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TODO EL MUNDO A B CE O Todoslos periodistas fran ceses, italianos, ingleses- -no sé si los españoles también- -hicieron causa común con esos modestos revisteros del Reichstag que no quisieron tolerar la impertinencia de un diputado y se negaron á asistir á la tribuna de la Prensa mientras uo seles diese una pública satisfacción. El Sr. Gouron los llamó indecentes plumíferos no sé si en el calor de la discusión ó de la cerveza, porque el Sr. Gouron, al que durante mi permanencia en Berlín tuve tenerse de dar cuenta de las sesiones del Reichstag. ¡Qué felicidad! clamarán los minis- -tros españoles. -Si en la plaza de las Cortes sucediera esto, España sería un paraíso. Pero en Alemania no piensan los ministros del mismo modo, porque en Alemania lee todo el mundo, y precisamente por la Prensa es por donde el público se entera de la labor legislativa. Los periodistas comenzaron á dejar pasar en silencio las sesiones del Reichstag, y el pánico éntrelos políticos no tuvo límites Días- pasados había inscriptos 14 oradores en el Parlamento alemán, y enterados ele p e r o es que los periodistas españoles no saben la inmensa fuerza que la Prensa tiene, y divididos, combatiéndose siempre, enemistados los unos con los otros, no pueden estar nunca de acuerdo para nada. En Berlín, la Cancillería dispone ásu antojo de la Prensa; tiene periódicos importantísimos que son afectos á la política ministerial, hay órganos del Gobierno y órganos de la oposición, como en todas partes. Parecía natural que ahora, en presencia del tremendo conflicto, la Prensa se hubiera dividido y los periódicos ministeriales hubieran continuado publicando los extractos d. e las sesiones, mientras los de oüosición los calla- 5 EN EL MINISTERIO DE LA GOBERNACIÓN EL GOBIERNO, DIPUTADOS Y SENADORES DE LA MAYORÍA EN EL TE DE ANOCHE que sufrir alguna vez en las sesiones del Reichstag, es un intransigente rabioso y moralista furibundo, lo cual no obsta para que agarre unas trúpitas de cerveza que no tienen nada de morales. Los periodistas alemanes- -los más resignados del mundo, después de los españoles- -se las traían ya con el diputado intransigente, y en la primera ocasión que se les presentó dieron el escándalo. Porque, eso sí, el escándalo ha siao iormidable. Toda la Prensa alemana hizo causa común con ellos, y en vista de que los días pasaban y la satisfacción demandada no llegaba nunca, la Prensa unánime acordó absque la tribuna de la Prensa estaba vacía, todos ellos renunciaron á hacer uso de la palabra. Después, el mismo canciller Bülow tenía que pronunciar un discurso importantísimo, esperado impacientemente, y al saber que los periodistas continuaban alejados de la Cámara, suspendió el debate y no habló. ¡Con qué desprecio mirarán al príncipe de Bülow muchos de nuestros ministros y algún presidente del Consejol ¡Los chistes que liarán á costa de los gobernantes alemanes esos diputados españoles que abuchean en pleno Parlamento á los directores de los periódicos Fot. A B C ban. El periódico ministerial, tal como le entendemos en España, tiene que obrar de este modo: ¡Al lado del Gobierno siempre, con razón ó sin razón! Tal es su divisa. El periodismo alemán, por el contrario, coloca por encima de todo el espíritu de solidaridad y compañerismo... Y ahí habéis tenido periódicos ministeriales y periódicos de oposición, socialistas, liberales, reaccionarios, todos agrupados alrededor de esos modestos periodistas de la tribuna del Reichstag, que exigieron imperiosamente una satisfacción, y amenazaron, en caso contrario, con hacer la conjuración del silencio.