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NUMERO 1.028 A B C. DOMINGO 29 C MARZO DE 1908. OCHO PAGINAS. EDICIÓN PAGINA 3 t i t í PS ffA TUL jíSa arís. La cabalgata de la Mi- Caréme. El carro de la reina de las reinas. ÜE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL FOT. BRANGER AS CALABAZAS En menos de una ClemenDE MR. COMBES semanavisto cenceau ha surar su conducta y aprobarla después los mismos que la censuraron... Una votación estuvo á punto de hacerle caer, y otra votación le ha afirmado en el Poder, y si no había motivos serios para la primera, tampoco los hubo que justificaran la segunda. Como ha confesado el mismo Clemenceau, que ha sido el primer sorprendido por estos encontrados movimientos de la mayoríaparlainentaria, Francia vive en plena incoherencia política, los partidos ó agrupaciones no tienen programa definido, y á pesar de los motes que cada grupo se pone, todos ellos son apreciables oportunistas... Oportunista en política se llama á todo el que aprovecha la oportunidad de medrar... Medio caído estaba ya el Gabinete Clemenceau, contra el cual la mayoría no tiene más agravio que el de ver que es un Gobierno, qué dura mucho tiempo; pero bastó que de nuevo apareciera en escena el Pére Combes reclamando la sucesión, para; que los diputados todos se unieran otra vez, decididos á apoyar á los actuales gobernantes. No se resigna el Pére Combes á vivir olvidado, y continúa teniendo todavía aspiraciones á la presidencia de la República; pero la- Cámara no quiere volver á soportar la tiranía de Jaurés, y si Combes ocupara la presidencia del Consejo, sería para hacer todo lo que al jefe socialista le viniera en gana. El anuncio solo de que Combes, oliendo la. s consecuencias de la primera votación, entraba en campaña dispuesto á heredar á Clemenceau, volvió á unir los grupos- desprendidos del bloque que aprovecharon la. primera oportunidad que se les presentó para votar con el Gobierno. De esta eonducta resultó beneficiado el Gobierno, es verdad; pero Clemenceau, que es hombre franco, no pudo menos de confesar que no comprendía el flujo y reflujo de la Cámara, y, desorientado, calificó de incoherente la política déla mayoría... A B C EN PARÍS no tiene más amigos que los socialistas, y éstos no le ayudarán á subir, ¡ingratos! Ya no se acuerdan de los beneficios que recibieran del Pére Combes mientras éste era presidente del Consejo... Entonces las mercedes todas eran para los socialistas; los cargos mejor retribuidos, los puestos más ele; vados, las más saneadas canonjías los socialistas las conseguían, mientras los restantes grupos parlamentarios veíanse á todas horas desdeñados. El verdadero Presidente no era Combes, sino Jaurés que imponía su autoridad tiránica gobernando de hecho, muy contento de imitar á Gambetta, con el que gusta de verse comparado. Nadie se explica cómo Combes desea volver á ser presidente del Consejo, después de los disgustos que tuvo que sufrir mientras desempeñó este cargo. as quejas de los republicanos de todos los matices eran entonces constantes, puesto que constantemente veíanse postergados y no podían ni siquiera presentar un proyecto de ley en la Cámara, porque sólo se discutían los proyectos que Jaurés quería. Mucho debió padecer Combes en aquel Jempo al ver que á cada momento tropezaba con una dificultad ó surgía imponente un problema ineludible, unas veces de carácter político, como la actitud airada de Millerand calumniado; otras veces de índole privada, como la intervención de su hijo, Edgas Combes, en el negocio de la Chartreusse. ¡Y todavía quiere este hombre volver, á la política, y como los cuervos, vuela alrededor del banco ministerial oliendo la carne muerta... Pero señor, ¿qué tendrán las presidencias del Consejo para que estos pobres ancianitos peleen tanto por conquistarlas? de á CleCombes quisoydar el golpeque graciaesperamenceau, contra lo él se ba, le hizo un favor, pues, sin su intervención, es casi seguro que con las fiestas de la Mi- Carente hubiera coincidido un cambio de ministros en los Consejos de Mr. Fallieres, Ahora, robustecido de nuevo el Gobierno, no sólo ha presenciado la Mi- Caréme, sino que, probablemente, vivirá todo el, año sin que nadie imite á Combés por temor de que otra vez las cañas sé vuelvan lanzas... La mayoría, satisfecha por haber alejado el peligro que con la inopinada aparición del antiguo presidente veía en perspectiva, se ha dedicado á disfrutar 1 plácidamente de las breves horas de sol que el cielo se ha dignado concedemos para que pudiéramos cumplimentar á la reina de un día, á la gentil verdulerita, que ha recorrido París seguida de su brillante cortejo. Ella era lo único que valía la pena de ser visto en esta procesión abigarrada que no tiene el menor encanto, ni distrae, ni alegra... Pero la reinecita, sí, resultaba interesante con su sonrisa picaresca, sus, ojos charlatanes y sus gestos de gamine... Y, está contentísima porque va á ir á España en reina también -y este pequeño viaje al extranjero la dará una gran importancia á lorf ojos desús parroquianas, las criadas y cocineras que la compran todas las mañanas Ir- mercancía que expende... Cuando regrese y, despojándose de! sus galas augustas, se coloque de nuevo al frente de su puesto de coles, la gentil verdulerita verá aumentarse su parroquia en un 50 por 100, porque una verdulera qué ha sido reina, forzosamente tiene que despachar las coliflores con esplendidez y pesar las calabazas con generosidad... El que no ira á comprar calabazas á la ex reina es Mr. Combes ¡Ya tiene! París, Man JOSÉ JUAN CADENAS. í ¿4. J í i pobre Combes! Cuando se le creía retirado de la lucha política, ármase de nuevo y h e presenta en la arena decidido á que le hagan presidente del Consejo, olvidándose de Ib pasado y como si las gentes no recordaran ya las intrigas y, habilidades en que tan fecundo fue el período de su mando. No... Su atrevimiento ahora ha sido bien castigado, y forzoso le será reconocer que Madrid: El gran duque Borís, de Rusia acompañado por el infante tiene que ir abandonando toda esperanza de D Carlos (2) al salir ayer tarde de Ja estación del Norte, T. A C vplver á conquistar el Poder. En la Cámara