad que han contraído echando sobre sus hombros la carga de gobernar á Francia, les hace aparecer como cojaserva- dores á los que aún desearían avanzar más. Todo ello es lógico, y por lo mismo á nadie puede producir recelo y desilusión. Los liberales y demócratas que hoy combaten ardientemente al Gobierno por esa ley de represión del anarquismo, proceden sin duda con una gran sinceridad. Pero no fue menor la que les inspiró cuando en días de su paso por el Gobierno suspendieron las garantías constitucionales en Barcelona y pidieron á las Cortes la aprobación de aquella famosa ley de Jurisdicciones que, por cierto, dio más que decir que sentir. Así son las cosas en la política. Muchas veces gobernar es también rectificar. IMPRESIONES PARLAMENTARIAS p N EL SENADO Ayer tarde se celebró -una sesión interesante en el Senado. Se trataba de la ley de represión del terrorismo. Los liberales se habían colocado frente á ella. Había hablado el señor Aramburu- -un penalista conservador; -había hablado el Sr. Montero Ríos- -coautor de la ley de Jurisdicciones; -habia hablado también el Sr. Capdepón- -que en el Consejo de Estado vota siempre contra las libertades. -La oposición no podía ser má? cida, fuerte y congruente. Había expectación por escuchar la réplica del Presidente del Consejo. Muchos diputados se trasladaron á la Alta Cámara; se veían bellas damas en las tribunas. Cuando le llegó su tumo al Sr. Maura, dejó su bastón en el escaño y se puso en pie. Había estado toda la tarde un poco aplanado en el diván, escuchando, ú oyendo, la salmodia abrumadora del Sr. Capdepón. Ahora estaba erguido, con la mirada brillante, con las dos manos sobre el pupitre. Se hizo un profundo silencio. El señor Maura comenzaba á hablar en voz queda. Es empresa difícil reunir en pocas líneas este extenso y notabilísimo discurso. Dos puntos serán en él los más comentados; quizá no sea fácil que el lector llegue á formarse de ellos una idea exacta. El primer punto es el relativo á la publicación 1 de noticias relativas á los atentados terroristas. Se hallaba el Presidente hablando de este asunto, cuando se levantó de su asiento el Sr. Montero Ríos. ¿Por qué- -preguntó este señor- -no extiende S. S. la ley á los que dan noticias en las conversaciones ó en el mitin? -Si quiere S. S. si ese es su empeño- -replicó jovialmente el orador- -la extenderé. ¡No, no! -se apresuró á exclamar el señor Montero Ríos. -Por mí no lo haga. ¿En qué quedamos? -oreguntó riendo el Sr. MaUi Y añadió á seguida: Además en el proyecto no se habla de la imprenta para nada. Todo el mundo sabe que uno de los fines que se persigue con los atentados terroristas es sembrar la alarma, el pánico, el terror. Uno de los medios con qnte se alcanza esto, es la publicación inexacta, errónea, del hecho criminal. Yo no pretendo- -añadía el insigne orador- -imponer el silencio sobre estos hechos; sé que sobre esta base del silencio, más peligrosa á veces que la relación inexacta, levantan á ye es la fantasía y la suspicacia, imaginaciones y suposiciones comprometedoras del orden. Yo no trato Se dice solamente la publicación de noticias- de imponer el silencio. Lo que pretendo es que las noticias que se den sean las exac- tas, las fieles refiejadpras del hecho. No era posible replicar á esto. Añadía mas el orador. Vosotros- -preguntaba á los liberales- ¿no sois los que en vuestra ley de 1896 penabais con la muerte la apología de estos crímenes? ¿Cómo podéis protestar ahora de esta medida que pretende atajar la desfiguración, la amplificación, la magnificación de los hechos, que es casi tanto como hacer la apología de ellos? Y todavía decía algo más el orador. Yo recuerdo ahora- -continuaba el Sr. Maura- -que en el Congreso se solicitó del Gobierno, y lo solicitó creo que un diputado republicano, que en ciertas guías extranjeras de España, se hiciese que no se consignaran algunas indicaciones que se consignan relativas á las bombas de Barcelona. Con ello, se decía, se perjudica á la capital de Cataluña. Y ¿es que no se la perjudica, y se perjudica al resto de los españoles, con la difusión inexacta, indiscreta, de los atentados? Entró después el Sr. Maura ó. examinar la parte referente al procedimiento judicial y al gubernativo. Esta es una cuestión puramente técnica, jurídica. En la que podemos considerar tercera y última parte del discurso, el Presidente trató de la aptitud de los liberales frente al proyecto. Fue realmente interesante esta parte de la hermosa oración parlamentaria. Es raro- -decía el Presidente- -que los liberales hagan del terrorismo una cuestión política. Desde hace quince años que en Barcelona se produce por estos atentados como una dilaceración, como una desintegración social. Yo- -añadía el Sr Maura- -no soy nuevo en la vida política, pero es la primera vez que veo convertido en arma de partido este fenómeno social. Y ¿con qué derecho, con qué autoridad hacen los libérale- esta oposición? Bn 1896 se contaban S- ii. años menos de terrorismo; entonces los liberales hicieron una ley, que ahora hay mucho más motivo para rehacer. Lo que ea esta ley írrita á los liberales son dos artícilos. El Sr. Capdepón ha tenido rayos y 1 truenos para estos dos artículos. Ha afi inado en profusos párrafos que estos dos ÍVtículos son anticonstitucionales Y decía l ves y sesudos, viene ofreciendo, de poco tiempo á esta parte, debates encendidos, casi violento inás propios de gente moza. 1 El proyecto de ley de represión del anarquismo ha ciado pie estos días para una discusión animada, en la cual las oposiciones Be han mostrado más liberales que cuando tuvieron ocasión de demostrar que lo eran, dictando leyes desde el Poder. Evidentemente la oposición templa los Hervios tanto sorno los aplana el ejercicio de gobernar. Este fenómeno no es sólo propio de nuestro país. En Francia se da el mismo caso. Pocos hombres como Clemen! ce? m, como Briand, como Viviani, fueron CRÓNICA POLÍTICA El casa D ISCUSIONES VIVAS de Senado, graseñores orador: El Sr. Montero Ríos parecía dar a entender que el anticonstitucionalismo n que hablaba el Sr. Capdepón estaba biedemostrado. Pues bien- -añadía el Sr. Maxra- -estos dos artículos abominados por lor liberales son una transcripción literal, estrictamente literal, absolutamente literal de otros dos artículos de la ley de 1896, hecha por los liberales, aplicada por los liberales, precisamente cuando el partido libe ral tenía cabeza, fortaleza, organización. Y esa ley se discutió en un día, y ahora lie vamos nueve discutiendo ésta. El ilustre orador se detenía un momento y añadía dirigiéndose álos liberales. ¿Cómo habéis de poder despojaros de esa túnica? ¿Cómo habéis de desenvolveros de esa red? ¿Cómo habéis de poder discutir? La lógica era irrebatible. Cuatro frases más y el Presidente terminó su discurso. ¿Para qué elogios? Yo relato los hechos; esg. es mi tarea. Desde. la nota eníegica hasta la irónica, el gran orador recorrió todos los matices. No tuvo ni un instante de decaimiento físico desde el comienzo hasta el final. AZOR 1 N INFORMACIÓN POLÍTICA mara, permaneciendo en su domicilio, en donde le retendrán todavía durante cuatro ó cinco días las lesiones sufridas en el accidente automovilista En el Congreso. no concurrió ayer á la CáEl Sr. Dato