Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ADRID, LUNES 3o DE MARZO DE 1908. NÚ MERO S U E L T O 5 CÉNTIMOS S S H H MMai 1 B iSím f, fy CRÓNICA UNIVER SAL ¡LUSTRADA AÑO IV. N U M 1.029 t m i k 0 f r r r r ar r f 2. É P O C A DESDE 1. DE ABRIL PUBLICARA A B C 16 ó 20 P A G I N A S D I A R I A S EN PAPEL SATINADO FOTOGRABADOS D E A C T U A L I D A D COMPtBTO SERVICIO TELEGRÁFICO. POLÍTICA INDEPENDIENTE. ARTÍCULOS. POESÍAS. CARICATURAS. SPORTS. TEATROS. MODAS. CONCURSOS CON IMPORTANTES PREMIOS Para poder ofrecer á sus íectotes en perfectos grabados cuantos sucesos ocurran en el mundo, A B C reduce su tamaño, y para aumentar notablemente su lectura publicará 16 ó 20 páginas diarias. PREGIO EN T O D A ESPAÑA CÉNTIMOS 5 CÉNTIMOS N- k i t LA JURA DE LA BANDERA EN M A D R l D p i e s t a hermosa, patriótica, brillante fué la cef lebrada ayer en Madrid con motivo de jurar la bandera los nuevos reclutas, ceremonia que desde algunos años se viene verificando on creciente y plausible solemnidad, que real; aba ayer la presencia de un ilustre príncipe íxtranjero en compañía de la Iteal familia. Desde las primeras horas de la mañana el desfile de las tropas con sus músicas por las calles despertó el entusiasmo del gran pueblo madrileño, tan amante de revistas y paradas, y á las diez de la mañana la concurrencia era grande por los paseos de Recoletos y la Castellana. I3 n el público, compuesto de elementos de todas las clases soeiales, había muchas y hermosas mujeres. Un cielo espléndido, despejado, una temperatura tibia y un ambiente tranquilo prestaban al esjjeciácaiü sus más agradables encantos, I as tribunas. Frente al altar, situado en la glorieta del Bíarqiics del Duero, se había construido una tribuna y otra en el paseo de la Castellana, esquina á la calle de Fernando el Santo. Ambas estaban adornadas con tapices y flores y se destinaban á la familia Real. Frente á la tribuna de la calle de Fernando el Santo se construyó un vallado, dentro del cual habían de colocarse las músicas durante el desfile. I legada del Rey, Pocos minutos antes de las diez llegaba el Rey á la plaza del Obelisco. Venía D. Alfonso de capitán general de Infantería, con el Toisón y la banda de la Orden rusa de San Andrés, y montaba su caballo favorito Ali. Al lado del Rey cabalgaba el gran duque Boris, con su uniforme azul, de peto rojo, y alto kalpak negro. lyucía la banda del collar de Carlos III, que ayer le fué concedida. En la cabalgata del cuartel Real figuraban, además de los elementos palatinos de costumbre, el ministro de la G- uerra, el capitán general Sr. Ivópez Domínguez, los agregados militares extranjeros, con sus vistosos y variados tiuiformes, y la comisión del tercer regimiento ruso de Huíanos de Alfonso XIII, que antes se llamó de Olviopol. Cerraba la comitiva la Escolta Real, en traje de gala. Pví público saludaba al R e y con rau afecto. a familia Real. En cuatro laudos á la UAumont de media g la, entre los aplausos de la multitud, llegaron SS. MM. las Reinas doña Victoria y doña María Cristina y S. A. la infanta I uisa, á quienes acompañaban las daquesas de San Carlos y- de la Conquista, marquesas de Nájera y de Águila Real, el duque de Santo Mauro y el m -jués de Santa Cruz. Cerraba la comitiva una sección de la Escolta. El Gobierno, al frente del cual se hallaba el Sr. Maura, de uniforme, las autoridades y alEN BAiCELON- A gunas otras personas, cumplimentaron a l a s DOMINGO, 2 9 6 T. augustas damas, quienes tomaron asiento en 1 a ceremonia de la jura de la bandera por los los sillones colocados al efecto. nuevos reclutas se ha efectuado con granEl Rey se colocó, á caballo, al lado de la tri- dísima, animación. Barcelona, pues, ha demosbuna; sonó un toque de atención y comenzó trado, una vez más, que no vive bajo la presión del pánico continuo, y que las expansiones del a misa. Ofició en la ceremonia religiosa el tenien- Sentir general respecto á los atentados, deste vicario del primer Cuerpo de Ejército, don contando el sentimiento natural de los primeJosé Molina A. lderete, asistido por dos capella- ros momentos, responden más bien á una profunda, aguda y creciente indignación. nes castrenses. Había en el paseo de Gracia gentío inmenso El altar, situado enfrente de la tribuna de SS. MM. se hallaba colocado en un templete, y los balcones estaban llenos, abundando en y bajo dosel el altar del Cuerpo de Ingenieros, ellos, como en la calle el sexo bello. El adorno del estrado y altar, hecho con troadornado con trofeos militares. Sobre el Tabernáculo, que es de roble talla- feos, era muy vistoso. El tiempo, de verdad hermoso, confirmando do, se veía una imagen de talla de San Ferde una vez el ingreso en la primavera, contrinando, Patrón de España. El momento de alzar resultó solemnísimo, buía á la animación y al esplendor del acto. En la calle de Mallorca se levantaban las ¿mocionante. dos tribunas especiales: la uua destinada al Todas las bandas tocaron á la vez la Marcha Cuerpo consular, y la otra, al Ayuntamiento y Real, los soldados rindieron armas, el Príncipe Diputación. ruso inclinóla cabeza... L 1 a jura. Terminada la misa, se verificó la ceremonia de la jura. El general gobernador, Sr. Bascaran, colocado á la derecha de la bandera del regimiento del Rey, y el obispo de Sión á la izquierda, fué haciendo las preguntas de Ordenanza por brigadas, siendo contestado con entusiasmo por los pelotones de reclutas. Estos pasaron luego uno á u n o besando la cruz formada por la bandera de su Cuerpo y el sable del comandante mayor, y por debajo de esta misma cruz, y concluyó la jura, que se hizo rápidamente, á pesar del crecido número de reclutas. n el desfile. Inmediatamente que terminaron de jurar los reclutas, la Corte se trasladó á la tribuna de la calle de Fernando el Santo, para presenciar el desfile de las tropas. El Rey se había adelantado, siempre á caballo, para recibirlas. Él público se agolpó entonces frente á la tribuna, contemplando á su sabor á las augustas damas. I a Reina vestía traje azul claro con encajes y sombrero negro; la Reina madre, de terciopelo negro y toca negra con plumas blancas, y con abrigos claros y sombreros negro y marrón, respectivamente, la infanta doña Isabel y la princesa lyuisa de Orleans. A las once en punto, S. M. el Rey, acompañado del jefe de su Casa militar, general conde del r írrallo, y del gobernador militar, general Bascfc. an, se dirigió frente á la estatua del marqués del Duero, donde estaban formados los alumnos d é l a Academia de Infantería. Púsose al frente de éstos, y empezó el desfile. Mandaba la línea el general Huertas. S. A. el infante D. Alfonso de Orleans marchaba en la sección de escolta de bandera de la Academia. Esta se hallaba dividida en dos batallones mifly nutridos, desfilando en secciones de á 17 filas. I a marcialidad y orden de formación han sido muy elogiados por el público. lylegados que fueron los alumnos al emplazamiento de la tribuna regia, S. M. el Rey se destacó de la fila, colocándose á la izquierda de la tribuna. Continuó el desfile por la primera división, mandada por el general Orozco. I a primera brigada de esta división (regimientos del Rey y León) iba mandada por el general Aguilera, lleYando pfe. cto el grupo de ametrahadoras o rréspondíente. lya segunda brigada, al mando del general Sanmartín, la constituyen los regimientos de Saboya y Wad- Ras. Al rebasar la línea de las músicas la primera brigada, aquéllas se colocaron á retaguardia, marchando á la sordina, y siendo relevadas por las músicas délos dos regimientos de la brigada siguiente, haciendo luego éstas el mismo movimiento. En idéntica forma desfilaron todas las demás tropas de á pie, que eran la brigada Asturias- Covadonga, mandada por el general Manso, y la brigada de Cazadores, compuesta por los batallones de Madrid, Barbastro, Llerena, Arapiles, Las Navas y Figueras, á las órdenes del general Pintos. jTodas las fuerzas, incluso la Caballería y la Artillería, desfilaron al paso, incorporándose por secciones á retaguardia los nuevos reclutas de cada uno de aquéllos, á excepción de los pertenecientes á Cuerpos montados, qae defilaron á pie detrás de la Infantería. Las tropas de Ingenieros, brigada Topográfica y reclutas de Administración militar y Sanidad militar desfilaron á continuación. También lo hizo la compañía de Milicianos nacionales. Luego desfiló la Guardia civil del 14.0 tercio, llevando á la cabeza las bandas y música del Colegio de Valdemoro. Los príncipes D. Reniero y D. Felipe de Borbón desfilaroii al frente de los pelotones de quintos que est n instruyendo en el regimiento de Húsares de la Princesa. Al pasar las unidades por delante de la Real familia, los oficiales daban un ¡viva el Rey! que era contestado con entusiasmo por los soldados. A la una y media terminó el desfile que resultó muy brillante y ordenado. Seguidamente la familia Real emprendió el regreso á Palacio, recibiendo en todo el trayecto grandes demostraciones de cariño. Al pasar por delante del Casino de la Peña, entre otros sitios, fueron aclamados Sus Majestades. E En ésta se hallaban el alcalde, Sr. Sanllehy, con 10 concejales lerrouxistas y cuatro catalanistas; el presidente de la Diputación provincial, Sr. Prat de la Riva, y ocho diputados; el presidente, el fiscal 3; varios magistrados de la Audiencia, representantes de los Círculos monárquicos, de la Cámara de Comercio, del Ateneo, del Fomento, diputados y senadores, etcétera, etc. Numerosos grupos de estuaiantes con banderas se estacionaron al pie de las citadas tribunas. El desfile resuitó brillantísimo. El capitán general se situó en el centro del paseo de Gracia. Ál Estado Mayor habíase agregado el comandante de Marina. El público ovacionó diferentes veces al Sr. Linares. Con las fuerzas del Ejército desfilaron los veteranos de la, Libertad, las secciones de la Cruz Roja y los Carabineros. El paso de las secciones de ametralladoras resultó muy interesante. La Artillería montada, que desfiló al trote, asi como la Caballería, que lo efectuó en brillante galope, arrancaron salvas de aplausos. Accidentes personales no hubo que lamentar más que dos; cayeron un artillero y un soldado de Caballería, produciéndose lesiones que, según noticias, tío son de gravedad. Por cierto que al caer el segundo, su caballo siguió en línea y en su puesto con el escuadrón. Resultó muy bonito el desfile de la Guardia civil de caballería. Al pasar las banderas se oyeron cotinuamente ¡vivas! y aplausos. Terminado el acto, el capitán general, con su lucido áeorñpañaniiento, partió al trote, siendo nuevamente objeto de una gran ovación, qué se prolongó todo el trayecto, hasta su entrada en la Capitanía. Segrin cálculos coincidentes, á la fiesta militar han asistido unas 80.000 almas. El príncipe Kuni, desde uno de los balcones del hotel Colón, presenció la fiesta, sacando numerosas fotografías. Ha manifestado su entusiasmo por la marcialidad de nuestros soldados. Marchó después al TibidabOj donde ha pasado gran parte de la tarde. Oecibimos también telegramas de nuestros corresponsales en Granada, Alicante, Málaga, Segovia, Cartagena, Sevilla, Córdoba, Cádiz, Melilla, Ceuta y otras muchas poblaciones donde se verificó solemne la jura de la bandera, sin ocurrir incidente alguno digno de mención. para costear su estancia en la corte hasta que encontrara el deseado trabajo. Vino él á Madrid, se hospedó en casa de unos parientes suyos y buscó sin descanso en qué ocuparse; pero la suerte le fué adversa y llegó á tan apurada situación que para poder subsistir tuvo que aceptar una plaza de jornalero. El exceso de trabajo y la insuficiente alimentación le produjeron una enfermedad aue hizq necesario su El agresor y suicida, Julián Muñoz. ingreso en el hospital Provincial. De sus desdichas enteraba Julián á Maximina en las cartas que la escribía con toda la frecuencia que le era posible, y algo debió de influir la desventura del muchacho en el ánimo de su pretendida, toda vez que ésta le escribió rompiendo las relaciones, cuando él se encontraba er) el Hospital. Logró curarse el desdeñado novio y encontrar empleo en una mina de Bilbao, pero rio le duró mucho tiempo esto último, puesto que disminuyendo los rendimientos de la explotaí lóii, e dti- t 2 f dt la rain. s ¿v- ó- c is de despedir á algunos obreros, entre los cuales figuraba Julián. No desmayó éste por tantos reveses, y vol- vio á Madrid. Durante su ausencia, la familia, de Maximina había también venido á menos, y ella, su hermana Gabriela y dos hermanos más emprendieron el viaje á la corte, entrando las dos primeras á servir en la casa números 7 y 9 de la calle del Conde de Romanónos, habitación de los señores de Quirós, cuya estimación merecieron fácilmente por su honradez y su laboriosidad. Julián se enteró de lo ocurrido á Maximina, y averiguó el paradero de ésta, logrando verla, y hablarla. La propuso que reanudaran sus re- laciones amorosas, y ella se negó, manifestándole que sus pasados amoríos habían sido cosa de chicos y que no había que pensar más en ello. Nada pudieron las súplicas del enamora- do, cuya actitud cambió, trocándose en amenazas de muerte sus amorosas soMcitudes. 1 E crimen. Ayer mañana salió Maximina de casa LA TRAGEDFA DE AYER p l suceso. Fué en la plaza del Progreso. En las primeras horas de la mañana un hombre apuñaló á una mujer, hiriéndola mortalmente, y luego se suicidó á pocos pasos de donde había caído ella ensangrentada. A ntecedentes. Vivían hace años en el pueblo de Villaluenga de la Sagra, provincia de Toledo, dos familias regularmente acomodadas; á una de ellas pertenecía Maximina Hernández Serra- L de sus amos para comprar chocolate en una tienda establecida en la calle del Duque de Alba. Cuando pasaba por üi plaza del Progreso, vio á Julián apoyado en la verja, y deseosa de evitar otra entrevista como la que pocos días antes habían tenido, marchóse por la calle de la Colegiata creyendo que él no la había visto. Por desgracia suya, se equivocaba. Al salir del molino de chocolate, v i ó á Julián que la esperaba a l a puerta, y convencida de que no podía esquivar el encuentro, se dirigió á él con ánimo de saludarle y seguir su camino. Julián quiso aprovechar la ocasión, y siguió con ella, insistiendo en sus pretensiones y oyendo una nueva negativa. Exasperado entonces, sacó un cuchillo y dio con él varios golpes á Maximina, diciéndola: Ya que no quieres ser mía, no vas á ser de nadie. Ella trató de huir, aterrorizada, y volvió á la tienda; pero apenas había entrado cayó al suelo desplomada y arrojando abundante sangre por varias heridas. Mientras acudían en su auxilio el dependiente del establecimiento, Toribio Casero y el guardia civil José Rodríguez, que la trasladaron á La víctima, Maximina Hernández. la Casa de Socorro del distrito de la Inclusa, no, y á la otra, Julián Muñoz Galiano, protago- Julián pasó á los solares de la acera de enfrente y, arrodillándose, se disparó dos tiros en la nista del tremendo suceso de ayer. Julián y Maximina se habían tratado desde cabeza, quedando muerto instantáneamente. niños con el mayor afecto. Al transcurrir los años, este afecto se convirtió en amor, y resuel- ü n la Casa de Socorro. tos á unirse en matrimonio, convinieron en en- Los médicos de la Casa de Socorro, señoterar á sus respectivas familias de sus rela- res Dupuy, Antón y Romeo, curaron de primera intención á la desgraciada Maximina, que ciones. Los padres de Julián habían sufrido grandes tenía una herida inciso- penetrante en la región pérdidas en su hacienda, y la situación de la mamaria izquierda; otra igual en el lado derefamilia, desahogada antes, se hizo precaria. No cho; otra en la región supra- escapular izquierpor esto abandonaron sus propósitos los ena- da, y dos en el brazo y antebrazo derechos, ésmorados, antes, por lo contrario, convinieron tas últimas leves. en que él lo comunicara á los padres de ella, y C Juzgado. así se hizo, quedando aceptado el noviazgo. Estaba de guardia ayer el Juzg- ado de Pa Julián deseaba constituirse un eapitalito in- lacio, constituido por el juez, Sr. Amientercs, dependiente antes de casarse y, de acuerdo el escribano Sr. Infante, los oficiales señores con el padre de su novia, decidió venir á Ma- Sánchez y Moraleda y el alguacil Martínez, drid en busca d e colocación. Vendiendo alguna, que apenas avisados del suceso, se personafinca y reuniendo ahorros, la familia de Julián ron en la mencionada Casa de Socorro para le facilitó los fondos necesarios para el viaje y tomar declaración á la herida. Maximina refi-