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A B C JUEVES 2 DE ABRIL DE 1908. EDICIÓN 1. PAG. 4. de trabajo, el sombrero de prueba, los elogios... ¿Y el sombrero? -preguntó el periodista. ¿Me puede usted enseñar el sombrero? jOn! Esto era imposible... El sombrero había sido vendido dos horas después á una elegantísima dama parisina que lo encontró muy original, de muy buen gusto, muy chic... ¿En cuánto? En una bicoca... Allí estaban las cuentas... ¡En 200 francos! Y el modisto decía todo esto como la cosa más natural del mundo... Porque es muy natural, no me lo negaréis, que un sombrero que no ha costado nada, que ha sido confeccionado como ensayo poruña aprendiza, la cual no ha cobrado un céntimo por su trabajOj le proporciona al modisto 200 francos de utilidad... Y al saber que la obrerita se había querido suicidar, el modisto sonreía diciendo: ¡Bah! Por tan poca cosa... Es verdad. ¡Por tan poca cosa... Pero si es que resulta que los que se suicidan lo hacen siempre por eso, por muy poca cosa... Ahí tenemos á Mr. Rochette que le ha robado 200 millones al prójimo y no ha pensado ni por un momento en suicidarse... Al contrario... Ahora sonríe niefistofélico y anuncia que ó le sueltan en seguida ó la mitad de los políticos y los periodistas de Francia, de España y de Bélgica van á bailar en, la cuerda floja al son que á él le toquen los Tribunales... ¿Será verdad? ¿Será un infundio? No lo sé, pero á mí, ¡que me registren! No; Mr. Rochette no piensa en suicidarse, ni este otro señor senador que acaba de ser expulsado de un Círculo aristocrático, tampoco se suicida... Bien es verdad que el motivo no era tan vergonzoso como el que impulsaba á la obrerita de que antes lie hablado, á quitarse la vida... Este señor senador, personaje notable y bien visto, se olvidó de satisfacer una deuda de juego... Nada... Una pequenez... 53.000 francos que en el calor de la improvisación perdió, bajo palabra... El hombre se hizo el sordo cuando se los reclamaron, y ahora le expulsan del Círculo... Todo el mundo decía que se iba á pegar un tiro, pero, sí, sí... ¡En eso está pensando! Ni se le pega, ni se ie pegará... Antes, por el contrario, trata de justificarse sacando precedentes, y, gracias á él, nos hemos podido enterar de que hace tres ó cuatro años otro político, diputado y general, padeció un olvido semejante, y no satisfizo 10.000 francos, perdidos también bajo palabra... El acreedor le persiguió judicialmente, el deudor invocó ante los Tribunales la excepción que las leyes conceden á las pérdidas en el juego, y el resultado fue que el general perdió un poco de consideración, pero ganó el proceso... Y relacionando estos sucesos, pensamos en Rochette, en el senador de los 53.000 francos, en el político- general y en la infeliz obrerita, y nos preguntamos: ¡Señor! ¿Quiénes serán los mejores? JOSÉ JUAN C A D E N A S París, Marzo. LA INFANTA PAZ e 3 ebra hoy sus bodas de plata, y las cele bra de una manera en todo digna de su bondadísimo corazón; acordándose de los enfermos que no tienen fortuna para atender al restablecimiento de su salud, aparta de sí cuantos suntuosos regalos le hubieran hecho, escoge otro mejor, cien veces preferible pira los que, como ella, saben sentir, saben amará sus semejantes, y convierte todos esos regalos en donativos, suplicando á cuantos pensasen demostrarle su adhesión y respeto con algún obsequio, que den dhieio p ira levantar un Sanatorio con destino á los enfermos pobres de Munich. í, i idea no puede ser más hermosa; el pensamiento no puede resultar más simpático; será una nueva generosidad agregada á tantas como dispensó la augusta señora, á la cual no endurecieron sus sentimientos nobles y compasivos la vida de lujo de los palacios; antes bien, recordando que si Dios estableció rangos y creó clases, las unas más elevadas que las otras, fue, no para que sirva de escándalo al impío que lo tacha de injusto y le maldice, sino para que la caridad del rico supla la miseria del pobre, para que el agradecimiento del pobre purifique la riqueza de los grandes de este mundo... Se afana de derramar á manos llenas los tesoros de su inagotable compasión y en remediar los males del cuerpo con sus socorros, haciendo brotar una sonrisa en los labios contraído por el dolor, con su palabra animosa, impregnada de misericordia para todo el que sufre, para todo el que llora... Difícilmente se encontrará una persona más verdaderamente buena y sencilla que la infanta Paz; cuantos h a n t e n i d o la suerte de conocerla y hablarla podrán decir si esto es ó no cierto. I a primera vez que la conocí, se celebraba una fiesta en el Colegio del Sagrado Corazón de esta corte... I as colegialas representaron en su honor algunas piececillas; recuerdo que una de ellas era un cuadro en que vimos y oímos hablar á Isabel la Católica, encarnada por aquella vez en una actriz adolescente. Bien escogido estuvo el tema, porque la infanta Paz, á semejanza de la gran reina de Castilla, es amiga de proteger las artes y las letras, que cultiva con ¿xtraordinaria afición y eon brillante resultado; es entusiasta de favorecer á la mujer y hacer que en España se eleve rápidamente muy por cima de su nivel actual, por medio de estudios serios y razonables; nada de exageraciones ni de feminismos ridículos; pero sí el que la mujer española pueda alcanzarle! mismo grado de cultura que ha alcanzado el hombre, cultura intelectual se entiende, que la otra cultura, la natural, suele verse con más frecuencia en la mujer que en el homtíre. Antes de terminar la función de las niñas, y cual si se tratase del homenaje más afectuoso y que más le había de gustar de cuantos se le ofrecieron aquella tarde, adelantóse una colegiala y leyó una sentida poesía, en que se hacía alusión al sueño dó rado de la infanta Paz: la verminación de las obras de la Basílica dedicada á santa Teresa en Alba de Tormes... El rostro de la Infanta reflejaba perfectamente durante la lectura de la poesía las sensaciones de su alma... Se la veía gozar como si realmente asistiese á la inauguración de ese monumento, en que va concentrado todo su amor y devoción á la mística doctora de nuestra patria... Más tarde, cuando tuve el honor de serle presentada, me dijo repetidas veces: Hay que trabajar mucho para que se concluya la Basílica... ¡qué hermosa sería la realidad del verso que acabamos de escuchar... Y trabajar, yaya si trabaja, ella más que todas, sin cejar un punto en su empeño de ofrecer á la Santa un pedestal magnífico, tan magnífico como lo fue su talento y su amor á nuestro Señor. I a infanta Paz es, además de muy devota de santa Teresa, muy española, española hasta la medula de los huesos, cual vulgarmente suele decirse... Recuerdo perfectamente que el mismo día del matrimonio de S. M. el Rey, en la tarde de aquel tristísimo 31 de Mayo, que empezó alegremente, bajo un cielo sin nubes y alumbrado por los rayos de un sol clarísimo, y terminó entre sollozos y nublado el cielo de nuestra ciudad con el luto y la desolación por las víctimas causadas en la horrorosa tragedia de la calle Mayor, pude ver unos instantes á Su Alteza... Estaba sumamente agitada y conmovida, pero como si para ella tuviese más valor el salvar la honra de España, empañada por la mano criminal de uno de sus hijos, que el peligro corrido p ¡or los suyos, por ella misma, una de las primeras cosas que me dijo fue: Dicen que no es español el que ha tirado la bomba; aseguran que es un inglés... daría cualquier cosa porque no fuese español... Yo les he dicho que no puede serlo, no creo capaz á ninguno de los de esta tierra de tal cobardía y maldad. Desgraciadamente para nosotros, español fue, y de seguro que para el alma de la augusta señora sería un motivo más de horror en la memoria que haya conservado de aquella lúgubre fecha. En Munich recibe, con sencillez que les encanta, á cuantos españoles allí residen ó están de paso, y se complace, como ella misma dice en sus páginas De mi vida, que publica la Basílica Teresiana, y ha reproducido á veces A B C, en reunidos á todos y hacer quejen su palacio de Nynphemburg encuentren un rincón de la Patria ausente, de esa patria á la cual no olvida la Infanta jamás, sino que la quiere y la recuerda cor añoranzas llenas de amor... Cuando ocurrió la crisis obrera de Béjar á la Infanta acudieron en demanda de socorro, y la Infanta hizo cuanto pudo por sacarles adelante, y hubiera hecho mucho más de no haber tropezado con no poca indiferencia por parte de las señoras de España, quemo se encontraron con bastante ánimo para ayudarla n su geneíosa empresa. Buena esposa, buena madre, buena con los que la rodean, buena con los pobres, no creo que en España ni en Bavíera tenga un solo enemigo la que hace honor á su nombre, llevando la paz á los corazones, viviendo en paz con su conciencia, en paz con sus semejantes, poseedora de esa paz prometida á los de buena voluntad. SatisfeciuTen medio de los suyos, rodeada de la veneración jr cariño de cuantos le deben algo- -que serán muchísimos, -recibiénd o l e los españoles que la conocen y la quieren, el testimonio de su respetuosa adhejión, celebrará sus bodas de relata consagradas por una nobilísima acción. Dios la colme de felicidades y haga que en sus bodas de oro la acompañen cuantos hoy la acompañan en este primer y poetice aniversario, y entre las numerosas felicitaciones que reciba, sea ésta, aunque la más modesta, una de las que mayor sinceridad simpatía y gratitud llevan consigo, de entre las numerosas que han de llegarle á su palacio de Munich. MARÍA DE ECHARRl El Rey, después de despachar ayer CUÜ los ministros de Guerra y Marina, recibió en audiencia una numerosa comisión de Albacete, acompañada por el diputado señor Martínez? Acacio y el senador Sr. Garbi, que hicieron entrega á S. M. del título de hermano mayor de la Cofradía de la Virgen de los leíanos que en aquella capital se venera. Mientras el gran duque Boris visitó de tenidamente la Seal Armería y después, reunido con la Real familia en las galerías altas de Palacio, se obtuvieron diversas fotografías. Por la noche, el Rey y el Príncipe ruso fueron al Hipódromo á jugar al polo y las Reinas pasearon juntas en carruaje. I,o s oficiales del regimiento ruso de 01 viopol (hoy Huíanos de Alfonso XIII) estuvieron en el Museo de Artillería. A las ocho marchójen el sudexpreso á París, con su séquito, el gran duque Boris, á quien ocupaciones ineludibles flan impedido, como era su deseo, permanecer algunos días más en Madrid. Bajaron á despedirle á la estación el Rey, con uniforme de coronel ruso; el infante don Carlos, el ministro de Estado, en nombre del Gobierno; el capitán general Sr. Villar, el gobernador militar general Bascaran, y el civil, marqués del Vadíllo: el maraués de DE PALACIO