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NOTICIAS E INFORMACIONES TODO EL MUNDO POR CABLE, TELÉGRAFO Y TELEFONO cumplimentó, hizo grandes elogios de sus disposiciones, de su aptitud, de su buen gusto, de la maravilla de sus manos ágiles, pero... Pero no la recibió en el taller ni la facilitó más trabajo, excusándose con la abundancia de personal y la carencia de obra. La obrerita soñaba con entrar en la casa donde- podría ganar honradamente su vida, y la decepción que sufrió fue dolorosísima. Indudablemente si no la recibían era porque no lo había hecho bien y el sombrero de prueba no estaba confeccionado á gusto del patrón... La muchacha pensaba lógicamente que si los elogios dp modisto fueran tes del Sena, serán los lugares favorecidos por los infelices cansados de la vida que 1 OS QUE NO SE En una obra del reper- anhelan poner fin á sus sufrimientos. 7 ÍTr 7 ñTZ! torio melodramático y Bu Madrid el suicida clásico va á dejarse 2 Hlü 2 i folletinesco, muere el los sesos en las piedras de la calle de Segotraidor aplastado por una plancha de acero via, mientras en París se limita á dar un que le cae encima. En el drama de Suder- salto niásblando, pero igualmente definitimann Piedra entre piedras, el traidor muere vo; el salto desde cualquiera de los puentes también de un modo análogo. Y en ambas al Sena. Esta forma de suicidio fue la elegida ayer obras la crítica encontró el mismo defecto: por una obrerita, interesante y lindísima, ese sistema de morir inverosímil. Una pobre portera parisiense lia querido que aún no ha cumplido los veinte años. demostrar á los críticos que se puede morir Sin embargo, los auxilios de unos cuantos asi muy verosímilmente y estando ba- marineros valientes llegaron á tiempo para rriendo el otro día el portal de la casa, se arrancar su presa al río, y la pobrecita obre- J 3 A. RCELONA. EL PROCESO DEL TERRORISMO ASPECTO DE LA SALA DE LA AUDIENCIA. DELANTE DE LA MESA DEL TRIBUNAL, LOS BANQUILLOS DE LOS ACUSADOS. EN EL PRIMERO OCUPA 1 UAN RULL EL SíTIO CENTRAL olvidó de que el ascensor descendía y se dejó coger por el cajón eléctrico, que la aplastó completamente... Los suicidas tienen, pues, una. nueva forma de acabar con la vida, y no faltará curioso que quiera convencerse de un modo práctico de que, en efecto, tres minutos debajo de un ascensor bastan para dar fin á todas las desesperaciones y á los mayores tormentos, porque cuando se descubre un procedimiento nuevo de suicidio, está probado que hace prosélitos. Sin embargo, las modas pasan y los desesperados se atienen siempre á los viejos procedimientos. t, l revólver y el veneno tendrán siempre más numerosos partidarios, y en Madrid el Viaducto, y en París los puenra volvió de nuevo ala vida, de la que ya se habííi despedido para siempre. Entonces retinó las causas de su desesperación, los motivos que la habían impulsado al suicidio, que no creáis que son amores contrariados, ni padecimientos crónicos... Es sencillamente que la obrerita fue á pedir trabajo á casa de un célebre modisto de sombreros- -ya los hombres han invadido también esta profesión, como antes se apoderaron de la confección de vestidos, -y el modisto para que la solicitante probara sus conocimientos, la confirió el arreglo de un sombrero como ensayo. La obrerita hizo el trabajo lo mejor que pudo y supo, y gratis, naturalmente, porque aquello era una prueba; el modisto la sinceros la habría recibido en su casa, aunque fuera dándola un jornal escaso... Ella estaba dispuesta á aceptar lo que la dieran... Ahora bien, si no la tomaban era porque n- o lo hacía bien... Y desesperada se fue al Sena y se arrojó de cabeza al río, cosa para la cual hay que tener un valor á toda prueba, porque ¡caracoles, si debe estar fría el agua en esté tiempo... Estas explicaciones las dio la joven suicida después que los cuidados que la fueron prodigados la arrancaron á la muerte, y un periodista curioso se apresuró á visitar al modisto en cuestión para averiguar si era cierto lo que la obrerita decía. En efecto... Todo era cierto: la demanda